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Política Nacional

Rige la veda electoral: qué se puede hacer y qué actividades prohíbe

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Este domingo se celebran elecciones primarias PASO) y como estipula el Código Nacional Electoral, rigen una serie de prohibiciones desde 48 horas antes de los comicios electorales.

La regulación existe para que el votante tenga un tiempo de “reflexión” previo a emitir el voto, no “contaminado” por propaganda política.

Pero la veda no solo incluye la prohibición de la propaganda política. ¿Qué otras actividades regula?

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Dos días antes

La normativa veta “la realización de actos públicos de proselitismo, y publicar y difundir encuestas y sondeos preelectorales, desde cuarenta y ocho horas antes de la iniciación de los comicios y hasta el cierre del mismo”.

Tampoco se puede “publicar o difundir encuestas y proyecciones sobre el resultado de la elección durante la realización de los comicios y hasta tres horas después de su cierre”, o sea, hasta las 21 del domingo.

Pero las redes sociales, que no existían cuando se creó el Código, cayeron en un vacío legal. Twitter, Facebook e Instagram, entre otras, están fuera de la veda.

Además, durante la veda tampoco se pueden “admitir reuniones de electores”, “ofrecer o entregar boletas”, ni abrir “organismos partidarios” en un radio de 80 metros de una mesa de votación.

12 horas antes y 3 horas después del cierre de mesas

Desde las 0 del domingo y hasta las 21 de ese día no podrán estar abiertas “las casas destinadas al expendio de cualquier clase de bebidas alcohólicas”, sean mercados, restaurantes o bares.

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“Evasor, no corrupto”: Milei compra las explicaciones de Adorni mientras el Gabinete espera una renuncia

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Javier, Adorni se tiene que ir.

Como si le quemaran por dentro, el funcionario escupió esas seis palabras y no dijo más nada. Sintió vértigo. Adrenalina. La boca del estómago cerrada. También, según le relató a sus colaboradores ese mismo día, creyó escuchar el lento fluir de su sangre en las venas alrededor de sus orejas y particularmente en la zona de su sien. Hubo algo de nerviosismo, sin dudas, pero la honestidad de sus convicciones y el profundo análisis previo que había hecho de la delicada situación política del oficialismo lo llevaron a estar seguro de que pronunciar esa frase era “lo correcto”. Sin embargo, no se bancó el silencio, que le pareció eterno, y completó:

Te lo blanqueo con el mayor de los respetos. Y sabés que jamás te diría lo que tenés que hacer porque no me corresponde. Pero esto es insostenible.

No fue la única persona que en esta semana frenética se animó a manifestarle al Presidente que la incesante polémica en torno al jefe de Gabinete se tiene que cortar de una vez. Que nadie en La Libertad Avanza puede comunicar las “buenas noticias” sin que les pregunten por el affaire. Que los resultados económicos más esperanzadores acaban tapados por la “mancha venenosa de Manuel”. “Hay un puñado muy chiquito de allegados que, siempre en privado, le expresamos lo mismo. Ojo: tampoco fuimos tantos”, se sincera otro de los valientes.

Todos y cada uno recibieron la misma respuesta: el enojo de Javier Milei. Irascible como nunca antes con el asunto, el primer mandatario les explicó que no va a entregar a su ministro coordinador y les exigió que no vuelvan a sacar el tema. Al que más insistió en su postura le congeló el contacto por WhatsApp. “Ya está, hice todo lo posible. No me expongo más por nada”, se resigna, ofuscado, un importantísimo miembro del ecosistema violeta con acceso, al menos hasta acá, a la intimidad de la Quinta de Olivos.

Pese a este panorama y a la resistencia de Manuel Adorni en su rol, en el corazón del poder admiten sin disimulo que se están viviendo horas muy complicadas en Casa Rosada y que “el futuro del hombre más puteado del país” no está “para nada” asegurado. “Puede pasar cualquier cosa en cualquier momento porque todo este quilombo es un descontrol”, dice un integrante del equipo de gobierno que jura que vio a Karina Milei y a Santiago Caputo más consternados que nunca por un escándalo que se les fue de las manos.

