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Escuelas en Paz: Bahía también le pone un freno al bullying y grooming

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El municipio presentó el programa Escuela en Paz, una iniciativa que tiene como principal objetivo el abordaje y prevención de violencia en entornos digitales, como bullying, ciberbullying y grooming, además de promocionar la buena convivencia y vínculos respetuosos y de mediación escolar.

La iniciativa es articulada con la ONG Ser y Hacer, y la Jefatura Distrital de Educación, y cuenta con la valiosa participación de Mónica Cid, madre de Micaela Ortega. A través suyo se van a dictar talleres y actividades de prevención en escuelas públicas de Bahía Blanca.

En este marco, el intendente Federico Susbielles remarcó que este programa es “producto de un trabajo articulado, con el fin de tener escuelas en paz, una ciudad que viva en armonía y proteger a los chicos”.

“Es, sin dudas, un día de compromiso, de reafirmar nuestra idea de ciudad. Para obtener los mejores resultados se debe conformar el mejor equipo posible”, agregó.

También dijo que “estamos estructurando miradas y conceptos acerca de la ciudad que queremos construir, y en ese ideal la escuela es un punto vital en la comunidad, por lo que significa, forma y contiene”. Además, señaló que Mónica Cid es una referente nacional “que viene trabajando desde su dolor y es un ejemplo para la sociedad”.

Por su parte, la mujer subrayó que “luego de ocho años de lo sucedido con Micaela, es la primera gestión que nos permite abordar la prevención desde adentro”.

“Siempre se estuvo trabajando desde el silencio. Por ello, me llena de orgullo este trabajo en Bahía Blanca. Esto es un modo de hacer honor a la memoria de mi hija”, concluyó.

A su turno, Florencia Molini, titular de la Agencia de Desarrollo Territorial, Descentralización y Participación Ciudadana, consideró que “las nuevas tecnologías están sumamente presentes, son parte de la vida cotidiana de todos y encarnan un sinnúmero de oportunidades, pero también muchas veces encarnan ciertos riesgos y amenazas para niños y adolescentes”.

“La escuela no es donde se generan, pero sí muchas veces es la caja de resonancia donde se pueden identificar, detectar, abordar y también prevenir estos riesgos”, explicó.

En tanto, la jefa distrital de Educación, Julieta Conti, agradeció “al Municipio que una vez más pone a disposición herramientas y programas junto con la Provincia, para que podamos cumplir nuestra obligación, nuestra vocación de docentes que es formar a los jóvenes para que transiten sus infancias y adolescencias sanos”.

Finalmente, Romina Cavallo, representante de la ONG Ser y Hacer, recordó que “hace 8 años que estamos brindando charlas para niñas, niños y adolescentes y yendo a encuentros en la ciudad y en la zona. Haciendo esto, acompañando, cuidando, previniendo riesgos en entornos digitales, y es la primera vez que el Municipio nos convoca para conocer cuál es nuestro trabajo, y eso lo valoro muchísimo”.

Para acceder al citado programa, las instituciones interesadas podrán comunicarse vía mail a escuelasenpaz@bahiablanca.gov.ar.

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Provincia acordó un 11% de aumento salarial para la Policía, más plus por uniforme y horas POLAD

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El Gobierno bonaerense anunció un acuerdo salarial para la policía bonaerense, que comprende un aumento del 11%, más plus compensatorio por uniforme y el valor del servicio de Policía Adicional (POLAD).

El aumento contempla un 5% en marzo y 2,5% en abril, que se suman a las subas de 2% en enero y 1,5% en febrero. Asimismo, el POLAD, a partir de febrero, logra un incremento adicional del 22,7%, acumulando al mes de abril una mejora del 36,4%.

“En un contexto económico complejo y con menos recursos por las políticas del Gobierno nacional, seguimos defendiendo el salario y las condiciones de trabajo de las fuerzas de seguridad”, indicó el ministro Javier Alonso.

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La Asesoría General de Gobierno tomó examen a 150 postulantes en la UNLP

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Encabezado por el asesor general de Gobierno, Santiago Pérez Teruel, se llevó a cabo el examen de suficiencia correspondiente a la tercera etapa del Programa de Incorporación de Trabajadores y Trabajadoras al organismo provincial, del que participaron 150 postulantes previamente seleccionados.

La evaluación escrita estuvo a cargo de un Comité Evaluador integrado por el jefe de Gabinete del organismo, Francisco Zannini; la responsable de la Unidad de Gestión y Coordinación con Delegaciones, Sofía Peloso; el abogado y escribano Joaquín Labarta Liprandi; y el abogado y doctor en Ciencias Jurídicas Pablo Octavio Cabral.

