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Un día con Diego Santilli: viaje al corazón del poder kirchnerista

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Diego Santilli acelera el paso cuando irrumpe en la peatonal de San Justo. En el corazón de La Matanza, sede central del kirchnerismo, sus asistentes esquivan transeúntes y le recuerdan que Horacio Rodríguez Larreta lo espera a una cuadra, en el cruce de Ignacio Arieta y Perú. “¿Qué pasa? ¿Está ansioso, ‘el pelado’?”, les devuelve el precandidato. Lo siguen a toda marcha Alejandro Finocchiaro, Jorge Lampa y Héctor “Toty” Flores, anfitriones de la incursión por el bastión peronista de Fernando Espinoza. Apenas Santilli se estrecha en un abrazo con Larreta, su jefe político, una melodía interrumpe en escena y sorprende a los visitantes porteños. En los parlantes de una casa de cambio resuenan a todo volumen las estrofas de la marcha “Los muchachos peronistas”, insignia del PJ. Es la primera señal de que están pisando territorio enemigo.

Apalancado por el jefe porteño, Santilli se alista para la interna con Facundo Manes, su rival en las PASO. Hace semanas encabeza un raid diario por los distritos más poblados del conurbano, donde se define la elección, e intercala visitas relámpago, durante los fines de semana, al interior de la provincia. En el territorio, sin el traje de vice porteño ni el control de la botonera de seguridad de la Capital, se aferra a mostrar “cercanía” con los vecinos mientras exhibe sus credenciales de “gestión” porteña. Lleva consigo los principales mandamientos proselitistas del larretismo para su primera experiencia de campaña en Buenos Aires, epicentro de batalla electoral con el kirchnerismo.

Con una personalidad histriónica y un lenguaje llano, el emisario de Larreta apela a constantes metáforas y chicanas futboleras para reconquistar a los bonaerenses que quedaron desencantados con Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. Si bien cuenta con el respaldo de la maquinaria electoral de la Ciudad y de referentes nacionales de JxC, como Larreta, Patricia Bullrich o Elisa Carrió, el exvice porteño prefiere llegar al test de las primarias de punto, y no de banca: “Me gusta jugar de visitante. ¡Nosotros somos Chacarita!”, alecciona a sus armadores.

En el ritmo frenético de la campaña, a Santilli le cuesta conciliar el sueño. “Otra vez no pude dormir, che. Es una herencia familiar”, dice mientras se acomoda en el asiento acompañante de la camioneta de “Jorgito”, como llama a Jorge Lampa, alfil de Pro en La Matanza y gerente de “El Palacio de la Papa frita”, un clásico de la avenida Corrientes. Al volante, el gastronómico oficiará de guía durante la travesía proselitista en el distrito más populoso de la provincia. Desde que empezó a recorrer, Santilli ya estuvo en el principal bastión peronista unas once veces. Allí, Alberto Fernández y Cristina Kirchner le sacaron una ventaja abrumadora de cuarenta puntos a Macri en 2019. La diferencia fue de unos 324 mil votos.

Faltan minutos para las nueve de la mañana y Santilli se prepara para una “prueba de fuego”: después de una reunión con vecinos en Ramos Mejía, tendrá que caminar por la peatonal de San Justo, a metros del Palacio Municipal, y hará su debut como candidato en Laferrere, un territorio hostil para el macrismo.

Todos los días, antes de acostarse, Santilli recibe en su teléfono una hoja de ruta para la jornada siguiente. confecciona la agenda su jefe de campaña, Jorge Grindetti, con la asistencia de Federico Suárez, encargado del discurso de Santilli, y Federico Di Benedetto, estratega de comunicación de Larreta. El esquema está preconfigurado : los lunes, martes y miércoles “peinan” los centros urbanos del conurbano. Y el jueves y el sábado organizan viajes al interior de la provincia, donde Juntos por el Cambio tiene mejor imagen.