La nueva oleada de rumores con apellidos para eventuales reemplazos no para de crecer. Y no son pocos los que miran con atención los detalles del Decreto 130/2026, que definió el orden de reemplazo del jefe de Gabinete en caso de ausencia: es una formalidad, pero estableció que esa responsabilidad recae sobre la ministra de Capital Humano. “Ni en pedo quiero ese rol”, le escucharon decir a una Sandra Pettovello más que conforme por el acuerdo con las universidades públicas. “Empoderados” y con peso propio como Pablo Quirno, Diego Santilli, Federico Sturzenegger o Martín Menem, y “tapados y en ascenso” como la legisladora porteña Pilar Ramírez, el secretario de Asuntos Estratégicos Ignacio Devitt y la secretaria de Energía María Tettamanti, son tan solo algunos de los mencionados tras bambalinas. Cuando los nombran, todos miran hacia un costado.

Así las cosas, el razonamiento que hoy domina en el reducido círculo de confianza violeta es tan sencillo como riesgoso: Manuel Adorni no se va porque Javier Milei no quiere que se vaya. Punto. La declaración jurada, los dólares debajo del colchón, las criptomonedas, las contradicciones, el silencio de los ministros, el fuego amigo, la furia de los aliados, la presión judicial/legislativa y la espuma digital entran en una categoría secundaria para un presidente que lee casi todos los conflictos bajo una misma lógica de batalla: si concede, pierde; si retrocede, lo doblaron; si entrega una cabeza, el sistema ganó. El problema, claro, es que la función pública rara vez se acomoda con tanta prolijidad a las épicas personales.

Los pormenores numéricos de quien cada vez menos allegados llaman “Manu” con cariño dejaron gusto a poco incluso entre quienes todavía creen que no hubo enriquecimiento ilícito. “Es un evasor, no un corrupto”, arriesga uno de los pocos que respalda a Adorni. Esa es, por ahora, la frontera conceptual que eligió Milei para justificar su respaldo, más allá de que una porción cada vez más amplia del oficialismo ya no compra el costo de sostenerlo. En Balcarce 50 hay funcionarios que pasaron de la defensa cerrada al silencio táctico, del silencio táctico al fastidio y del fastidio a una pregunta que se repite, con distintas variantes, en despachos, chats encriptados y mesas reservadas: “¿Hasta cuándo?”.

En las horas que rodearon la presentación de la DDJJ y otras 22 rectificaciones hubo frases lapidarias en las principales oficinas violetas. “¿En serio laburaron casi cien días para esto?”. “¿Esto es todo?”. “¿Tenemos un plan B?”. “Mamita, nos va a hundir a todos”. “Ah, nos toma por boludos mal y eso le va a molestar mucho a la población”, fueron las sentencias más fuertes de funcionarios de primera línea ante Infobae en estricto off the record. El sentimiento reinante en el palacio gubernamental fue, una vez más, la incomodidad.

Un ejército de abogados y contadores del Estudio Ledesma, profesionales carísimos que cobran honorarios imposibles para un sueldo estatal, tardó horas en cargar todo lo que tenían que subir a las plataformas preparadas para la cuestión.

El trámite se formalizó horas después de que Adorni y su esposa adhirieran al Régimen Simplificado de Ganancias, un sistema creado en el marco de la Ley de Inocencia Fiscal que permite declarar ingresos y deducciones sin justificar el origen de los ahorros. En la Dirección General Impositiva se apuraron en aclarar que el mecanismo no implica un blanqueo, pero los habitués de los eventos del Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), especializado en combatir el lavado de activos, consignan que en la organización “no pueden creer” que se haya habilitado a Personas Políticamente Expuestas a poder usar este salvoconducto. ¿Todo tiene que ver con todo? El ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, invitó a Ariel Lijo a acompañarlo a Francia para participar del próximo plenario del foro: el juez que tiene la responsabilidad de investigar a Adorni aceptó el convite y estará en París entre el 15 y el 19 de junio.

