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Nuevo aumento de combustible en Bahía
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6 años haceen
Las estaciones de servicio YPF aumentarán a partir de hoy el precio de sus naftas y gasoil en casi todo el país, incluida nuestra ciudad..
Los precios de las naftas en Bahía Blanca serán:
- $ 83,10 (Super)
- $ 94,40 (Infinia)
- $ 75,60 (Diesel 500)
- $ 91,50 (Infinia Diesel).
La última vez que aumento el combustible fue la semana pasada. Los anteriores incrementos se registraron el 1 de febrero, martes 5 y viernes 15 de enero.
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Las dos decisiones del Gobierno que tensaron al máximo la relación con la CGT y podrían acelerar el paro general
Publicado
2 minutos haceen
4 octubre, 2026Por
Mayra Pastor
La relación entre el Gobierno y la CGT es mala, pero no tanto como para que se concrete el quinto paro general contra Javier Milei. El último se hizo el 19 de febrero pasado y el plan de lucha que la cúpula cegetista realiza con las dos CTA desde el 22 de julio no contempló ninguna huelga e incluyó hasta ahora 4 movilizaciones con participación testimonial, a las que ahora se sumó otra concentración el jueves próximo en defensa de la industria y un acompañamiento a la Marcha Federal Universitaria que se hará el 15 de este mes.
Pero, ¿qué político se asociará para el trazado electoral a un poder sindical que no puede hacer un paro general que verdaderamente arrincone a Milei y lo obligue a rectificar sus políticas? Es una de las dudas que los carcome.
En ese escenario tan complejo, la CGT pudo acordar en julio pasado con el Gobierno una serie de correcciones a la reglamentación de la Ley de Modernización Laboral que había perjudicado a los sindicatos en puntos clave para su financiamiento. Así surgió el decreto 612, que dejó a salvo la caja sindical, y graficó una etapa del oficialismo más predispuesta a la negociación a partir de la designación de Diego Santilli como jefe de Gabinete.
Algunos creen que quizá por ese alivio en las arcas de los gremios la CGT amagó con un virulento esquema de protestas “a la francesa”, con medidas sectoriales y alternadas, y terminó en un plan de lucha sin huelgas y con eje en marchas callejeras, en las que tampoco movió todo el “aparato sindical” para que fueran masivas.
Pero dos recientes decisiones del Gobierno volvieron a prender las luces amarillas en la CGT y podrían derivar en un endurecimiento de su estrategia, aunque siempre después de la visita del Papa León XIV a la Argentina, donde la expectativa cegetista, más allá de su encuentro del 9 de noviembre en la UCA junto con el empresariado y los movimientos sociales, es que el sucesor de Francisco brinde señales que puedan interpretarse inequívocamente como críticas a la política socieconómica de la administración libertaria.
Una de las decisiones oficiales que inquietaron a la CGT es la de preparar un recurso extraordinario ante la Corte Suprema para impedir la certificación de autoridades de la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina (UTHGRA), encabezada por Luis Barrionuevo, luego de las elecciones sindicales de diciembre pasado.
La apelación, como anticipó Infobae, busca cuestionar el fallo de la Sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo que convalidó de manera provisoria la conducción nacional del gremio y ordenó a la Secretaría de Trabajo que expidiera en un plazo de 5 días el correspondiente certificado de autoridades, que es el reconocimiento de que Barrionuevo ganó las elecciones y tiene todas atribuciones como titular de la UTHGRA.
Pero el Gobierno, a través del Ministerio de Capital Humano, dirigido por Sandra Pettovello, decidió ir a la Corte para no convalidar al líder de Gastronómicos con el argumento de que las elecciones en las que se proclamó ganador están judicializadas y sin fallo en firme.
“Es muy preocupante que recurra a la Corte porque es una injerencia total del Poder Ejecutivo contra un gremio nacional”, dijo a Infobae un alto directivo de la CGT, temeroso de que la resolución sirva de “antecedente para desobedecer” fallos favorables a otros sindicatos.
Pero, además, en la cúpula de la CGT, dominada por el sector dialoguista, causó impacto el alejamiento de la subsecretaria de Trabajo, Claudia Testa: creen que es una “muestra de hostilidad” hacia el sindicalismo porque la funcionaria saliente tenía fluidas relaciones con la dirigencia gremial y con el empresariado.
Algunos líderes sindicales incluso advirtieron que Testa “no fue desplazada” por Pettovello, como deslizaron fuentes oficiales, sino que presentó su renuncia indeclinable al cargo por “motivos personales”, aunque deslizaron que se fue por diferencias en la gestión como consecuencia de las “presiones” de Federico Sturznegger, el enemigo público N° 1 de la CGT.
Nunca fue un secreto que la ex subsecretaria de Trabajo, que fue nombrada en enero de 2025 por impulso de Julio Cordero, el secretario del área, llegó desde el gobierno porteño, donde era directora general de Relaciones Laborales, sin ser un cuadro técnico del PRO y con un pasado como abogada de la UOCRA, pero pareció haber sido elegida precisamente porque, además de mucha experiencia en la gestión, tenía excelentes vínculos en el ámbito sindical y empresarial.
En la CGT dicen que Testa “se cansó” de lidiar con problemas ajenos a su función, mientras que en el Gobierno aclaran que su alejamiento se debió a una “reestructuración” en Capital Humano, dejando en claro que no se cuestionaba la forma en que trabajó.
Más allá de su relación con Cordero, los sindicalistas sienten que perdieron una interlocutora que podía contemplar sus posiciones gracias a haber conocido la problemática gremial por su tarea profesional en la organización liderada por Gerardo Martínez.
Para la CGT son pésimas señales la designación del abogado Mariano Sartoris en lugar de Testa porque “no conoce sobre las relaciones laborales” (se trata de una persona de extrema confianza de Pettovello) y la llegada de Ramiro Cherñetz como director de Asociaciones Sindicales de la Secretaría de Trabajo: “Proviene de las corporaciones empresariales y de los estudios jurídicos que escribieron la reforma laboral”, se quejan.