Mientras la camioneta avanza por la avenida General Paz, Santilli observa por la ventanilla el paisaje del ecosistema político al que aspira gobernar. Debe probarse en un escenario donde permanece latente el malestar por la gestión económica de Macri y en el que, por el “aparato” de contención en el conurbano, Cristina conserva “25 puntos” de base. Pero sus referentes territoriales advierten un cambio en el reclamo que brota de los sectores más postergados: “La gente está pidiendo trabajo, no planes”, sintetiza Lampa. Santilli nota un creciente clamor ciudadano por la inseguridad y el avance del narcotráfico. Santilli nota un creciente clamor ciudadano por la inseguridad y el avance del narcotráfico: “Hay barrios donde los vecinos no pueden caminar después de las cuatro de la tarde por miedo a los narcos”, lanza. Después de bordear el Hospital Posadas, arroja un diagnóstico contra el FDT: ve un gobierno “ausente”, sin sentido común y “lejos de la sociedad”. Y machaca: “Esto es educación, salud y seguridad”.

Inmerso en la realidad social bonaerense, se enoja cuando Sebastián, uno de sus asesores, le recuerda que Manes lo presiona con debatir antes de las PASO. “Es increíble. Los periodistas corren atrás de [Victoria] Tolosa Paz y el kirchnerismo no debatió en su puta vida”, exclama, con el dedo índice levantado. Y recuerda que el último debate en Buenos Aires fue entre Antonio Cafiero y Juan Manuel Casella en 1987. “No les damos pelota, hay que estar en la calle”, completa.

Después de la polémica por el pedido de Manes (“Espero que no usen los impuestos porteños”), Santilli reconoce que hacer campaña en Buenos Aires es “carísimo”. Pero se jacta de haber apostado por invertir en las reuniones “bimodales” con vecinos: “Hicimos cero actos, que es lo más costoso”. Ante sus colaboradores, se queja de que en las rutas de la costa atlántica vio más carteles de Florencio Randazzo o de Manes que de él. De todos modos, luce entusiasmado con su nivel de conocimiento. Admite que la pandemia fue clave para tener visibilidad y que las recorridas con “H”, como llama, a veces, al jefe porteño, le suman músculo: “Nos ven como una dupla”, cuenta.

Al llegar al club Bet Am del Oeste, Santilli se disgusta con Lampa cuando ve a decenas de personas agolpadas, en fila frente a la puerta: “Jorge, nos van a matar [por la pandemia]. Esto no es un estadio”. En la esquina de Laprida y Saavedra lo esperan integrantes de su equipo de comunicación y alfiles locales. Le recomiendan saludar a los que se anotaron y no podrán ingresar al salón por falta de espacio. Rosario, una señora mayor, lo intercepta y le pide seguridad. “Dame tu dirección y yo te voy a visitar”, le promete. De repente, uno de sus asistentes pasa corriendo con una planilla para anotar los datos de los vecinos. “Yo te fiscalizo en dos escuelas”, le enrostra una mujer para ver si logra que la dejen entrar. Mientras se saca selfies para calmar los ánimos, Santilli se disculpa: “No hay más lugar adentro. Anótense en la lista y nos tomamos un café en Rocky”. Antes de ingresar, Santilli gira y le dice a este cronista: “Y eso que estos no son militantes nuestros, eh”. Los encuentros “bimodales” con vecinos, todo un sello larretista, se convocan a través de un call center, mails o redes sociales.

Cuando ingresa al salón, Santilli se pone el traje de showman. Como un conductor televisivo, les da la palabra a los asistentes que participan del encuentro vía Zoom y anota sus nombres y preguntas en una planilla. “La Ciudad no es la NASA. Se necesita decisión política”, les dice. Santilli busca empatizar: se golpea el pecho al escuchar a una docente, asiente con la cabeza cuando brotan las críticas a los jueces por la “puerta giratoria” y no se fastidia cuando lo interpelan. “¿Qué pasó con Vidal?”, le reprochan. Cecilia, sentada en la primera fila, lanza: “¿Cómo hacemos para que cumplan las promesas? Después de la campaña desaparecen”. Desde un costado, un hombre le pide impulsar un proyecto para dividir La Matanza, mientras despotrica contra el PJ: “Nosotros nos sentimos la Cataluña de La Matanza. Yo sé que vos venís del peronismo, pero sos otra cosa”, le dice y levanta una ola de carcajadas. Santilli se encoge de hombros, sonríe y suelta: “Hace 17 años que estoy en Pro”.