Lejos de clausurar el caso, los papeles que recibieron la Oficina Anticorrupción y la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) abrieron una nueva línea de complicaciones; es que Adorni no solo puso sobre la mesa un patrimonio que ahora supera los 944 millones de pesos, sino que reconoció la existencia de dólares que hasta entonces no figuraban en su haber. Un necesario repaso sobre las tres grandes aristas que tiene la tesis oficial: 1) que parte de esos fondos venía de ahorros previos a su llegada al Estado; 2) que una porción relevante de sus tenencias, unos 506.000 dólares, se explica por operaciones con Bitcoin realizadas entre 2013 y 2018; y 3) que las omisiones no implican movimientos espurios, sino regularizaciones tardías de bienes que nunca debieron haber quedado fuera del radar fiscal.

Como se podía prever, cada pata abre una discusión distinta. Los ahorros sin declarar molestan a los aliados que hacen campaña con la bandera de la transparencia; las criptomonedas irritan a quienes encontraron viejas declaraciones públicas del propio Adorni en las que relativizaba o directamente las despreciaba como método de inversión; y la idea de que todo se arregla pagando lo que corresponda genera un efecto político bastante más corrosivo ya que instala la sensación de que el ministro coordinador pide para sí mismo una indulgencia que el Gobierno jamás le habilitaría a un adversario.

Esta conjunción de factores envenenados son los que más lastiman puertas adentro. Adorni no era ni es un actor político lateral, ni un técnico silencioso, ni un ministro sin voz pública. Fue, durante más de dos años, el gran fiscal moral de LLA. El hombre del atril. El que repartía certificados de decencia y condenas de casta con una seguridad litúrgica. Por eso sus justificaciones no se miden con la vara de cualquier funcionario. Y ahí es donde el expediente empieza a volverse insoportable para muchos de sus compañeros de ruta. La campaña de 2027, que hasta hace poco parecía una abstracción lejana, empieza a condicionar cada movimiento del poder libertario. “No podemos regalar nada, y menos en este contexto económico lleno de tantos desafíos”, evalúa un integrante de la Mesa Política.

En paralelo, Adorni superó a Adorni: según un reporte de la consultora Ad/Hoc, las menciones digitales sobre el jefe de gabinete superaron este jueves 11 de junio las 319 mil y dejaron atrás el pico del 12 de marzo, cuando pronunció el tan condenado concepto de “deslomarse”. Además, durante esa jornada fue mencionado 2,3 veces más que el propio mandatario libertario. Otro estudio, de Reputación Digital, confirma la condena emocional: el 78,5% de las menciones analizadas expresó ira y el término más repetido fue “chorro”.

En esa lógica se explica también la soledad comunicacional de Adorni en estas jornadas de tormenta. Nadie salió en masa a defenderlo. Nadie pidió cadena nacional de tuits. Nadie armó un operativo militante coordinado. Hubo gestos aislados como el de Santiago Oría, que escribió en X que había quedado claro que Adorni no robó y que el periodismo mintió. Milei lo retuiteó. Nada más.

Un apunte sobre el Director de Realizaciones Audiovisuales de Presidencia de la Nación: quiere competirle a la potencia digital de Las Fuerzas del Cielo con su medio “Contrarelato” pero su cuenta de Instagram tiene menos de 7000 seguidores. “Manuel Adorni demostró en vivo que su patrimonio está en regla”, posteó después de la entrevista en LN+. Los primeros comentarios no generaron la reacción esperada: “Jajajaja, cada uno cree las mentiras que quiere. Ni siquiera servís para mentir”, “Es joda no???? Jajaja ni Capusotto se atrevió a tanto”, “Decime que dibujaste la declaración jurada, sin decirme que dibujaste la declaración jurada” son algunos de los cuestionamientos en un medio que quería generar lo contrario.

El fastidio de Luis Caputo merece un capítulo aparte. En las últimas semanas, el ministro de Economía empezó a ocupar un lugar que hasta hace no tanto parecía reservado para el ex vocero: el de comunicador central de las buenas noticias del Gobierno. Caputo explica, celebra, anticipa, baja línea, ironiza. Y esta semana tenía material de sobra para intentar instalar una narrativa de alivio: mejora en la evaluación de Standard & Poor’s, caída del riesgo país hacia la zona de los 450 puntos y su consecuente euforia bursátil y una inflación que volvió a ubicarse en el 2,1%. Pero esa agenda fue devorada por el apellido Adorni. “Toto está podrido, aunque no lo diga”, reconoce una voz frecuente del oficialismo económico.