Pese a que ya se enteró del malestar de la CGT a raíz de sus últimas dos decisiones, el Gobierno afirma que no habrá modificaciones en el rumbo y que seguirá teniendo “las puertas abiertas”. “No se tienen que sentir amenazados -advirtió a Infobae una importante fuente libertaria-, pero los sindicalistas piensan que son los dueños de la Secretaría de Trabajo y que son más importantes que el presidente de la Nación. No se dan cuenta de que los tiempos cambiaron”.
Justamente, a tono con sus reflejos de siempre, los jefes de la CGT tomaron nota de los “gestos de hostilidad” del Gobierno con sus últimas decisiones y, aunque admiten que deberán “analizar cuál es el mejor momento y la mejor reacción”, ya acercaron el pie al acelerador del nuevo paro general: la segunda quincena de noviembre, luego de la visita del Papa, figura en estas horas marcada en rojo en el almanaque de las protestas cegetistas.
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Esteban Bullrich: “Me gustaría ver a Milei hablando con Cristina y tomando un café con Kicillof, porque representan visiones diferentes de la Argentina”
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8 minutos haceen
4 octubre, 2026Por
Mayra Pastor
“Me gustaría que se recordara de mi paso por este cuerpo la búsqueda constante del consenso a través del diálogo. El diálogo entendido como una conducta activa, de apertura y de generosa curiosidad en la que los participantes se abren a escuchar a la persona que tienen enfrente. Ese es, para mí, el valor más importante y a la vez más escaso de la política argentina: la posibilidad de entender que los adversarios nunca son enemigos y que representan a una porción de los argentinos cuyos valores, intereses y deseos son tan atendibles como los de uno y que se puede dialogar, negociar y acordar sin relegar lo que uno es y lo que uno defiende”.
Llegué a la casa de Esteban Bullrich, el miércoles pasado, repasando ese, su último discurso en el Senado de la Nación, aquel 9 de diciembre de 2021 cuando se despidió formalmente de la Cámara. Recuerdo ese día como si fuera hoy. Todos quienes estábamos dentro del recinto del Senado nos emocionamos al borde del llanto. Algunos (muchos) lloramos. Es que Esteban aquella última tarde decidió “pintarle la cara” al país y ponerlo frente al duro espejo de su propia realidad. Esa que lo define de pies a cabeza. La del país agrietado, incapaz de acordar un conjunto de bases mínimas que produzcan bienestar general y desarrollo.
Recuerdo también que al salir de ahí me pregunté -entonces- qué sería de Esteban, de su vida pública a partir de ese momento. El tiempo me fue dando la respuesta. Ese hombre que supo ser ministro de Educación en la Nación y en la ciudad de Buenos Aires, que derrotó electoralmente a la propia Cristina Kirchner en 2017, decidió y logró transformar su dolor en legado. Desde entonces -en la medida de sus posibilidades- dedica su tiempo a promover el diálogo como cultura política.
Siempre me pregunto: ¿cuánto impactó en su transformación político-ideológica el hecho de atravesar una situación tan dura, irreversible? Él siempre fue una persona amable y amiga de hablar con quien piensa distinto. Pero de un tiempo a esta parte ha hecho del diálogo una bandera irrenunciable que le ha permitido interactuar hasta con sus más acérrimos adversarios.
Esteban Bullrich padece de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) una enfermedad neurológica progresiva que afecta a las neuronas motoras, las células nerviosas que controlan los movimientos voluntarios. Fue diagnosticado en abril de 2021, ocho meses antes de renunciar a su banca de senador nacional por la provincia de Buenos Aires. Pero según él mismo contó, los primeros síntomas aparecieron en septiembre de 2020, cuando durante una videollamada sintió que “se le patinó la lengua”. Luego comenzaron a repetirse las dificultades para hablar.
Hoy vive acompañado de su familia en una bonita y sencilla casa en un barrio cerrado en el norte del conurbano. Hasta allí llegué tal como acordamos en un intercambio de Whatsapp unos días antes en el que yo graciosamente le recriminaba que “hace rato” me debía una entrevista. O mejor dicho, una conversación. Me recibió junto al equipo técnico de Infobae en un bonito y luminoso estudio adosado a su habitación, con vista a un parque verde. Lo acompaña María Eugenia, su esposa, su compañera, su equipo. Con ella, sus lugartenientes: Charles y Frances, dos médicos venezolanos que desbordan de lealtad y empatía en la tarea de cuidar a su “jefe”.
Esteban acaba de presentar su libro Liderazgo Emocional, un ensayo en el que plasma su manera de ver a este mundo cada día más complejo, parado firme en su convicción de que la nueva dirigencia tiene la responsabilidad de mostrar otro tipo de cualidades, distintas de las que habitualmente vemos en quienes conducen organizaciones tanto en el sector público como en el privado. Humildad, coraje, esperanza, servicio, justicia, cercanía, amor, perdón y visión trascendente. Sumado a eso, dos habilidades necesarias: capacidad de callar y capacidad de escuchar.
La pregunta subyacente es: ¿hay algún dirigente argentino que hoy tenga esas virtudes y capacidades? Y más: ¿está el electorado argentino dispuesto a dejar de lado el apego al conflicto para ponderar el diálogo, el consenso y la empatía?
Su mirada sobre la Argentina hoy, el cambio de modelo económico, la experiencia del PRO en el gobierno nacional, la gestión de Milei, el rol de Cristina, la posibilidad de Kicillof, las chances de los outsiders, la polarización, el país que podemos ser. De todo esto, hablamos con Esteban Bullrich. Una conversación serena y profunda que a continuación compartimos con todos Ustedes.
–Esteban, gracias por recibirme en tu casa. Es un placer conversar con vos y felicitaciones por tu nuevo libro, Liderazgo espiritual.
-Gracias a vos por escucharme.
–Bueno, lo primero que quiero preguntarte es: ¿cómo ves a la Argentina hoy? ¿Qué te preocupa de lo que ves?