Después de cerrar una charla con una arenga, Santilli se saca fotos y recibe hojas con propuestas y hasta un curriculum vitae. Dos de sus asistentes lo ayudan a salir del salón y se sube a la camioneta. Apenas Lampa arranca el motor rumbo a San Justo, donde lo espera Larreta, Santilli se da vuelta y exclama ante la mirada de Finocchiaro: “Ni uno me dijo por qué crucé la General Paz”. Sus armadores hacen un balance de la tertulia y lo felicitan por la performance. Él no oculta el entusiasmo y admite que salió con una “leve sensación de esperanza”. “Yo soy un mestizo. En el conurbano me dicen peronista y en el interior me asocian con Pro”, reflexiona. Finocchiaro lo celebra: “Está bueno porque podés jugar con las dos cosas”. Sebastián, su asesor, los interrumpe para decir que Larreta ya lo está esperando en la peatonal de San Justo. “El Pelado está cerca del café Tokio”, lo notifica. Finocchiaro le avisa: “Colo, mirá que acá nos pueden mandar a alguien para que te diga ‘gorila’ o ‘chorro”. Envalentonado, Santilli no se inquieta: “Ale, me chupa un huevo”. Cuando se baja de la camioneta, un joven lo intercepta y lo chicanea por la eliminación de River de la Copa Libertadores. “¿Cómo caí? Qué boludo”, se autoreprocha. Mientras cruza la plaza frente al palacio municipal, Santilli lee en voz alta el mensaje ploteado en un patrullero: “’La Matanza avanza’. ¿Será verdad?”, suelta con una mueca socarrona.

Ya en la peatonal, Santilli saluda a los militantes de Juntos, que lo esperan con pecheras en las mesas. Una mujer lo increpa mientras lo filma con su celular: “Qué van a pelear por los salarios del personal de salud, caradura”, le dice, mientras el exvice jefe porteño entra a un local. Ya con Larreta, que llega rodeado de asistentes, se sacan fotos con Flores y Finocchiaro. “Hay buena onda de la gente”, evalúa el alcalde, quien mira las legislativas como un globo de ensayo de su proyecto presidencial para 2023. “Ni loco vamos a aflojar”, exclama Larreta al despedirse de una vecina. Después entran a otros dos negocios, guiados por sus colaboradores, para charlar con los encargados. Antes de que lleguen Larreta y Santilli, Silvia, a cargo de eventos y organización, sondea con referentes de Pro a los comerciantes del lugar para coordinar la visita del candidato. La escena se repite al mediodía frente a la estación de tren de Laferrere, en la esquina de Avenida Luro y Piedrabuena. “Acá el paisaje es otro”, soplan los armadores de Santilli. En medio de un hormiguero de personas y un caos de tránsito por las obras para construir una peatonal, Santilli se baja de la camioneta que traslada a Larreta para recorrer juntos la zona. Los esperan el diputado nacional Hernán Berisso (Pro) y Flores, alfil de Carrió. Un puñado de asistentes, con cámaras de filmación en mano, los persiguen por la vereda. Son imágenes, “enlatados”, como dicen en la jerga de la comunicación de la campaña, que minutos después se difundirán entre los medios. “¿Diego, viste lo que es caminar por Laferrere?”, le dice “Toty”. Larreta se muestra involucrado con la travesía. Se saca selfies y pide el voto para su candidato: “Bancame a Santilli en la provincia, eh”, le responde a un vecino. La comitiva avanza y se escuchan algunas críticas: “Juira, Santilli”, grita un joven. Otro hombre se enfada con el tumulto: “¡Cómo aparecen ahora los políticos en campaña!”. “Respeto, por favor”, reclama una militante de Pro.