Otro capítulo de novela de terror se dio en la convulsionada reunión de la mesa política. Si bien con algo de atraso “El Jefe” dio el OK para difundir una foto de ocasión, lo cierto es que los presentes casi se atragantan con la torta que el propio jefe de Gabinete mandó a comprar para una Patricia Bullrich que cumplía 70 años. La senadora, que venía de calificar la conducta de su coordinador como “más que un error” y una “omisión ética”, fue aún más implacable en privado: varios testigos afirman que el cruce entre los dos “fue muy picante”. Ella lo apuró por el desgaste que está generando y él le suplicó que tuviera códigos y no diga lo que dice en los medios. La escena transcurrió ante el silencio de Karina. De película.

Con ese telón de fondo, el PRO decidió endurecerse. El comunicado del partido fue mucho más que un gesto institucional para cubrirse ante la opinión pública: fue una señal directa a Milei. “Un funcionario no puede decirles a los argentinos y al Congreso Nacional que no ocultó nada, y después admitir que sí lo hizo”, plantearon desde el macrismo. Y después redoblaron la apuesta: “Presidente: los que estamos apoyando al cambio queremos que usted defienda el cambio y no a Adorni”, escribieron.

Comunicado PRO – Adorni

La oposición, mientras tanto, encontró una hendija. En el peronismo saben que el caso erosiona a la gestión aunque reconocen que la fragmentación opositora limita cualquier intento de capitalizarlo con eficacia. “Se están desangrando solos, pero nosotros tampoco tenemos demasiada capacidad de daño”, grafica un legislador de Unión por la Patria que mira el asunto con una mezcla de entusiasmo y resignación. La Coalición Cívica, con la firma de Mónica Frade y Maximiliano Ferraro, avanzó con una nueva denuncia penal por “omisión maliciosa”, un delito que tiene una pena que va de los 15 días a dos años de prisión e incluye inhabilitación perpetua. Y Victoria Villarruel, siempre atenta a cualquier oportunidad para incomodar al Ejecutivo, reclamó que el jefe de Gabinete se presente en el Senado para cumplir con el informe mensual que exige la Constitución; si sobrevive a las renovadas turbulencias, lo va a hacer en julio.

Como si esto fuera poco, un variopinto conjunto de diputados volvió a empujar la moción de censura, contemplada en el artículo 101 de la Constitución, que podría terminar con la remoción del ministro coordinador. Por las dudas, Santilli viene llamando a gobernadores para que no apoyen esa idea en el Congreso. “No pasa nada: si hacen esa locura, Milei puede volver a firmar la designación y sentarlo nuevamente en el cargo”, arriesga uno de los pocos dirigentes que respalda a Adorni. En la Argentina libertaria las sorpresas siempre están a la orden del día.

En la intimidad del poder liberal libertario hay quienes todavía creen que el caso puede empezar a diluirse si la economía entrega buenas noticias sostenidas y si la Justicia no produce novedades explosivas. Es la apuesta clásica de cualquier oficialismo acorralado. Pero hasta los optimistas, que se cuentan con los dedos de una mano, confiesan que esta vez el daño es distinto: Manuel Adorni es funcionario que debió corregir su propia historia patrimonial después de haber afirmado con soberbia, en el palacio legislativo y en conferencias de prensa, que no existía “ocultación alguna”. “Mintió. Nos mintió a todos”, dice un dirigente que le tiene cariño personal pero que ya no le ve futuro político.

“Javier no lo va a entregar así nomás porque sería admitir que le doblaron el brazo”, repite uno de los hombres que todavía defiende la decisión presidencial. Del otro lado, una funcionaria que pide reserva absoluta ofrece una síntesis mucho menos heroica: “El problema es que por no entregar a Manuel nos estamos entregando todos”. Entre esas dos posturas se mueve hoy el Gobierno.