-Veo una Argentina que logró avances importantes, pero que sigue profundamente herida. La baja de la inflación es un logro que hay que reconocer, pero seguimos teniendo niveles muy altos de pobreza y una economía todavía frágil. Sin embargo, lo que más me preocupa no es económico, es nuestra dificultad para construir un nosotros. Seguimos creyendo que para tener razón necesitamos que el otro esté equivocado. Convertimos al adversario en enemigo y confundimos firmeza con agresividad. Así es muy difícil construir políticas que duren veinte años. ¿Cómo recuperamos confianza? Empezaría por algo concreto. Convocaría al Gobierno, oposición, gobernadores, empresarios, sindicatos y organizaciones sociales para acordar cinco políticas de Estado: educación, estabilidad fiscal, primera infancia, desarrollo productivo e institucionalidad que nadie pueda cambiar cada cuatro años. La confianza no se pide, se construye cumpliendo acuerdos. Tenemos enormes recursos naturales y humanos. Nuestro problema nunca fue la falta de talento. El desafío no es solamente volver a crecer, es volver a creer que podemos crecer juntos.
–¿Coincidís con los que dicen que la Argentina necesitaba hace ya mucho tiempo un cambio de modelo económico y social y que cuanto más tarde lo hiciéramos, más doloroso iba a ser el proceso de cambio?
-Sí, coincido en que la Argentina necesitaba un cambio profundo. No podíamos seguir indefinidamente con déficit, inflación, falta de inversión y un Estado que muchas veces gastaba más de lo que podía financiar. Y también es cierto que cuanto más se posterga una corrección, más difícil y dolorosa termina siendo. Pero para mí hay una segunda discusión igual de importante: cómo se hace ese cambio. Ordenar las cuentas públicas es necesario, pero no suficiente. La economía está al servicio de las personas, no las personas al servicio de una planilla de Excel. Un programa económico también debe preguntarse cómo protege a los más vulnerables y cómo genera condiciones para crecer, invertir, producir y crear trabajo. Creo en el equilibrio fiscal y en un Estado eficiente, pero también creo en la justicia y en la cercanía. El verdadero desafío no es elegir entre equilibrio fiscal y sensibilidad social, es demostrar que podemos tener las dos cosas, porque un cambio económico será sostenible solamente si también construye esperanza.
–Ahora, viendo el camino que tomó y que toma el Gobierno de Milei, ¿cómo evalúas al gobierno de Mauricio Macri? Es decir, lo que pasa hoy, ¿sirve para repensar lo que se hizo entre 2015 y 2019?
-Creo que nuestro principal error fue no construir acuerdos políticos profundos cuando tuvimos la oportunidad. En 2015 llegamos al Gobierno en minoría después de muchos años de kirchnerismo. Ese era el momento para convocar a gobernadores, oposición, sindicatos y empresarios y acordar un diagnóstico común: cuál era la situación real de la Argentina y qué reformas necesitábamos hacer. Conseguimos acuerdos puntuales, pero no construimos un acuerdo estructural. En 2017 apareció una segunda oportunidad. Ganamos ampliamente las elecciones legislativas y creo que interpretamos ese triunfo más como una ratificación de nuestro camino que como una oportunidad para ampliar nuestra convocatoria. Debimos usar ese capital político para construir acuerdos que trascendieran nuestro gobierno. Viendo lo que ocurrió después, ese aprendizaje para mí es fundamental. Las transformaciones profundas no pueden pertenecer a un presidente ni a un partido. Un triunfo electoral te da poder para gobernar. Un acuerdo amplio te da legitimidad para transformar.
–Y si pudieses volver el tiempo atrás, ¿qué harías de diferente?
-Si pudiera volver a diciembre de 2015 impulsaría desde el primer día un gran acuerdo nacional. Pondría sobre la mesa con absoluta transparencia la situación que recibíamos y convocaría a gobernadores, oposición, sindicatos, empresarios y organizaciones sociales a acordar un camino. Y después de ganar las elecciones de 2017, redoblaría esa convocatoria. Ese triunfo nos dio capital político y creo que debimos utilizarlo menos para confirmar que teníamos razón y más para incorporar a quienes pensaban distinto. También escucharía más. El poder genera una burbuja peligrosa. Uno empieza a escuchar mucho a quienes están de acuerdo y poco a quienes advierten que algo no está funcionando. No cambiaría mis convicciones sobre la necesidad de transformar la Argentina. Cambiaría la manera de construir esas transformaciones. Hoy entiendo mejor que ningún gobierno puede cambiar un país solo. Si pudiera volver atrás, dedicaría menos energía a demostrar que teníamos razón y mucha más a construir una razón compartida.
–Es verdad. ¿Y cómo estás viendo al PRO hoy en día? ¿Cuál crees que debería ser el rol del PRO en el escenario político actual? ¿Qué crees que debería hacer el partido, el PRO, en 2027?
-Veo al PRO atravesando una crisis de identidad y creo que antes de discutir candidaturas o alianzas debería volver a preguntarse para qué nació. El PRO nació para transformar, no para conservar poder. Representó una manera distinta de gestionar con equipos, profesionalismo y vocación de cambio. Parte de esa agenda hoy la lleva adelante Milei y me parece bien acompañar aquello en lo que coincidimos. Pero acompañar no significa desaparecer ni renunciar a nuestras convicciones. El PRO tiene que recuperar una voz propia, reconocer los errores que cometimos cuando gobernamos y aportar experiencia a una Argentina que necesita transformaciones profundas, pero también diálogo, institucionalidad y sensibilidad social. Para 2027 no empezaría preguntando con quién hacemos una alianza. Empezaría preguntando qué Argentina queremos construir y qué podemos aportar nosotros. Después vendrán los nombres y los acuerdos electorales. Un partido que solamente piensa cómo sobrevivir termina desapareciendo. Un partido que vuelve a encontrar para qué existe puede volver a ser necesario.
–En tu libro vos proponés un nuevo modelo de construcción de liderazgo y lo definís como de carácter espiritual y destacás valores que voy a enumerar, que son humildad, coraje, esperanza, servicio, justicia, cercanía, amor, perdón y visión trascendente. ¿Lo ves posible en este país, en la Argentina actual y en este mundo actual, que pareciera que vive más de la polarización, o es más una expresión de deseo?