A bordo de nuevo de la camioneta de Lampa, Finocchiaro se envalentona por el termómetro de la recorrida en Laferrere y motiva a Santilli: “Gran prueba pasaste. No se escuchó ni una puteada”.

Faltan minutos para las 16 y Santilli está demorado. En el barrio Santa Rita, en González Catán, lo esperan Bullrich y Pichetto, sus laderos para la actividad vespertina. Cuando la titular de Pro lo divisa, rompe el silencio: “¿Este no se animó a meter el auto?”. “Prefiero caminar, Patri”, le dice el candidato. En el barrio, le explican dos vecinos a Santilli, hay dos canillas con agua potable para unas 60 familias. Después de la foto y el video para redes, Rosa les pide a Santilli y Bullrich que la acompañen hasta la casa, ubicada a tres cuadras. “Acá llueve y se inunda todo”, les suplica. Sentado en un banco, un joven mira al candidato, lo llama y le dice: “Te vi anoche con [Claudio] Rígoli en Canal 9”. Santilli lo festeja como un gol. “La esperanza está en ustedes”, le contesta. “Me mató con esa frase. Yo voy a ser diputado y lo único que puedo hacer en el Congreso es pelearme”, se lamenta cuando abandonan lugar.

Cuando cae la tarde, Santilli, Bullrich y Pichetto ingresan a la casa de Nelly, madre de dos víctimas de inseguridad. Le prometen mover contactos en la Justicia para acelerar los tiempos del juicio y activar al Ministerio de Seguridad porteño para encontrar a uno de los prófugos por el crimen de Alejandro, policía acribillado frente a la mujer en Navidad.

Concluida la charla, Santilli y sus laderos atienden a los medios locales. Parece desplomado después de escuchar el relato de la mujer y sus colaboradores le hablan para levantarle el ánimo: antes de que anochezca necesitan una foto con los militantes de Pro y candidatos locales: “Esta es la parte bizarra de la campaña. Lo otro es lo normal”, bromea Santilli. Cuando llegan a la estación San Justo, recupera el ímpetu. Lo esperan con carteles y banderas de Pro y argentinas: “Sí, se puede”, le gritan. Él salta al ritmo de Sergio Denis. Se da un baño de militancia. Después de la seguidilla de selfies, y de grabar un video para Tik Tok, lanza la última gracia: “Yo no soy un robot como Horacio. Vengo y me pongo a bailar y saltar”.

(La Nación)

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Axel Kicillof trata de tomar distancia de la interna del peronismo y busca consolidar su armado político

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Axel Kicillof tiene la pretensión de esquivar la interna peronista, mantener el enfrentamiento público con Javier Milei y consolidar el Movimiento Derecho al Futuro (MDF). Por ahí pasa su agenda política de estos días, donde el ruido de la interna con el cristinismo volvió a estar a su alrededor y en la que el Gobierno retomó su agenda de confrontación sistemática con la oposición.

El mandatario bonaerense prefiere correrse de las discusiones que se desatan en el peronismo de la provincia entre los propios. Casi nunca habla de eso en público. Está dispuesto a desandar su propio camino respecto a la estrategia política que planteó con su círculo más chico, que reside en La Plata y los intendentes de su mayor confianza.

En ese andar, está tratando de darle forma y volumen a su agrupación política, pero con el objetivo claro de darle sustento a su candidatura presidencial. Ante la atomización del peronismo y la falta de un liderazgo claro, el gobernador decidió mantener activo su perfil más político con actividades vinculadas a su esquema político.