Conocimientos en áreas clave

Durante la jornada, que se desarrolló en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), los aspirantes debieron demostrar sus conocimientos en áreas clave vinculadas a la labor de la Asesoría General de Gobierno.

Entre los contenidos evaluados se incluyeron funciones específicas del organismo, derecho administrativo local y federal, regímenes de empleo público, contrataciones públicas provinciales e historia de la provincia de Buenos Aires, entre otros temas.

Además, las auxiliares del Comité Evaluador-las abogadas relatoras Flor Marcela Barrientos Márquez y Melisa Yanina Zoquini- participaron en las entrevistas presenciales y colaboraron en el proceso de evaluación de los candidatos.

Desde la Asesoría General de Gobierno destacaron la importancia de este programa para fortalecer la capacidad técnica del organismo y agradecieron a las autoridades de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales por facilitar las instalaciones para el desarrollo de esta etapa.

En ese sentido, expresaron su reconocimiento al decano de la facultad, Miguel Berri, y al vicedecano, Hernán Gómez, por el acompañamiento institucional que permitió llevar adelante la jornada de evaluación.

Fuente: Agencia DIB

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Memoria viva: la inundación, los bebés internados y el heroísmo silencioso de la Neo del Penna

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“Soy enfermera desde 2007. Trabajé en otra institución y en el Penna ya hace 11 años que estoy en Neonatología. Recuerdo que cuando comenzó a inundarse el sector del subsuelo yo ya había terminado mi jornada laboral, que es de 24 a 6, al igual que mis compañeras. Pero no pudimos volver a nuestras casas con nuestras familias: nos quedamos a evacuar a los bebés hacia algún lugar seguro. Estaba todo oscuro y nos alumbrábamos con los celulares. Solo sentíamos el agua en nuestros pies. Llamamos a las mamás que estaban en la residencia de madres, porque esa noche había 16 bebés pero no todas las madres estaban presentes”, contó Luciana Marrero.

“No estábamos preparados. Nunca pensamos que iba a inundarse de esa manera, al igual que todo Bahía Blanca. A algunos bebés los llevamos a la residencia de madres y a otros a una habitación de pediatría, ambos lugares en pisos más arriba. Nosotras mismas sacamos a los bebés hacia otro sector del hospital, entre ellos una bebé que pesaba poco más de un kilo”.

Luciana recuerda que eran 11 enfermeras y 2 médicas a cargo del sector de Neo en ese momento.
“La orden fue pura y exclusivamente nuestra, sin tener ningún protocolo de evacuación previo. Solo vimos que estaba entrando agua y no dudamos un segundo en evacuar a nuestros pacientitos. Algunas de las enfermeras se dedicaron a llamar a cada una de las familias de los bebés. A veces podíamos comunicarnos con nuestras familias, otras veces perdíamos señal. Con mis hijos por momentos estaba comunicada, por momentos se dificultaba, pero siempre confiando en que ellos iban a estar bien”.

Luciana tiene 4 hijos: Tomás de 21, Lautaro de 17, Santina de 14 y Abril de 10. Y ese día, estaban solos.
“Tomás fue el que ayudó a sus hermanos a salir de casa e ir hacia una parte más alta, ya que el agua entró muy rápido y llegó a 1,50 metros. Lautaro esa noche se había quedado en la casa de un amigo, familia a la que también tuvo que ayudar a evacuar. Mis hijos estaban solos porque mi marido, Mauro, a las 5 am ya había tenido que irse a trabajar. Mucha angustia cuando recuerdo ese día… pero con un final feliz: mis hijos se mantuvieron a salvo”.

Cerca de las 16, cuando todo era incertidumbre, llegó el jefe del servicio, Ezequiel Tronbetta, con su vehículo particular para trasladar a una mamá con su bebé, a Luciana con Amely en su pecho -que había nacido con 27 semanas de gestación- a la médica Mariana Calahorra y la enfermera Clarisa Marcos.
“Llegamos hasta cierto lugar y no podíamos pasar por el agua. Después vino una ambulancia que tampoco pudo seguir destino y finalmente un camión del ejército: ahí sí pudimos llegar a la clínica de Osecac, donde continuaron la internación estos bebés. Los otros fueron trasladados más tarde, primero los más complejos”.

“Para mí las cosas se hicieron muy bien de parte nuestra y de todas las personas que nos brindaron una mano. Tengo compañeras que se vinieron a la tarde con el agua hasta el pecho para poder relevarnos. Somos un gran equipo y de eso no hay dudas. Todos nuestros pacientes llegaron a destino, se salvaron todas esas vidas que teníamos en internación y por eso estamos más que satisfechos. Lamentablemente tengo muchas compañeras que han sufrido secuelas post inundación y que no han vuelto a trabajar en Neo y la verdad es que no cambió nada, porque en el Hospital nos ubicaron en el mismo lugar que estábamos, en el subsuelo. Pero también entiendo que debe ser muy complicado y costoso construir algo desde cero.”