-Es posible y justamente porque vivimos en un mundo polarizado, creo que es más necesario que nunca. El liderazgo espiritual no propone eliminar el conflicto. Eso sería ingenuo. En una democracia siempre habrá intereses, ideas y proyectos diferentes. Lo que propone es dejar de convertir cada diferencia en una guerra y cada adversario en un enemigo. En Argentina también demostramos que podemos hacerlo. Después de las elecciones de 2017 logramos sentar en una misma mesa al Gobierno Nacional y a gobernadores de distintos partidos y alcanzar un consenso fiscal. No resolvió todos nuestros problemas, pero demostró que personas que competían electoralmente podían acordar políticas concretas. Eso exige humildad para escuchar, coraje para defender convicciones y grandeza para reconocer que nadie puede construir un país solo. La polarización puede servir para ganar una elección. Después hay que gobernar para todos. El liderazgo espiritual no consiste en evitar el conflicto, sino en atravesarlo sin destruir al otro y, cuando sea posible, transformarlo en un acuerdo.
–Ahora, ¿qué hacemos cuando después la gente va al cuarto oscuro y elige con otros parámetros diferentes de esto que recién contabas? Quizás la gente elige más pensando en la confrontación, en el conflicto, en la violencia, en la capacidad de destruir a un otro. ¿Cómo convencemos a la opinión pública de que esa opción no ayuda al país a crecer y a desarrollarse?
-Primero tenemos que aceptar algo incómodo. Si la gente elige liderazgos confrontativos, no podemos culpar a la gente. Tenemos que preguntarnos por qué la política moderada dejó de ofrecer respuestas convincentes. Cuando una persona está frustrada, tiene miedo o siente que nadie la escucha, el que identifica un culpable y promete destruirlo puede resultar atractivo. La respuesta no puede ser decirle al ciudadano que vota mal. Tenemos que demostrar que se puede ser firme sin ser violento, tener convicciones sin odiar y transformar sin destruir. Belgrano, a quien menciono en el libro, entendía el liderazgo como servicio. No necesitaba construir un enemigo interno para justificar su misión. Por eso no creo que haya que convencer a la gente con discursos sobre moderación. Hay que demostrar con resultados que cooperar funciona. La confrontación puede movilizar bronca. Nuestro desafío es construir algo mucho más poderoso: esperanza. Porque un país no se construye derrotando argentinos, sino convocándolos.
–En la Argentina hoy, ¿hay personas o líderes con cualidades suficientes como para llevar a cabo ese modelo, para ponerlo en práctica? Digo, porque hasta ahora los que pensaron un poco así, y pienso en Horacio Rodríguez Larreta, tuvieron muy mala performance electoral cuando quisieron ser candidatos a nivel nacional. Yo tiendo a creer que los que proponen ese famoso camino del medio en la Argentina carecieron de cualidades atractivas para la opinión pública. No tuvimos en Argentina un Felipe González capaz de enamorar al público con un discurso seductor, con capacidad de mostrar eficazmente cuáles son los beneficios de vivir fuera de la grieta. ¿Coincidís con esto?
-No sé si hoy hay una persona que reúna todas esas cualidades y tampoco creo que debamos esperar que aparezca un líder perfecto. Yo no buscaría un salvador. Buscaría muchos liderazgos capaces de combinar firmeza con humildad, capacidad de gestión con sensibilidad, coraje con cercanía y convicciones con diálogo. El liderazgo espiritual tampoco exige perfección. Mandela, Churchill o de Gaulle tuvieron enormes virtudes y también contradicciones. Lo importante es hacia dónde orientaban su liderazgo, para qué utilizaban el poder y si eran capaces de trascender su propio interés. Mi propia experiencia me enseñó que la verdadera fortaleza muchas veces aparece cuando reconocemos que necesitamos de los demás. Y, en mi caso, también cuando comprendí que necesitaba de Dios. Argentina tiene dirigentes valiosos en distintos espacios. El desafío es que puedan encontrarse alrededor de algo superior a ellos mismos. No necesitamos un mesías político. Necesitamos líderes que entiendan que el poder no es para servirse, sino para servir.
–¿Qué análisis hacés de Milei como líder? En 2023, la mitad del país, un poquito más, lo eligió a él con el objetivo de que cumpla su promesa de campaña de terminar con la casta política y de derrotar la inflación. ¿Rescatás algo positivo en Milei y cómo tomás el hecho de que dirigentes históricos del PRO hoy son parte de su equipo de gobierno?
-Creo que Milei interpretó algo que una parte muy importante de la sociedad estaba reclamando: terminar con la inflación, ordenar las cuentas públicas y romper con muchas prácticas de la vieja política. Y hay resultados que hay que reconocer. La baja de la inflación y el equilibrio fiscal son logros importantes. También entiendo que dirigentes del PRO acompañen muchas de esas reformas porque forman parte de ideas que nosotros defendimos durante años. Mi diferencia está en el liderazgo. No creo que para transformar haya que humillar al que piensa distinto ni convertir permanentemente al adversario en enemigo. Milei tiene coraje y convicciones muy fuertes. Me gustaría que esas cualidades estuvieran acompañadas por más humildad, cercanía, diálogo y capacidad de construir acuerdos. Porque ordenar la economía es indispensable, pero no alcanza para construir una nación. Un presidente puede transformar muchas cosas desde el poder, pero para transformar de verdad un país necesita conseguir que millones de personas quieran caminar juntas.
–¿Y cómo ves a la oposición? Hoy pareciera que no hay un candidato capaz de competir contra Milei en 2027. Hoy hablás con casi todos los gobernadores y te dicen por lo bajo: “Bueno, mejor que Milei reelija en 2027, que termine de hacer el trabajo sucio de ordenar la macroeconomía y después en 2031 nosotros vemos qué onda”. ¿Qué pensás de eso?