En una carta de presentación que publicó el sector femenino del MDF, aseguran que “el Gobierno nacional nos plantea una guerra entre los géneros, negando la histórica desigualdad que buscamos revertir” y “argumenta que nuestra agenda de lucha es falsa e innecesaria; busca dividirnos tratando a nuestros derechos como privilegios.”
En ese sentido, indicaron que el Poder Ejecutivo nacional tiene el “objetivo de ocultar los verdaderos efectos de su proyecto económico” y que sus políticas son “para unos pocos privilegiados y nada para las mayorías”. “Es simple de comprender su objetivo: si las mujeres perdemos derechos, se nos podría volver a explotar como a inicios del siglo XX. Nos quieren en soledad, asumiendo como déficit propio la crisis económica y laboral de nuestros hogares. Nos quieren individualistas, compitiendo y desconectadas entre nosotras”, indicaron.

Al mando de la organización de ese esquema está la Ministra de las Mujeres, Políticas de Género y Diversidad Sexual de la provincia de Buenos Aires, Estela Díaz. La intención de ese sector interno del MDF es construir una red federal de mujeres en cada provincia y municipio, para que haya un espacio de formación y articulación política. Es una forma de ir construyendo las bases territoriales del proyecto presidencial de Kicillof.

Un puñado de días después se presentará el MDF Salud, en La Plata, con el objetivo de sumar miradas sobre la situación sanitaria y discutir qué políticas públicas pueden implementarse más allá de las fronteras de la provincia de Buenos Aires. Buscarán generar un debate que se extienda en todo el país y que sirva como base de un proyecto de gobierno.

A cargo de la organización de esa área está el ex ministro de Salud bonaerense Daniel Gollan, quien, después de su salida del Gabinete bonaerense cuando se convirtió en legislador nacional, se mantuvo siempre cerca de Kicillof. El diputado es uno de los kirchneristas históricos que empuja la candidatura nacional del gobernador.

“Constituimos el MDF Salud Moreno. Con Kicillof a la cabeza, los trabajadores de la salud bonaerense están batallando contra las desastrosas políticas sanitarias de Milei; un abandono que pone en riesgo de vida a millones de argentinos”, escribió el ex ministro en sus redes sociales en la tarde de ayer, luego de participar de una actividad política en el municipio que conduce Mariel Fernández.

La intención que tiene Kicillof es que las ideas que se trabajen en cada sector terminen siendo canalizadas en el Centro de Estudio de Derecho al Futuro (CEDAF), que se presentó algunas semanas atrás y que tiene como objetivo ser la estructura que contenga a los equipos técnicos. Es decir, la que dote de información, proyección, análisis y cuadros de situación la candidatura del economista.

El gobernador pone el foco en la construcción y expansión de su armado político, mientras confronta día a día con Milei y su gestión. Ayer, por ejemplo, se reunió con intendentes que estuvieron en la puerta del Ministerio de Capital Humano, que conduce Sandra Pettovello, para reclamar fondos adeudados para la asistencia alimentaria.

“El Gobierno nacional no puede hacerse más el distraído: al mismo tiempo que provoca una crisis económica muy profunda, recorta presupuestos en asistencia alimentaria y otras áreas muy sensibles. El plan de Javier Milei obedece a una lógica perversa, en la que se apunta a que todas las consecuencias de sus políticas se descarguen sobre las espaldas de los gobiernos provinciales y municipales”, sostuvo ayer.

Esa será la línea por la que trabajará en las próximas semanas. Después del Mundial pondrá el pie sobre el acelerador. Pero para eso aún falta mucho tiempo.

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El Senado inició el debate sobre cambios en salud mental: se invitará a expositores

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Un plenario de comisiones del Senado inició esta tarde el debate para modificar la normativa vigente de salud mental que envió el Ejecutivo libertario. Durante el convite, la oposición reclamó la presencia de un lote de expositores que, con aval oficialista, desliza un trámite lento para el proyecto en cuestión.

El plenario estuvo a cargo de la mileísta y presidenta de la comisión de Salud, Ivanna Arrascaeta (San Luis). La disertante que aterrizó por el Gobierno fue la directora de abordaje integral de salud mental, Liliana González. “Después de 15 años de sancionada la ley, podemos concluir que, de esta forma, no funciona adecuadamente”, aseguró.