Adorni, por ahora, resiste. Pero resiste de una manera rara: sostenido arriba y debilitado abajo. Tiene el respaldo del Presidente, que es lo más importante en cualquier gobierno hiperpersonalista. Aun así, perdió frescura, perdió margen, perdió autoridad comunicacional y perdió parte de la paciencia interna. En el mejor de los casos para él, seguirá en funciones con una cicatriz visible. En el peor, terminará descubriendo que en el poder libertario el apoyo presidencial puede ser intenso, vehemente y hasta sincero, pero no necesariamente eterno. En estos tiempos para el olvido de los fanáticos del institucionalismo, el jefe de Gabinete conserva el cargo pero ya no conserva el control de su destino. ¿Fin?

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“Campaña permanente”: Bullrich profundiza su autonomía y expone la necesidad de los Milei por sostenerla

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“Con Patricia no alcanza, sin Patricia no se puede”, ilustró ayer, con cierto grado de humor por la alusión a Cristina Kirchner, un importante referente libertario. “Ni en pedo se va Patricia”, agregó, poco sutil, un alto funcionario de la Casa Rosada, dos horas después de que Patricia Bullrich volviera a desmarcarse de la bajada de línea de los Milei sobre Adorni

En la Casa Rosada ratifican a la ex PRO por pura necesidad de retener el voto huérfano amarillo que acaparó Milei, y en el entorno de la propia titular del bloque de La Libertad Avanza en el Senado la sienten intocable. Están convencidos no sólo de que no se va, sino que su figura es de alta importancia para el Gobierno, donde tiene una libertad de acción quizás inédita en el celoso y estricto reinado de Karina Milei.

De hecho, aseguran con confianza, Bullrich mantendrá intacto su esquema de “campaña permanente”, con frecuentes mensajes, tuits y spots para sacar provecho de los momentos políticos -aunque compliquen al Gobierno, como en el caso de la respuesta a Adorni. También tiene previstos viajes al interior: uno de los próximos es a Santa Fe, viene de Mendoza y Chile, y planea una nueva actividad en CABA. Y, sobre todo, sin consultar sus pasos y planes a nadie que no integre el círculo bullrichista.

Bullrich participa de la mesa política del Gobierno como una más, por debajo del liderazgo de Karina Milei y del propio Adorni, al que fustiga por su causa por supuesto enriquecimiento ilícito cada vez que tiene oportunidad. De hecho, ayer estuvo en la más reciente edición de esa instancia de decisiones que comanda el jefe de Gabinete a pesar de que minutos antes había emitido declaraciones contra Adorni y su falta de “ética”. Pero en paralelo Bullrich mantiene vigente, semana a semana, su propia instancia de decisiones estratégicas.

La mesa política de Patricia Bullrich se reúne todas las semanas, sin falta, y actúa en modo de “campaña permanente”, tenga o no un rumbo claro hacia un cargo específico. Está integrada por su Director de Comunicaciones y vocero histórico, Carlos Cortés, el ex diputado nacional Gerardo Milman y actual Damián Arabia, y el legislador porteño Juan Pablo Arenaza, junto al asesor en estrategias digitales, funcionario en el Ministerio de Seguridad, Lucas Palatnik, entre otros.

Esa mesa, por caso, diseñó el video con la canción “Se dice de mí” que difundió Bullrich en sus redes el lunes, y que cayó como un balde de agua fría en el karinismo, porque fue registrado como evidencia cabal de que Patricia coquetea con la posibilidad de presentarse como candidata a la Presidencia a pesar de que Milei ya manifestó sus intenciones de buscar la reelección y la quiere como jefa de Gobierno de la Ciudad. En el bullrichismo, en cambio, ven bien que la karinista Pilar Ramírez se quede con CABA. “Sería lo natural”, deslizan, mientras los libertarios niegan que esa sea una opción real.

Cuentan que fue “Gerry” Milman quien le susurró al oído y envalentonó a Bullrich con la posibilidad de apuntar nuevamente a la Presidencia, aunque en su entorno aseguran que no hay ninguna intención de su parte en ese sentido. Además, ella “no necesita que la convenzan de nada”, dicen.

Bullrich está en boga desde que se plantó con Adorni, se envalentonan en su círculo, donde la miden prácticamente todas las semanasSubió en las encuestas, recibe más invitaciones a eventos, y el nivel de atención que recibe en los medios y las redes es exponencial. De todas formas, en un ejercicio de realismo, algunos de los que trabajan con ella desde hace décadas no se dejan endulzar. “Ella tiene picos, pero también bajones. Y en general está estable. Pero nunca se va a la B”, dijo un colaborador.