-Veo una oposición todavía muy fragmentada y demasiado concentrada en quién puede ser candidato en 2027. Creo que esa discusión empieza por el final. La oposición primero tiene que construir una alternativa de país, y ser oposición no significa oponerse a todo. Si el Gobierno logra ordenar la macroeconomía, bajar la inflación o hacer reformas necesarias, hay que reconocerlo y acompañar lo que uno considera correcto. Al mismo tiempo, hay que marcar las diferencias con claridad. No comparto la idea de esperar que Milei haga el trabajo sucio para recién pensar en 2031. La política no puede consistir en esperar que otro pague los costos para después administrar lo que queda. Argentina necesita dirigentes capaces de acordar políticas que sobrevivan a los gobiernos. Gobierno y oposición tienen responsabilidades diferentes, pero comparten una responsabilidad superior: el país. Una buena oposición no espera el fracaso del Gobierno para tener una oportunidad. Trabaja para que a la Argentina le vaya bien, incluso cuando eso beneficia políticamente a quien gobierna.
–Sabés que hay algo que siempre pienso… ¿Cuánto de todo este pensamiento tan profundo, tan plural, tan respetuoso que vos venís haciendo y que querés promover tiene que ver con tu experiencia personal? Me refiero al hecho de atravesar una enfermedad tan compleja. Pienso: ¿los argentinos necesitamos pasar por situaciones difíciles, a veces irreversibles, para entender que el otro no es un enemigo? Yo siempre recuerdo tus palabras el día que dejaste el Senado, cómo hablaste de María Luz Alonso, la mano derecha de Cristina Kirchner, el amor con el que hablaste de ella, lo mucho que ella te quiere también. ¿Qué tenés para decir al respecto?
-Mucho. La enfermedad no cambió todas mis convicciones, pero cambió profundamente mi manera de vivirlas. Antes podía hablar de humildad, de escuchar, de necesitar al otro. La ELA me obligó a experimentarlo. Hoy dependo de otras personas para absolutamente todo. Y cuando uno necesita tanto de los demás, descubre que la vulnerabilidad no te hace menos humano, te hace más consciente de lo humano. Por eso me emocionó agradecerle a Luchi Alonso. Políticamente, estuvimos en lugares enfrentados durante años, pero cuando uno corre las etiquetas aparece una persona, una historia, una dignidad que ninguna diferencia política debería borrar. No creo que los argentinos necesitemos atravesar una enfermedad para descubrirlo. Sería terrible, pero sí necesitamos aprender a mirarnos antes de que el dolor nos obligue. La ELA me quitó muchas cosas, pero también derribó muchas paredes. No necesitamos pensar igual para reconocernos. Necesitamos recordar que antes que adversarios somos personas.
–¿Crees que Milei debería tener una charla con Cristina o invitar a Kicillof a tomar un café? ¿Considerás que ese tipo de actitudes podría ayudar como ejemplo para la sociedad, para bajar un poquito el nivel de crispación, de conflicto, de pelea? ¿Lo ves capaz de hacerlo?
-Me gustaría ver a Milei hablando con Cristina y tomando un café con Kicillof. No porque tengan que ponerse de acuerdo ni porque deban renunciar a una sola de sus convicciones, precisamente porque representan visiones profundamente diferentes de la Argentina. El diálogo no es una concesión al adversario, es una responsabilidad de quien gobierna y también de quien aspira a representar a una parte importante de la sociedad. Durante demasiados años confundimos dialogar con ceder. Yo también cometí ese error alguna vez. Hoy creo exactamente lo contrario. Hace falta mucha más fortaleza para sentarse frente a alguien con quien uno tiene enormes diferencias y escucharlo que para insultarlo desde una tribuna. ¿Eso solucionaría la polarización? Por supuesto que no, pero sería una señal poderosa. No sé si ocurrirá. Sí sé que Argentina necesita recuperar esos gestos. La democracia no nos pide que dejemos de tener adversarios, nos pide que nunca dejemos de reconocerlos como compatriotas.
–En tu libro destacás como capacidades de un buen líder dos cosas que me parecen espectaculares, que son la capacidad de callar y la capacidad de escuchar. Me pregunto si en este mundo tan ruidoso, tan de las redes sociales, tan de la pelea y el escándalo, hay espacio para un líder así. Yo claramente creo que sí pero a veces siento que puede llegar a ser una utopía eso. Pero te confieso que cuando veo los casos de Scaloni o de Messi, que son líderes, me vuelvo a esperanzar. Ahora, siento que en la política es un poco difícil porque hay otros intereses. ¿Vos qué pensás?
-Sí, creo que hay espacio. El problema es que muchas veces confundimos liderazgo con volumen. Parece que lidera más el que grita más fuerte, ocupa más pantallas o genera más polémica. Messi y Scaloni muestran otra cosa. Ninguno construyó su liderazgo desde el escándalo. Lo construyeron desde el ejemplo, el trabajo, la humildad, la confianza en el equipo y muchas veces desde el silencio. Y los argentinos los admiramos profundamente. ¿Por qué esas cualidades nos emocionan en el deporte y nos cuesta tanto valorarlas en la política? Las redes sociales premian la reacción inmediata, pero gobernar exige exactamente lo contrario: escuchar antes de responder, pensar antes de decidir y aceptar que uno no tiene todas las respuestas. Callar no es debilidad, escuchar tampoco. Pueden ser formas de fortaleza. Quizás el próximo gran liderazgo argentino no sea el que consiga gritar más fuerte, sino el que lo oiga y que volvamos a escucharnos.
–¿Creés que hay espacio para que aparezca un outsider con posibilidades?