La funcionaria explicó que el texto es fruto de decenas de diálogos con “pacientes, familiares, ONGs, las 24 jurisdicciones” y, además, con “todos los casos de dominio público” sobre la mesa.

Según González, los cambios apuntan a “evitar casos trágicos de suicidios y severas agresiones a terceros por la imposibilidad de recibir el tratamiento adecuado”. De allí la necesidad de las internaciones involuntarias y el “concepto de prevención, rehabilitación y recuperación como el primer nivel de atención”.

Tras ello, explicó conceptos más puntuales para evitar diagnósticos imprecisos y subjetivos. En particular, puso especial énfasis en la “conformación de un equipo interdisciplinario, que debe tener psiquiatras” para “diagnosticar cuadros orgánicos de salud mental”.

La idea del Gobierno es que, ante el apuro para tomar una decisión y, en caso de que un médico clínico se encuentre ante una situación de ese estilo, en 24 horas aparezcan lineamientos de dicho equipo. Otro punto que mencionó, ante sistemas ambulatorios, es que un juez pueda seguir todo -tras la intervención inicial en un caso grave- por seis meses.

En tanto, González dejó en claro la importancia de las familias, con expedientes donde no aparecen para retirar a internados, y de la no eximición del derecho a cuidados, con responsables que muchas veces intentan desligarse con la excusa de haber pagado una obra social.

Otros datos que dio la funcionaria: hay 6.632 camas de salud mental, o 14,5 cada 100.000 habitantes. Para la OCDE, lo adecuado son 60. En Italia, esa cifra da 9; en Alemania, 135. Anticipándose a las preguntas del kirchnerismo sobre el presupuesto destinado, deslizó: “Se reclama el 10%, pero ningún gobierno pudo alcanzarlo”.

Observaciones

“Son 18 las provincias que rechazan la modificación de la ley”, dijo la cristinista y médica Lucía Corpacci (Catamarca), que fue la primera que solicitó la presencia del Consejo Federal de Salud. “Los citaron a un encuentro, comentaron la ley y, a los tres días, la presentaron en el Congreso”, advirtió.

Corpacci no olvidó mencionar el embrollo actual sobre el financiamiento -en general- del sistema sanitario y puntualizó en el hospital Laura Bonaparte. Coincidió en ello su colega de interbloque Fernando Salino. En ese sentido, sumó: “Fue cruento”.

Por su parte, la jefa libertaria en la Cámara alta, Patricia Bullrich, reflexionó que “esta ley propone mecanismos ágiles, no burocráticos, para resolver más rápido situaciones urgentes”. Y conjeturó: “Analicen desde la vida de la gente que sufre, que muere o que hoy no tiene mecanismos frente a situaciones terribles. Ahí está el sentido de esta reforma”.

González estuvo acompañada por Hernán Rizzuti, de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina, quien remarcó que el proyecto ayudará “especialmente a los -casos- más vulnerables”.

Novela diplomática

Durante la mañana, la comisión de Acuerdos logró dictaminar las demoradas listas de ascensos diplomáticos de 2024 y 2025, la cuales derivaron en un hervidero en la Cancillería. Como contó Infobae, algunos nombres quedaron en el camino.

Eran 43 los postulantes que aguardaban el aval para la suba de categoría. Del total, 27 consiguieron ingresar al despacho de mayoría, ya listo para una eventual sesión. Ello no quita que, en el recinto, alguno se caiga.

De hecho, en Cancillería continuaba anoche la novela por estos pliegos, con un enojo más que elevado de un importante funcionario sobre las presiones para la nómina 2026, aún no enviada por la Casa Rosada.

La comisión de Acuerdos, que maneja el oficialista Juan Carlos Pagotto (La Rioja), pudo ser completada en las últimas horas: el radical Maximiliano Abad (Buenos Aires) ya es su vice, mientras que el jefe del PRO en la Cámara alta, Martín Goerling (Misiones), aterrizó en la secretaría.

