La Noche de las Etiquetas, organizada por los jóvenes de la Unión Industrial de Bahía Blanca, volvió a reunir a una amplia representación de la sociedad bahiense en una clásica noche de gala que, una vez más, tuvo a la solidaridad, el encuentro y la mirada hacia el futuro como protagonistas.
Mínimamente se juntaron 25 millones con fines solidarios para el pequeño cottolengo
La Noche de las Etiquetas se realizó en el Salón luz y fuerza de nuestra ciudad y convocó a representantes de prácticamente todos los sectores de la comunidad: dirigentes políticos de distintos espacios, intendentes, concejales, legisladores, empresarios, integrantes del Poder Judicial, representantes del clero y referentes de instituciones de la ciudad y la región.
Entre los presentes estuvieron el presidente de la Unión Industrial de Bahía Blanca, Gustavo Elías, acompañado por su esposa, Albertina Paronetto; el camarista federal Pablo Candisano Mera; el senador provincial Sergio “Nono” Vargas; el intendente interino de Bahía Blanca, Álvaro Díaz; el intendente de Monte Hermoso, Hernán Arranz; la intendenta de Tornquist, Estefanía Bordoni; la presidenta del Honorable Concejo Deliberante de Bahía Blanca, María Gisela Caputo; el concejal libertario Felipe Ferrández; el diputado provincial Fernando Compagnoni, también integrante del espacio libertario; y Matías Italiano, secretario de Producción, en representación del intendente Federico Susbielles entre varios de los presentes.
Dentro de las figuras convocantes, estuvo presente Juan Ignacio Elias, director del diario La Nueva Provincia, su mujer Florencia Wirsky, el economista y asesor financiero Lucas Silverii, y el vasco Jose Ignacio de Mendiguren ex Ministro de Producción de la República Argentina.
Además, casi la totalidad de los representantes de la CGT Bahía Blanca.
También estuvieron numerosos empresarios y referentes de instituciones que forman parte del entramado productivo y social de Bahía Blanca, además de representantes del ámbito religioso y de distintos sectores de la comunidad.
Entre los referentes de medios de la región se encontraban Gonzalo Irazozki, titular de medios en Necochea y Mar del Plata, y Enrique Iommi, CEO de Canal 7 de Neuquén.
Pero más allá de la extensa lista de invitados, la verdadera importancia de la noche estuvo en lo que representa.
Bahía Blanca volvió a mostrar su cara solidaria. Y, al mismo tiempo, mostró algo que quizás sea todavía más importante: su capacidad para pensarse a sí misma.
Una ciudad que entiende que el desarrollo no depende exclusivamente de un gobierno, de una empresa o de una institución, sino de la posibilidad de construir un entramado en el que todos puedan aportar. Una comunidad que necesita generar confianza para que quienes llegan con una inversión encuentren seguridad, previsibilidad y condiciones para proyectar a largo plazo.
Ese concepto de ciudad que se piensa a sí misma aparece como una de las grandes claves para el futuro de Bahía Blanca.
La ciudad cuenta con universidades, empresas, infraestructura, talento, capacidad productiva y una ubicación estratégica privilegiada. Pero todo ese potencial necesita estar acompañado por una visión común: la de una ciudad que se anime a pensar hacia adelante y que pueda ofrecer certezas a quienes quieran invertir, producir, trabajar y vivir aquí.
En ese sentido, encuentros como la Noche de las Etiquetas tienen un valor que excede largamente lo social.
Porque allí pueden encontrarse personas que piensan distinto, que pertenecen a diferentes espacios políticos, que tienen responsabilidades y miradas diferentes, pero que comparten algo esencial: el deseo de que Bahía Blanca avance.
Y esa capacidad de encuentro es también una forma de construir comunidad.
En una época en la que las diferencias suelen ocupar demasiado espacio, que dirigentes políticos, empresarios, representantes de la Justicia, instituciones y referentes sociales puedan compartir una misma mesa constituye una señal positiva.
Bahía Blanca necesita justamente eso: construir confianza, generar acuerdos y encontrar un rumbo que permita proyectar una ciudad mucho más allá de una gestión o de una coyuntura.
Una ciudad que logra que una inversión se sienta segura es una ciudad que puede atraer nuevas inversiones.
Una ciudad que logra que quienes llegan quieran quedarse es una ciudad que está construyendo futuro.
Y una ciudad que puede sentarse a una misma mesa aun teniendo diferencias es una ciudad que tiene una enorme posibilidad de avanzar.
La Noche de las Etiquetas volvió a ser, entonces, una expresión de esa Bahía Blanca que se encuentra, que se ayuda y que mira hacia adelante.
Una Bahía Blanca solidaria, sí.
Pero también una Bahía Blanca que empieza a entender que pensarse a sí misma, construir confianza y definir un rumbo común son condiciones indispensables para convertirse en la ciudad que puede y quiere ser.
Porque el futuro no se espera.
Se construye.
Y Bahía Blanca, una vez más, mostró que tiene con qué hacerlo.