Luciana no sabe por cuánto tiempo la gente recordará lo que hicieron, pero sí está segura de se pudo visibilizar el trabajo que hacen todos los días las enfermeras y médicas cuando entran al servicio de neonatología y se ponen el uniforme.
“Nuestros bebés siempre van a ser nuestra prioridad. Se vio el trabajo en equipo en un clima de catástrofe, pero siempre trabajamos de la misma manera, pensando en el bienestar de nuestros pacientes y sus familias. Agradecemos de todo corazón los mensajes hermosos que nos llegan siempre de la gente.

Ese día Ruth Flores, Carolina Cari, Andrea Ávila, Clarisa Marcos, Luciana Marrero, Romina Moya, Rocío Lagos, Marianela Coronado, Valeria Chillemi, Belén Salazar, Mercedes Careddu y las médicas Mariana Calahorra y Sonia Scardapane se “pusieron la 10”, priorizando evacuar como fuera a los bebés internados.

La foto de los enfermeros, médicos y el ejército saliendo del hospital y de Luciana Marrero, con la pequeña Amely adentro de su ropa, apoyada contra su pecho en medio de la evacuación, recorrió todo el país y se convirtió en símbolo de la inundación de Bahía Blanca. No eran solo médicos y una enfermera cargando a un bebé: era la imagen de entrega y coraje absoluta, del instinto de proteger la vida aun cuando la propia estaba en riesgo. En palabras de la propia gente, “esta foto fue la postal de la esperanza: la certeza de que, incluso en medio del agua y el miedo, había manos firmes y corazones dispuestos a salvar vidas”.

Saira Delmiro hoy tiene 17 años y sonríe junto a su hija que el pasado 15 de febrero, cumplió un año. Pero cuando nació Amely tenía 16 y un embarazo que venía complicado.
“El 7 de marzo, yo estaba en mi casa, eran cerca de las 9 de la mañana, cuando me llegó un video de la Neo toda inundada. La primera incubadora que estaban sacando era la de Amely. Me asusté muchísimo, me agarró un ataque de nervios. Mi mamá no me podía calmar”, recuerda con angustia.

Amely nació prematura, de 27 semanas. Su mamá empezó a tener contracciones a los 3 meses, cuando apenas tenía 18 semanas de gestación.
“Me hicieron un cerclaje de urgencia (para evitar abortos o partos prematuros) pero igual no llegué a las 37 semanas. Empecé con contracciones el 14 de febrero porque tenía una infección urinaria que desencadenó el trabajo de parto y llegó Amely al mundo pesando 940 gramos. Estuvo 15 días con respirador y después con CPAP, oxígeno. Estaba mal, no tenía esperanzas de vida, me habían dicho pero a mí lo que me sirvió mucho fue aferrarme a Dios, nunca creí que no iba a sobrevivir”.

En medio del caos, las comunicación de la evacuación de Amely nunca llegó.
“Llegué al Penna a las 5 de la tarde y ahí me dijeron que mi bebé ya no estaba, que a las 4 la habían trasladado. Yo lloraba porque no entendía nada. No sabía qué era Osecac, me imaginaba que era Buenos Aires. Entonces el director de la Neo con otra enfermera frenaron una camioneta que nos trasladó hasta Sarmiento, pero no se podía pasar. Nos dejaron ahí y empezamos a caminar. Llegó mi tía y mi tío, pudimos hacer una cadena para pasar porque la corriente estaba terrible. Llegamos embarradas, mojadas. Me dijeron que la podía ver, pero tenía que cambiarme. Ese día fue la primera vez que la agarré en brazos. Fue lo mejor que me pasó, sentía que necesitaba ese reencuentro”.

Hoy, un año después de la inundación Saira cuenta que Amely siguió creciendo normal, que no quedó con ninguna secuela, más que el susto cuando llueve o hay viento.
“No me explico cómo se asusta tanto porque era muy chiquita, quizá de manera inconsciente recuerde ese día. Estoy muy agradecida con todas, más con Luciana, que la cuidó con su propia vida. No nos olvidemos que ellas también corrían riesgo y, aun sabiendo que su casa se inundaba, eligieron cuidar de los bebés. Hoy puedo decir que sobrevivió, que está bien, y que esa noche nos marcó para siempre”.

Fuente: la Nueva.

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