-Sí, hay espacio y en alguna medida yo fui un outsider. Antes de entrar en política trabajé muchos años en el sector privado y mi vocación pública nació también de experiencias sociales que me hicieron preguntarme qué podía hacer para cambiar la realidad. Llegué a la política sin haber hecho una carrera partidaria tradicional. Eso me dio una mirada diferente, pero rápidamente aprendí algo: se puede llegar desde afuera, pero no se puede gobernar desde afuera. Gobernar exige hacer política, escuchar, negociar, construir equipos, aceptar límites, generar acuerdos y trabajar con personas que piensan distinto. Por eso no creo que ser outsider sea una virtud en sí misma, como tampoco creo que tener experiencia política sea un defecto. Lo importante es para qué alguien quiere llegar al poder y qué hace cuando llega. Mi propia experiencia me enseñó que la política puede necesitar aire de afuera, pero también necesita aprender su oficio. Se puede entrar a la política para cambiarla. Lo que no se puede hacer es gobernar creyendo que la política no es necesaria.
–Dibujame en palabras ese país que podemos ser, teniendo en cuenta nuestras virtudes, nuestros defectos. ¿Cuál es el país real que podemos ser, que podemos construir de acá a diez o veinte años?
-Sueño con una Argentina donde nacer pobre no determine tu destino, donde todos los chicos reciban una educación que les permita elegir su futuro y donde trabajar vuelva a ser un camino de progreso. Una Argentina estable, integrada al mundo, que aproveche su energía, el campo, la minería, la tecnología y, sobre todo, el enorme talento de su gente. Pero mi sueño no es solamente económico. Quiero un país donde podamos volver a confiar, donde un presidente no necesite destruir al anterior para gobernar y donde podamos sostener durante veinte años políticas de Estado en educación, primera infancia, justicia y desarrollo. No imagino una Argentina sin conflictos. Imagino una Argentina que aprende a resolverlos sin convertir al otro en enemigo. Después de todo lo que viví, sigo creyendo profundamente en nuestro país. La Argentina que sueño no es aquella en la que finalmente gana uno de los dos bandos, es aquella en la que finalmente ganamos todos.
–En ese sentido y en ese contexto, la visita del papa León a la Argentina, ¿qué significa para nuestro país y crees que puede ayudarnos a tratarnos un poquito mejor entre nosotros?
-La espero con una enorme esperanza y en mi caso no puedo separar la llegada del Papa de mi propia experiencia de Dios. Cuando llegó la ELA hubo un momento en que sentí que mi vida se derrumbaba. Perdí mi movimiento, mi independencia y mi voz. Pero justamente en esa fragilidad encontré a Dios de una manera que nunca había experimentado. Dejé de preguntarme solamente por qué me pasa esto y empecé a preguntarme para qué sigo acá. Por eso espero que la visita de León XIV sea una oportunidad para hablar de Dios, no de un Dios utilizado para dividir, juzgar o hacer política, sino del Dios que sale a buscarnos cuando estamos rotos, que nos ama como somos y que nos invita a amar al otro. Argentina necesita acuerdos y estabilidad, pero también necesita sanar el alma. El Papa no viene a resolver nuestros problemas, eso nos corresponde a nosotros, pero puede recordarnos que no estamos solos. Yo soy testigo de eso. Cuando creí que había perdido casi todo, descubrí que Dios seguía ahí y ese encuentro cambió mi vida.
–Quiero agradecerte, flaco querido, por recibirme, a vos y a toda tu gente y a tu familia.
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Círculo rojo: una bocanada de aire fresco en París frente a los fantasmas electorales que empiezan a inquietar al Gobierno
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18 minutos haceen
4 octubre, 2026Por
Mayra Pastor
Agobiado por lo que empezaba a proyectarse como una frustración colectiva por los malos resultados económicos, a partir del 2018, desde el entorno de Mauricio Macri se solía dejar trascender que buscaba algo de oxígeno a los tormentos domésticos en sus viajes al exterior. Algo similar le ocurriría después a Alberto Fernández, apartado de la conducción real de la administración por Sergio Massa, que se hizo cargo del último tramo del mandato, y cascoteado por Cristina Kirchner; el ex presidente del Frente de Todos incluso llegó a fantasear con interceder en Europa en la guerra entre Ucrania y Rusia y buscarle una salida democrática al régimen de Nicolás Maduro en Venezuela.
Con Javier Milei empezó a suceder algo parecido, a pesar de que, a diferencia de sus antecesores -especialmente de Fernández-, su liderazgo es notorio en la región y en Occidente entre los nuevos emergentes de la ultra derecha alineados detrás de la figura de Donald Trump, como parte de la conversación global. Aún así, para Milei, el reciente viaje por la capital francesa significó una bocanada de aire fresco frente a las inquietudes locales que dejó atrás cuando se embarcó a mediados de semana. Y que lo recibieron este fin de semana otra vez en Buenos Aires. “El Presidente tiene un mejor lejos que cerca”, confesó el viernes un integrante de la comitiva presidencial, muy satisfecho por el balance de la Argentina Week parisina y la atracción evidente para los inversores y el establishment nacional que viajó a Francia.
Pero más allá de los anuncios por más de USD 20.000 en inversiones en el marco del RIGI, en sectores como el oil & gas, la gira parisina exhibió, dentro de esa bocanada de frescura, una particular cortesía del Presidente y su hermana Karina con los 13 gobernadores que acompañaron a la comitiva. Para los gobernadores, ese gesto es toda una novedad. En especial, por el destrato que sintieron en el anterior evento de marzo, en Manhattan, cuando el deslomado Manuel Adorni no tuvo mejor idea que subir a su pareja al avión presidencial. Influyó particularmente Diego Santilli, que tiene a cargo la relación con los jefes provinciales. El ministro del PRO se convirtió en el jefe de Gabinete más empoderado de los cuatro que tuvo Milei en este mandato, consolidó un vínculo muy cercano con la hermana del presidente y logró un equilibrio entre el manual libertario y el pragmatismo que lo caracteriza y con el que atravesó la vida pública, desde el peronismo, el macrismo y el larretismo hasta esta etapa en La Libertad Avanza.