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Milei se enrosca con “la cadena del desánimo” mientras crece un reclamo interno de los ex PRO

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Hubo un sondeo de los últimos días que, en la intimidad del Gobierno, mostró a Javier Milei especialmente iracundo: el Índice de Confianza del Consumidor (ICC) que todos los meses elabora la Universidad Torcuato Di Tella. El indicador -reconocido termómetro de expectativas y percepción económica social- se ubicó en 39,64 puntos en abril y tocó un piso que no se registraba desde hacía 20 meses. El sondeo, lejos de generar una autocrítica, convenció todavía más a Milei de que son los medios, y no las condiciones materiales de las familias, los que generan un clima de malestar. Los libertarios comenzaron a hablar de “la cadena del desánimo”, un término que acuñó el viejo 678.

“¡Corruptos son ustedes!”, les gritó el Presidente a los periodistas al defender a Manuel Adorni cuando entraba ayer al Congreso para respaldar la exposición de su jefe de Gabinete. “¡Chorros!”, insistió cuando salía del Palacio.

Con la puesta en escena que hizo en la Cámara baja, el Presidente ratificó una vez más a su ministro coordinador. Hizo protagonista de ese blindaje a todo su equipo, que dio el presente en Diputados. Varios actores del oficialismo creen que el Gobierno pagó un precio demasiado alto por Adorni, pero jamás se animaron a insinuarlo frente a los hermanos presidenciales.

La intención del Gobierno es que con la presentación del jefe de Gabinete ayer en el Congreso se dé por terminado el affaire Adorni, que ya lleva más de 45 días. O que, al menos, el caso pase a ser costo hundido. El fiscal Gerardo Pollicita ordenó una pericia contable sobre la evolución patrimonial del ministro coordinador para determinar el origen de los gastos en efectivo que hizo estando en la función pública y que ascienden a unos 130.000 dólares. En la Casa Rosada saben que el peritaje demandará varias semanas y creen que ayudará a que el asunto se apague.

Mientras tanto, el equipo del área judicial que responde a Karina Milei sigue estudiando, paso a paso, cómo moldear al Poder Judicial a través de las vacantes. Hoy, una comisión del Consejo de la Magistratura avanzará con las ternas de candidatos para cubrir dos lugares en la estratégica Cámara Federal de Comodoro Py. Es para reemplazar a Leopoldo Bruglia y Pablo Bertuzzi, que llegaron a la Cámara trasladados vía decreto por Mauricio Macri.

Según pudo saber InfobaeSantiago Viola y Gonzalo Roca, los dos consejeros de La Libertad Avanza (LLA), apoyarán el dictamen que incluye a las candidaturas de Pablo Yadarola (juez en lo penal económico), Cecilia Incardona (fiscal federal de Lomas de Zamora) y del propio Bertuzzi. Yadarola es cercano al ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques. Incardona tiene bajo investigación a las operaciones de Ariel Vallejo, de Sur Finanzas, en una de las causas que complica a la cúpula de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).

Milei nunca le soltó la mano a Adorni. Pero, por algún motivo, decidió no asumir más riesgos con nuevos escándalos: el viernes pasado, en diálogo con Luis Caputo, el Presidente pidió apartar a Carlos Frugoni, el Secretario de Coordinación de Infraestructura que omitió declarar siete propiedades en Palm Beach ante la Oficina Anticorrupción y ante ARCA. Frugoni, un newman boy histórico del macrismo, era de confianza del ministro de Economía y sus ojos sobre las áreas de Transporte y obras públicas.

Durante el fin de semana pasado se acordó una salida y el secretario de Estado presentó su renuncia. Todos los que estaban debajo de él ascendieron una posición: a Frugoni lo reemplazó el titular de Transporte, Fernando Herrmann, que a su vez fue sustituido por Mariano Plencovich, que hasta entonces era su virtual jefe de gabinete.

