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Diputados dictaminó la Boleta Única: se aceptaron los cambios del Senado pero el escenario queda abierto

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En un escenario aún abierto de cara a la sesión de mañana en la Cámara de Diputados, el oficialismo y algunos bloques dialoguistas lograron la firma de un dictamen de mayor aceptando los cambios introducidos por el Senado al proyecto que implementa la Boleta Única de Papel (BUP), que entre otros puntos excluye el casillero de voto a lista completa.

En un nutrido plenario de las comisiones de Asuntos Constitucionales, Justicia y Presupuesto, La Libertad Avanza, el PRO, la UCR, Encuentro Federal, Innovación Federal y la Coalición Cívica juntaron 67 firmas, de las cuales 14 fueron en disidencia.

El acuerdo se había alcanzado un rato antes en una álgida reunión en el despacho de la presidencia de Diputados donde el aire se cortaba con un cuchillo: resolvieron respetar la palabra empeñada por el Gobierno con los gobernadores Río Negro, Misiones y Salta cuando se votó la BUP en el Senado, ya que el bloque Innovación Federal, que responde a estos poderes provinciales, amenazó con no dar quórum a la sesión.

Sin embargo, no está todo dicho ya que un sector del radicalismo (especialmente de la provincia y la Ciudad de Buenos Aires) avisó que insistirá con la opción de boleta completa, y podría explorar algún acuerdo con Unión por la Patria para blindar ese artículo de la media sanción original cuando se vote en particular.

La enorme mayoría de fuerzas políticas prefería sostener la media sanción original de Diputados, en especial los representantes de la provincia de Buenos Aires, pero sin los votos garantizados para alcanzar la mayoría especial de 129 apoyos a la BUP con botón de lista completa, se optó por la estrategia “más bale pájaro en mano que cien volando”.

Lo confirmó el presidente de la comisión de Asuntos Constitucionales, Nicolás Mayoraz, adelantando que se había resuelto la aceptación de los cambios realizados por el Senado, al poner a la firma el dictamen que mañana se discutirá en el recinto de sesiones.

Luego Margarita Stolbizer (Encuentro Federal) confirmó que ese bloque iba a acompañar el acuerdo con los gobernadores de esas provincias para respetar el federalismo.

Admitió que las “dificultades técnicas y jurídicas nos lleva a nuestro bloque a aceptar las modificaciones propuestas por el Senado”.

Por su parte, el jefe del bloque de la Coalición Cívica, Juan Manuel López, se expresó en el mismo sentido: “Costó mucho destrabarla, es un esfuerzo de todos, un esfuerzo de muchas provincias que tienen gobiernos provinciales y que tienen, en algunos algunos casos, mejor calidad institucional que el resto del país. Se está destrabando, por ahí no de la manera que quieren todos, pero nosotros hoy firmamos el dictamen y aceptamos la media sanción del Senado”.

“Vamos a destrabar algo muy importante, vamos a destrabar los privilegios de los punteros de la provincia de Buenos Aires y probablemente le vamos a dar independencia a esa provincia. Porque yo creo que Cristina Kirchner no quiere la boleta única, por eso se opusieron toda la vida, que Sergio Massa tampoco quiere la boleta única y debe estar pensando en ser candidato a diputado el año que viene y arrastrar lo que pueda arrastrar. Y la provincia de Buenos Aires tiene derecho, los que somos nacidos y criados en esa provincia, a tener su autonomía”, concluyó.

Sin embargo, luego la radical Carla Carrizo puso en crisis lo que ya se daba como una certeza: que estaban los votos garantizados para aprobar la boleta única sin el botón de lista completa.

A su entender, la falta de arrastre de los candidatos nacionales le va a dar mucho más juego a los gobernadores para hacer lo que quieren en materia de estrategia electoral, desentendiéndose de la política nacional.

“No es el menú a la carta del gobierno provincial. Esto es política nacional”, resaltó la porteña de Evolución radical.

“Nosotros vamos a insistir en la boleta completa. La política no es capricho”, enfatizó Carrizo.

Luego ratificaría este mismo criterio su correligionaria bonaerense Karina Banfi. Para la vicepresidenta del bloque de la UCR, “el haber sustraído el casillero de lista completa perjudica por sobre todas las cosas el acceso a la información del elector”.

Según dijo, el casillero de boleta completa permite “entender la afinidad ante partidos políticos o frentes electorales”.

“Nos quedamos con sabor a poco en este dictamen y creemos que es fundamental que podamos insistir con la inclusión de esta lista completa, como lo hicimos en el 2022, cuando salió la media sanción para el Senado en esta Cámara. Estábamos todos de acuerdo con tener el casillero de lista completa. Pasan cosas, pero lo peor que podemos hacer es adecuar una herramienta electoral que tiene que durar más de 20 años, por decir un tiempo, a las necesidades electorales que tengamos mañana”, cerró.