Sin embargo, es la coyuntura, y la agenda local, la que urgió al Presidente y a su hermana a tratar de blindarse con los gobernadores. “Con ellos, por arriba de la cintura”, había pedido Karina Milei hace algunas semanas en una reunión privada con legisladores. Se refería, por ejemplo, a no plantar candidatos propios en aquellos distritos en los que se arribe a un acuerdo. La agenda parisina incluyó un cóctel final al pie de la torre Eiffel, una cena inicial en la embajada argentina, sobre la Rue Cimarosa, a cargo del embajador Ian Sielecki y Santilli; un encuentro al paso con Milei, después de la inauguración, que se mostró especialmente agradecido con los jefes provinciales -en público y en privado- y a los que invitó a dar señales de gobernabilidad; una escapada nocturna, fuera de agenda, en la medianoche francesa, al Rungis Marché International, un mercado mayorista en los suburbios parisinos que la Secretaria General y Santilli recorrieron con un grupo reducido, y la inclusión de los gobernadores en la visita al imponente Palacio Eliseo, en el marco de la bilateral que el mandatario mantuvo con Emmanuel Macron. Hubo sonrisas y selfies en los jardines del palacio.
No existió una conversación formal, pero la distensión del viaje sirvió además como corolario de las negociaciones en torno a la suspensión de las elecciones primarias, el objetivo central de la Casa Rosada para el último trimestre del año en paralelo a las tratativas por el Presupuesto 2027. “Los votos ya estaban antes de viajar a París”, aseguró una altísima fuente de la comitiva. “Lo que se están discutiendo son los avales y las garantías. ¿A qué me refiero? A la de ellos”, completó en alusión a los pedidos por fondos y obras por parte de los gobernadores. Esa respuesta le pertenece más al ministro Luis Caputo, “Toto”, que al jefe de Gabinete.
Los inversores tomaron nota de esa sinergia que Milei buscó exhibir en Francia con los gobernadores. En el discurso grabado que brindó a los empresarios reunidos en el coloquio de IDEA de Mar del Plata, Caputo se refirió al “shock externo bastante brutal” que, según el ministro, hubiera hecho durar ”cinco minutos” a cualquier otro gobierno. Por eso Milei aludió a la “bazuca” de “USD 75.000 millones” para enfrentar “intentos desestabilizadores y golpistas”. El Presidente había arribado a París con indicadores domésticos en baja, y después del viaje a la ONU, en Estados Unidos, que sembró algunas dudas entre los fondos del exterior. “Faltaron definiciones”, resaltó un operador que trabaja para el exterior. El plantón a un grupo de ejecutivos de alto nivel que esperaba tener un encuentro con el jefe de estado en Manhattan también acrecentó la inquietud. ¿Viajó después el consultor Santiago Caputo a Estados Unidos a reunirse con algunos fondos de inversión? Es una versión que circuló en estos días.
Es que, para el establishment local e internacional, la principal preocupación es si el Presidente será capaz de refrendar las reformas implementadas en el marco del programa de estabilización macroeconómico en las elecciones del próximo año. Ese fue el fantasma que buscó ahuyentar en la capital francesa. “Hay una ansiedad inusual entre los inversores”, reconoció un altísimo dirigente del peronismo que se entrevistó esta semana en Buenos Aires con algunos enviados del exterior. Lo mismo reconoció el economista Javier Timerman, desde París, en diálogo con Infobae en vivo: habló del “péndulo” que atemoriza al establishment inversor.
Parte de ese temor se sostiene por los indicadores de la economía local que sacudieron al Gobierno antes de que Milei viajara a la capital francesa: una caída del EMAE del -2,9% en julio, un nuevo desplome del comercio y la industria manufacturera, un aumento de la pobreza del 4,1% en el primer semestre, la posibilidad de ingresar formalmente a una recesión técnica en este trimestre –“Estamos creciendo menos que antes”, se defendió Caputo en el cierre de la Argentina Week– y el aumento del riesgo país por encima de los 650 puntos básicos. Una serie de indicadores que corroen el humor social. En ese contexto, la comitiva presidencial recibió en Francia el pedido para una sesión especial para el jueves 15 para rechazar el DNU 70, además de debatir la ley de discapacidad y la morosidad familiar, tras el fallo de la Corte Suprema que validó la derogación de la ley de tierras contemplada en ese mega DNU fundacional.
A partir de este lunes, el Gobierno deberá redoblar esfuerzos para obturar el intento opositor de rechazo al DNU 70 en medio de las negociaciones por la suspensión de las PASO. La Casa Rosada pondrá a prueba en ese sentido el dispositivo político de toma de decisiones que, puertas adentro, Patricia Bullrich ha vuelto a desgastar en estas semanas.
“Sí, quiere ser presidente”, reconocen cerca de la senadora que desempolvó aquel viejo slogan del kirchnerismo del 2015, acerca de que “el candidato es el proyecto”. “Necesitamos la reelección del proyecto”, insistió en las últimas semanas. La última vez fue el jueves, en IDEA, cuando volvió sobre esa idea, pidió otra vez retoques en el programa económico para que llegue a todos los sectores y se exhibió entre los ejecutivos como candidata, a punto tal que presentó su propia reforma impositiva. Casi no mencionó al Presidente.
Bullrich está disgustada con la conducción de la mesa política, es decir, la hermana de Milei, y sabe que hay un sector del círculo rojo que se ilusiona con que esa “reelección del proyecto” sea con ella como cabeza de la boleta: la fantasía de un “mileísmo sin Milei”. Por eso se trazó con su equipo una hoja de ruta hasta marzo para definir, hacia final del verano, si las encuestas le dan para ser candidata. “Si le dan, lo va a intentar”, confían en su entorno. El jueves, en un almuerzo con ejecutivos industriales en Mar del Plata, esa intención sobrevoló en el ambiente. Le habían planificado otra cena para ese mismo día, pero la senadora prefirió volar temprano a Buenos Aires. Los pedidos de reuniones se acumulan cada vez más. Por ejemplo, de un grupo de fondos de inversión del exterior que están deseosos de reunirse con ella.