El mencionado video con la versión de “La Joaqui” de la mítica canción de Tita Merello fue el segundo del año en tono de spot de campaña. En el verano, Patricia Bullrich había lanzado uno similar, con el tema Vogue, de Madonna, por la reforma laboral.

Ella y su equipo están abocados a la misión de que la tarea legislativa, que los políticos con ambiciones de liderazgo evitan, no apague a Bullrich. “En un lugar donde hay riesgo de transformarte en un dinosaurio hay que ser creativo”, deslizan. Pero se muestran confiados en su voluntad, férrea y diaria, de mantenerse en el centro de la escena, aunque le cueste ganar enemigos en el propio Gobierno. Por el momento, esos enconos internos en su contra están latentes, pero bien disimulados.

Sin ir más lejos, el Presidente le publicó ayer una dedicatoria por su cumpleaños número 70, a pesar de que todo el Gobierno daba por sentado que la senadora volvería a caerle a su protegido Adorni. Y una vez concretada la crítica de Bullrich, Karina Milei redobló las demostraciones de cariño, con una foto de Bullrich frente a una torta de cumpleaños en la mesa política. “Debatimos la agenda legislativa que tenemos por delante en una nueva reunión de la mesa política. Y no pasó desapercibido el cumpleaños de Patricia .¡FELIZ CUMPLE PATO!!“, escribió la secretaria general de la Presidencia.

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Manuel Adorni en su hora más difícil: el fuego amigo, la presión de los aliados y el respaldo de Milei

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Desde hace tres meses, el Gobierno repite una y otra vez la misma secuencia que tiene como protagonista a Manuel Adorni, investigado por presunto enriquecimiento ilícito. Mientras la Casa Rosada multiplica sus esfuerzos por cambiar la agenda, la oposición, pero en particular los propios y aliados, tensionan al oficialismo y vuelven a posicionar el tema en la primera plana de los principales medios de comunicación.

Indiferente a la presión, el presidente Javier Milei evita correr a su jefe de Gabinete y asume el costo político por mantenerlo, aun cuando la causa continúa erosionando la imagen de su gestión.

“Nadie decide nada y las cosas van ocurriendo”, planteó una fuente que transita Balcarce 50 para explicar la permanencia del ministro coordinador en la plana mayor del poder, pese al desgaste que suponen los constantes movimientos en la investigación judicial. “Milei no piensa como cualquier político. No le importa que caiga. Tampoco lo político del tema”, matizó un funcionario.

Tras la reaparición mediática de Adorni, la valoración de la performance varía en función del despacho al que se recurra. En el entorno del afectado se convencen de que logró que la sociedad “empatizara” con su explicación del ahorro en negro y sostienen que su inocencia ante las acusaciones fue bien receptada. “No es un chorro y eso quedó claro. Estuvo hiper sólido”, destacaron.

No obstante, hay otras lecturas no tan optimistas. Pese a las marcadas diferencias, una coincidencia unifica al Triángulo de Hierro: la entrevista a LN+ fue un mensaje en clave judicial y, según detectan, logró su cometido. “En Tribunales sirve esta explicación”, plantearon desde el entorno del asesor presidencial, Santiago Caputo“Solo importa lo judicial y fiscal”, coincidieron desde el karinismo.

Ante la persistencia del tema, hay quienes detectan -con marcada resignación- el impacto de la causa en la gestión diaria, aunque no esperan una definición del Presidente sobre el tema. “Lo de ayer fue la presentación en vivo de una estrategia judicial. Todo se subordinó a eso, incluso el Gobierno”, admitió un alfil violeta ante este medio.

Lo cierto es que Adorni dedicó la semana a emprolijar la declaración que presentó ante la Oficina Anticorrupción -que se hizo pública en la web a la misma hora en la que iniciaba el Mundial 2026- y ensayó una explicación mediática de la misma con la ilusión de pasar definitivamente la página de una historia que le trajo más de un dolor de cabeza.