Desde Unión por la Patria, Sabrina Selva rebatió los argumentos a favor de la boleta única al señalar que “no es cierto” que ese sistema “es más transparente”.

“Con la imposición de que figuren los cinco primeros candidatos, pueden ocultar al resto”, advirtió la diputada massista, que también uso en duda que la BUP sea “más barata” que la boleta tradicional con el sistema francés.

Mercedes Llano (La Libertad Avanza) celebró el dictamen de la BUP y señaló que “es una modificación que procura asegurar una mayor identificación de los candidatos y con ello obligar a los partidos políticos a mejorar la calidad de la oferta electoral”.

La mendocina enumeró las ventajas que tiene la BUP respecto del sistema de boleta tradicional: “Reduce los costos electorales de la impresión de la boleta. Por otra parte, también aporta a la erradicación de prácticas fraudulentas y clientelares tan nocivas para nuestra democracia y tan arraigadas en nuestro sistema político. Por otro lado, da una mayor participación a las minorías que no cuentan con un aparato logístico para garantizar la fiscalización y que siempre corren con desventajas y las ventajas las tiene el Poder Ejecutivo que utiliza en muchos casos de manera hegemónica e irregular los recursos públicos a su favor”.

Al referirse a la polémica por la eliminación del casillero de lista completa, defendió esa modificación: “Evitamos el efecto arrastre y con ello el efecto concentrador, evitando también la distribución de bancas en los legislativos, siempre a favor del oficialismo y la consolidación de los sistemas caudillistas en el orden subnacional de gobierno”.

La peronista Victoria Tolosa Paz (UP) consideró que Argentina “tiene problemas estructurales para atender” como para que “la Cámara de Diputados vuelva con algo que no es un problema, si bien puede ser perfectible el sistema electoral” del país.

El jefe del bloque de Unión por la Patria, Germán Martínez, advirtió sobre los problemas de logística que pueden haber para adecuar el sistema a la Boleta Única de Papel (BUP).

“No tenemos antecedentes en 40 años de democracia que hayamos tenido objeciones serias a los resultados electorales en la Argentina”, indicó el santafesino.

“Aunque quedemos solos, a a la democracia y a los partidos políticos los vamos a cuidar igual”, remató Martínez, que alertó sobre el riesgo de “fragmentación del sistema de partidos”.

“En mi provincia están todos buscando periodistas deportivos, periodistas comunes o personalidades públicas para reemplazar la tarea de formación de cuadros”.

“Aunque quedemos solos, vamos a defender a la militancia política que se apropia de la boleta y va casa por casa”, finalizó.

La sesión especial fue convocada para este martes a las 11:30 y el temario incluirá, además de la BUP, el proyecto “anti mafia”, la ley de Armas de Fuego, la creación del Registro Nacional del Patrimonio Nacional Inmaterial, entre otras iniciativas.

Fuente: Noticias Argentinas.

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Senado: la no integración en comisiones vuelve a convertirse en un problema para el interbloque kirchnerista

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Las sesiones extraordinarias dejaron, además del tratamiento y sanción del Presupuesto 2026 y la ley de inocencia fiscal, una repartija de comisiones con un esquema muy similar al de 2023 en el Senado, en cuanto a una unión entre oficialismo y dialoguistas para relegar al interbloque kirchnerista. El cristinismo no envió a sus representantes y tiene un problema extra y delicado ahora: debe distribuir esos lugares con bancadas justicialistas que ya no respetan las órdenes que la expresidenta emite desde su prisión domiciliaria.

¿Cómo puede ser que, en dos años, ocurra exactamente lo mismo? ¿Nadie lo previó? ¿Qué se hizo para que fuera distinto?“, se lamentó ante Infobae un legislador justicialista. En tanto, desde otro despacho, reflexionaron: ”Encima, tenemos más bancadas dentro del interbloque y nos parte al medio decidir, ya que todas merecen participar en varias. ¿Van a hacer algo ordenado para resolver esto? Dudo“.

El 16 de diciembre último, el jefe del renovado espacio kirchnerista-peronista “Popular”, José Mayans, envió una misiva para quejarse por el accionar de la vicepresidenta y titular de la Cámara alta, Victoria Villarruel, con quien mantiene una muy buena relación. De hecho, la funcionaria viajó a Formosa y se mostró con el gobernador casi eterno, Gildo Insfrán. Fue en octubre, semanas antes de las elecciones, cuando la Casa Rosada hervía y las piñas opositoras en el Congreso no paraban de impactar en rostros oficialistas. Sin dudas, una excelente estrategia política y comunicacional.