Bullrich no le teme a la “traición”. “Ella, en términos políticos, no tiene sentimientos”, sentenció un diputado que trabaja para ella. Tiene un olfato especial: dejó el menemismo cuando vio que se derrumbaba, se fue del gobierno de la Alianza meses antes de la caída de Fernando de la Rúa, abandonó a Elisa Carrió cuando el proyecto de la Coalición Cívica entró en declive y le dio un portazo a Macri después de que, según ella, el jefe del PRO la traicionara. Fue la mañana después de las elecciones generales del 2023, cuando el ex presidente convocó a una reunión en su casa para encargar encuestas para saber si apoyar o no a Milei, y no ella no fue invitada. Enterada, armó un encuentro en su departamento de Palermo con sus más cercanos. Hernán Lombardi, que había estado antes en la casa de Macri y sintió el rigor del reproche bullrichista, se descompensó y tuvieron que llamar a la ambulancia.
El fantasma peronista. Para espantar los fantasmas electorales que inquietan al Gobierno, y que incluyen los últimos movimientos de Bullrich, el ala política acelerará en las próximas semanas los acuerdos con los gobernadores para avanzar en la suspensión de las primarias, el objetivo central de la reforma política, una vez que consiga, si es que lo hace, el aval de los aliados para defenderse del rechazo al DNU 70. Para eso, Martín Menem empezó a conversar informalmente con los diputados en Buenos Aires, mientras la plana mayor seguía de gira por París, para conseguir un trato en torno a la ley de tierras que el propio Ejecutivo tuvo que desactivar meses atrás en el Senado.
Para Milei, la suspensión de las PASO es central porque en Casa Rosada creen que esa es la principal herramienta con la que el peronismo podría ordenar su feroz interna.
No es, sin embargo, la premisa que sobrevuela a la mayoría del peronismo. En particular al kirchnerismo, que empezó a desactivar las operaciones internas para tratar de sostener las primarias. “Una cosa es lo que decimos, otra lo que hacemos”, ironizó un dirigente peronista del interior.
Axel Kicillof sabe que en sectores del peronismo K hay una “política de brazos caídos” respecto del rechazo a la intención del gobierno de suspender las PASO. El gobernador quiere sostener las primarias, para revalidar sus intenciones presidenciales en una interna contra otros sectores del kirchnerismo, pero es cada vez más consciente de que la suspensión es casi un hecho.
Para Kicillof, las primarias son la única instancia de negociación con Cristina Kirchner y el kirchnerismo, que insiste con la promoción de una candidatura de la expresidenta para presionar al gobernador. Esa relación está quebrada. La reunión de hace algunos meses en un hotel de Retiro, en la que en teoría se consensuó trabajar para sostener las PASO, quedó muy lejos.
La ex presidenta no quiere saber nada con el gobernador bonaerense. Sigue segura de que la decisión de Kicillof de desdoblar las elecciones del 2025 y adelantar el calendario, mientras ella se posicionaba como candidata a diputada provincial, aceleró la decisión de la Corte Suprema que efectivizó su condena. Fue la última de una serie de disputas que empezó desde el momento en que el gobernador se negó en el 2023 a ser candidato presidencial, que siguió con su negativa a acompañar la aventura de CFK en el PJ nacional y que terminó con la condena por Vialidad.
Kicillof, de todos modos, insiste con su proyecto, para el que tallan intendentes y funcionarios provinciales, y viejos dirigentes como Luis Barrionuevo, Alberto Pierri y Alejandro Granados, mientras otros dirigentes de peso, como Massa, activaron movimientos en sigilo con otros actores del peronismo. Este miércoles por la noche, por ejemplo, el ex ministro de Economía cenó con Gerardo Zamora y otros dirigentes. Massa aún no definió su futuro, pero cree, según sus colaboradores, que es necesario explorar nuevos acuerdos y que deberían emerger nuevas figuras para potenciar al peronismo, aún cuando en simultáneo revalida sus buenas relaciones con el cristinismo. Tanto con Máximo como con Cristina Kirchner, desde que se asociaron en el gobierno del Frente de Todos para correr a Fernández de la toma de decisiones. Es más: ahora se supo que el jefe de La Cámpora estuvo a punto de aceptar su primer cargo ejecutivo de la mano del ex ministro de Economía, que le ofreció, cuando asumió en el Palacio de Hacienda, que asumiera como ministro de Trabajo. El hijo de la ex presidenta lo pensó durante un día, hasta que rechazó la oferta.
En el PJ olfatean un desgaste del Presidente. Es parte del fantasma electoral que empieza a atemorizar al Gobierno, y que preocupa a los inversores. Por eso el gobernador viajó la semana anterior a Nueva York, para intentar espantar esos temores entre los fondos de inversión. “Habló más por lo que no dijo que por lo que dijo”, explicó un ejecutivo que lo escuchó en Manhattan.
La Casa Rosada sube al ring al gobernador porque cree que es el mejor contrincante para contrarrestar el modelo libertario y que tiene un techo que, llegado el caso, le impediría llegar a la Presidencia. Les conviene sostenerlo: por eso prenden velas para que su proyecto nacional siga cada vez más vigente. Por esa razón tanto el ministro Caputo como Milei lo levantan cada vez que pueden, en el plano local y en el exterior, como esta última semana. En la narrativa oficial, La Libertad Avanza agita el cuco del pasado. Esa narrativa fue aceptada además por los gobernadores.
Parte de esa estrategia quedó al desnudo esta semana en el Congreso, con dos tercios del gabinete en París, cuando el diputado Juan Grabois se trenzó en una muy caliente discusión con legisladores libertarios en un plenario de comisiones. El gobierno buscó capitalizar ese cruce con un proyecto para sancionar al dirigente. Entre los movimientos sociales dejan trascender que Grabois podría anunciar próximamente que se suma al proyecto de Kicillof. Es una posibilidad todavía en proceso de maduración.
“Los gobernadores del peronismo no se van a meter en la interna hasta abril o mayo. Los gremios se van a encuadrar con Axel, y no aparece nada de centro, el 100% termina ahí”, subrayó un dirigente social bonaerense que trabaja para la campaña del gobernador. En el caso de Grabois, hay altísimos dirigentes peronistas seguros de que ese entredicho subido de tono en el Congreso estuvo precedido por conversaciones previas.







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