En esta oportunidad no hubo operativo clamor en redes, más allá de las historias de Instagram que le dedicó el mandatario para respaldarlo, sino todo lo contrario. Las únicas expresiones públicas de ajenos, propios y aliados apuntaron a cuestionar la versión sobre las Bitcoin y terminaron por acorralar a la administración libertaria que mantiene -al menos por ahora- su postura de sostener al ministro coordinador.

Como era de esperar, Patricia Bullrich volvió a tomar distancia y complicar los planes del oficialismo al calificar las explicaciones como una “omisión ética”. Las declaraciones de la legisladora no sorprendieron en la mesa política que, pese a la rudeza de sus palabras, volvió a fingir demencia y a festejarle los 70 en la reunión del jueves.

Entre bizcochuelo de vainilla con crema y cafés, los interlocutores -casi todos en tensión- realizaron un repaso de la agenda legislativa y el status de cada proyecto como si nada más pasara. “Martin Menem y Caputo se mataron y fingieron demencia. Con esta boludez, tampoco pasa nada”, minimizó un integrante del reducido círculo ajeno a las pujas.

Al principio, la foto de la insólita escena no fue difundida, pero, unas horas después, fue Karina Milei quién la hizo pública en sus redes. También fue la primera en saludar a Bullrich, seguida por Adorni. Todo un intento de querer mostrar una unidad forzada. Al término de la reunión, el ministro coordinador comunicó que cumpliría con su obligación de presentarse ante el Senado en una nueva ratificación de su lugar en la gestión.

A contramano de las gestualidades, la tensión de la legisladora con varios integrantes del Poder Ejecutivo no merma. “Le está complicando el laburo a todo el mundo. A Toto (Caputo), a Federico (Sturzenegger), al Presidente”, afirmó un ministro. “Patricia tiene otra lógica, la de la vieja política. Ella tira, tensa y muestra que tiene capacidad de daño, pero no rompe. Igual, como todo, va a pasar”, vaticinó un funcionario.

Detrás de las afirmaciones se esconde la determinación de la administración libertaria de sostener a la legisladora. La decisión no responde a su alineamiento ni a su trabajo en “el resurgimiento que hará grande a la Argentina nuevamente”, como expresó Milei en el saludo cumpleañero, sino a su volumen político y su peso propio en el Senado.

“Es cierto que antes los fletábamos por menos, pero acá no se puede echar a nadie que esté adentro. En el Congreso tiene un monopolio de senadores”, admitió una voz del ecosistema. Bullrich lo sabe y se mueve en consecuencia.

En sintonía, y en un sorpresivo movimiento, la mesa nacional del PRO resolvió hablar de “falta grave” y criticar el “error” que Adorni admitió en la confección de sus declaraciones juradas de 2023 y 2024. “No tiene ninguna justificación posible. No podemos seguir alimentando polémicas evitables, contradicciones innecesarias ni episodios que erosionan la confianza pública”, se expidieron. Desde la dirección del espacio admitieron que se discutió un mensaje incluso más duro.

La primera en marcar la distancia fue Victoria Villarruel, que planteó que las explicaciones y el accionar del funcionario eran “una vergüenza”. Horas más tarde, presionó al Jefe de Gabinete para que anticipe su informe de gestión en el Senado previsto para julio. Lo que desconoce Villarruel es que el equipo del ministro coordinador planeaba la visita para el mes de agosto.

La contundente opinión de la vicepresidente sobre la entrevista de Adorni

“No vamos a responderle a Vicky”, plantearon desde el entorno del ministro coordinador, que prepara su estrategia de defensa para hacer frente a la moción de censura que la oposición presentó en la Cámara de Diputados.

La secuencia se repite: una nueva revelación da pie a otra explicación y a un nuevo intento oficial por dar vuelta la página. Sin importar el costo político ni las dificultades para capitalizar los primeros indicadores económicos positivos, el Presidente mantiene intacta su decisión de sostener a Adorni. La incógnita ya no pasa por conocer cuál será el próximo capítulo, sino cuánto tiempo más podrá el Gobierno convivir con una historia que, tres meses después, parece no tener fin. Porque en Balcarce 50, igual que en Macondo, el tiempo no pasa, da vueltas en redondo.

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