La idea fue cortar de cuajo un posible nuevo frente judicial mientras Frugoni conserva cierta influencia a “control remoto” sobre el área de Infraestructura. Hacia afuera la salida del funcionario del Ministerio de Economía provocó una contradicción con el caso Adorni, pero eso no importó en el Gobierno. “Fue distinto. Frugoni reconoció que se equivocó y que no declaró los inmuebles. Creyó que alcanzaba con rectificarse en los papeles, pero eso no iba a ser así”, justificó un colaborador oficial.

La política y la economía

Después de la salida de Frugoni, el dispositivo oficial se encargó de mostrar en público gestos de afecto entre Toto Caputo y los hermanos Milei para ahuyentar cualquier versión sobre chisporroteos con el ministro. El propio titular de Hacienda se ocupó de neutralizar los runrunes en las redes sociales.

Los desacuerdos en la mesa política del Gobierno, más que por la salida de un funcionario o cualquier desavenencia coyuntural, pasan por la visión estratégica del camino al 2027.

Hay fuertes diferencias de criterio entre los ex Pro y los “karinistas”, que pretenden seguir “pintando de violeta” al país.

Toto Caputo -como Diego Santilli o Patricia Bullrich- no quieren reeditar, desde ahora, la crisis política que vivió LLA en los meses previos a los comicios de medio término del año pasado. Quieren evitar que en el Congreso los aliados escatimen apoyos y comiencen a asestar reveses de forma prematura.

En particular, el ministro de Economía considera que las variables macroeconómicas están ordenadas y que si los mercados se preguntan por la sostenibilidad del modelo en el largo plazo es por la falta de previsibilidad política. Serviría, para explicar ese razonamiento, una reformulación de la famosa frase de James Carville, el mítico asesor de Bill Clinton en los 90. Algo así como: “No es la economía, estupido (es la política)”.

Sobre Caputo no solo pesa el antecedente de los comicios de 2025. “Se convenció de esto con la experiencia de la Argentina Week, cuando vio a los gobernadores alinearse con el Gobierno para atraer inversiones”, dijo un colaborador oficial a Infobae. Y agregó: “Toto viene diciendo que se le ralentizan las curvas, el repunte económico, si la política no acompaña a la economía”.

Aquella experiencia florida de la Argentina Week perdió brillo cuando estalló el caso Adorni. Por eso, hay un ala del Gobierno que machaca con la necesidad de terminar con los errores no forzados. Eso incluye, también, finiquitar con el internismo del Gobierno, entre las facciones de Karina Milei y Santiago Caputo, que, sin embargo, no deja de retroalimentarse semana a semana con episodios asombrosos.

En el Palacio Libertad, Javier Milei también hizo gestos visibles. A los dos Caputo y a su hermana los abrazó apretado, mientras que a Lule Menem apenas le dio la mano. Probablemente porque tiene escaso vínculo con el funcionario, brazo político de Karina.

En las reuniones de equipo, los Menem suelen patear para septiembre las definiciones en términos de alianzas políticas de cara a 2027. En simultáneo dan pasos para dar la pelea con candidatos violetas puros en todo el país y para disputar todas las gobernaciones posibles.

Con este escenario, ¿Karina Milei le va a dejar a Patricia Bullrich la candidatura a jefa de gobierno porteño y a Diego Santilli la postulación a la gobernación bonaerense? ¿Va entregarle esos casilleros a dos no nacidos en el mileísmo? En los últimos días comenzó a sonar la versión de que, al final del camino, Sebastian Pareja, el armador del karinismo en la provincia, terminará siendo el elegido por la hermana presidencial.

Mal que le pese a un sector del Gobierno, los fantasmas sobre la falta de previsibilidad política ya empezaron a merodear: desde el Pro hasta los gobernadores aliados, todos los aliados avisaron que no van a apoyar la reforma política y la eliminación de las PASO que el Poder Ejecutivo envió al Congreso.

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