Mayans afirmó en el escrito que “la Presidencia del Senado y distintos sectores políticos intentan generar, con un método ilegítimo, una mayoría artificial que facilite el tratamiento y aprobación de distintos proyecto de Ley”. Y añadió: “Se elude así, burdamente, una conformación proporcional”.

Horas antes del texto del formoseño, en una reunión de Labor Parlamentaria, La Libertad Avanza y fuerzas dialoguistas mostraron un conjunto de 44 senadores -en realidad, 43, ya que no había jurado aún el oficialista rionegrino Enzo Fullone– y con la venia de Villarruel se dispuso que, para las comisiones de 19 butacas, 13 serán para ellos y seis para los kirchneristas. En tanto, en las de 17, los guarismos quedarán en 12 y cinco.

A partir de esto queda evidente que la vicepresidenta, cuando tuvo que moverse en el plano legislativo con el Gobierno, lo hizo. Esto también es innegable y, en su mayoría, fue gracias a su equipo parlamentario, que es serio y quedó en pie tras más de dos años de gestión y cambios de funcionarios en la Cámara alta de todo tipo. Más el aterrizaje de algunos fantasmas.

Mayans pretende que, en las de 17 miembros, al interbloque kirchnerista-peronista se le asignen siete butacas. Y, en las de 19, ocho. Para denostar a la mayoría obtenida el 16 de diciembre en la mencionada reunión de Labor Parlamentaria, el formoseño apuntó a que la suscripción del acta “carece de toda validez y efecto jurídico”, por no estar activada la “delegación de facultades” a Villarruel para integrar las comisiones.

El último punto es clave. Por ese motivo es que los más memoriosos del Congreso recuerdan con exactitud que, como titular del Senado y, durante el gobierno en el que secundó a su colega Alberto Fernández, Cristina Kirchner utilizó la delegación vigente de la macrista Gabriela Michetti.

Otros destacaron la idéntica repartija post elecciones de medio término en 2021, cuando la entonces oposición venció al kirchnerismo y subió su carga en la Cámara alta. Nadie se inmutó en aquella ocasión. Para este caso en particular, la facultad subsiste en dos aspectos: que no sea revocada, y si el delegatario continúa en sus funciones. Fin del asunto.

La puja que habrá por comisiones quizá no se sienta tanto en febrero, si es que el Gobierno vuelve a convocar a sesiones extraordinarias. Los focos se direccionarán hacia el período ordinario a iniciarse el 1 marzo. Al igual que durante el primer semestre de 2024, se convertirá en una olla a presión para el interbloque Popular.

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La CGT afronta un 2026 de alto riesgo por la reforma laboral: qué artículos buscará modificar del proyecto oficial

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Para la CGT, 2025 fue un año complicado, en el que estrenó una nueva conducción, pero se enfrentó al viejo dilema de qué hacer ante un gobierno de signo político adverso que volvió a ganar las elecciones y que, para colmo, avanza otra vez con una reforma laboral.

¿Podrá salir airosa en 2026 de semejante desafío esta flamante conducción cegetista? Hay un predominio de dirigentes con vocación de diálogo, pero el desafío que afronta la central obrera en el nuevo año será de alto riesgo y marcará a fuego su gestión, tanto si logra frenar el proyecto oficial como si fracasa en el intento.

Los líderes cegetistas aún confían en que el sector político del Gobierno logre que se reabran las negociaciones para introducir modificaciones en el proyecto, que ya tiene dictamen en el Senado y que se comenzará a debatir a partir del 10 de febrero.

La versión final de la reforma laboral, a la que se llegó luego de fuertes tironeos internos en la Casa Rosada, incluyó algunas concesiones a la CGT, pero no tantas como esperaban los sindicalistas. Por eso, aun en medio de la expectativa de que haya cambios, la cúpula cegetista intentó descomprimir las tensiones con una movilización a la Plaza de Mayo, que no fue tan masiva como se esperaba, y amaga con un nuevo paro general.

El escenario quedó congelado hasta mediados de enero, cuando, según se estima, las dos partes retomarán sus contactos con los gobernadores y bloques legislativos para influir en el tratamiento de la reforma laboral: el Gobierno confía en que, como sucedió con la sanción del Presupuesto 2026, tendrá los votos suficientes para convertir en ley los cambios laborales, mientras que la central obrera reforzará su presión para tratar de modificar el proyecto o frustrar el debate legislativo.

Los puntos centrales que quiere cambiar la CGT en la reforma laboral del Gobierno son los siguientes:

1) Modificar el artículo que elimina la obligatoriedad de que los empleadores sean agentes de retención de la cuota de afiliación, con la idea de que quede lo más parecido posible a la ley vigente, donde se incluye también a las cuotas solidarias, ahora excluidas expresamente del proyecto que está en el Senado.

2) Liberar las cuotas solidarias. Si bien el artículo que jaqueaba esos aportes se eliminó por pedido de la CGT, quedó otro que condiciona su pago; es el mencionado anteriormente, ya que se quitó la obligatoriedad de que los empleadores sean agentes de retención de “otros aportes” y, además, hay otro artículo que limita la ultraactividad de los convenios y obliga a los gremios a pactar año tras año las cuotas solidarias, clave para el financiamiento del poder sindical. El proyecto de reforma laboral, además, le pone un tope del 20% a las retenciones que pueden hacerse a los salarios, algo que también afecta la cuota sindical y la solidaria. A su vez, expresa que la cuota solidaria sólo podría ser retenida en caso de ser pactada por convenio colectivo de empresa y contar con el consentimiento explícito del trabajador.

3) Suavizar lo máximo posible la reglamentación del derecho de huelga. Funcionarios dialoguistas propusieron quitar los porcentajes de servicios mínimos que deben garantizarse en caso de huelga (75% y 50%), pero el ala dura, con Federico Sturzenegger a la cabeza, se resiste a cualquier variante. Como sea, la CGT cree que ese artículo es el primero que podría ser impugnado por la Justicia porque ya está judicializado: también formaba parte del DNU 70 y del decreto 340, normas que se frenaron por sendos fallos de la justicia laboral.

4) Uno de los puntos más urticantes del proyecto oficial es el de la creación del Fondo de Asistencia Laboral (FAL) para financiar los despidos sin causa de trabajadores. El problema es que este Fondo implica que las empresas aporten el 3% de la masa salarial bruta para cubrir indemnizaciones, y a cambio, reciben una reducción del 3% en sus contribuciones patronales al sistema previsional, sin aumentar su costo laboral pero desfinanciando las jubilaciones y trasladando el costo al Estado. Se calcula que el sistema jubilatorio tendrá una pérdida de 3.000 millones de dólares anuales. Ahora, el Ministerio de Economía volvió a analizar el tema para que ese artículo de la reforma laboral no tenga, como se prevé, un destino de amplio rechazo legislativo.

5) La CGT ya había logrado que se eliminara de la última versión del proyecto un artículo que reducía a la mitad la cantidad de delegados sindicales por empresa, pero ahora quiere modificar otros que fijan un máximo de 10 horas al mes con goce de sueldo para las tareas gremiales de los delegados y que les ponen límites a los representantes amparados por la tutela sindical. De la misma forma, apunta contra el artículo que obliga a que se pida autorización previa a los empleadores para hacer las asambleas de trabajadores en las empresas.

6) Aunque la CGT consiguió que en la versión final de la reforma laboral los sindicatos con personería sean los que tendrán que refrendar los convenios por empresa (y no las comisiones internas), el proyecto fija la prelación de esos convenios “menores” por encima de los pactados por actividad e incluso incentiva la creación de sindicatos por empresa. Dos puntos que la central obrera buscará atenuar para que en la negociación colectiva siga predominando el tradicional unicato sindical.

7) Otra obsesión de la CGT es eliminar el artículo 161 de la reforma laboral, que reduce la contribución patronal destinada a las obras sociales sindicales del 6% al 5%. Para la dirigencia cegetista, como anticipó Infobae, “esta modificación, presentada como un alivio para los empleadores, implica en los hechos un desfinanciamiento directo del sistema de salud laboral: las estimaciones oficiales indican que esta rebaja representa una pérdida de entre 679 y 700 millones de dólares anuales, equivalentes a aproximadamente el 0,1% del PBI”. Así como está, advirtió, “es una transferencia directa de recursos desde el trabajo hacia el capital, que se traduce en menos prestaciones, menor capacidad de cobertura y un deterioro progresivo de la calidad del sistema de salud para los trabajadores”.

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El peronismo dejó atrás un año de quiebres internos y se asoma a la discusión por un cambio de ciclo

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El peronismo cerró un año cargado de batallas intensas y dañinas. Peleas intestinas, interminables y, en muchos casos, inútiles. Acusaciones permanentes, reproches incesantes y futurología negativa. Para adelante no hay nada bueno si no es en unidad, dicen algunos. Para adelante lo bueno solo vendrá si se dividen las aguas, dicen otros.

El pasado reciente del peronismo, sobre todo el de la provincia de Buenos Aires, está atado al futuro inmediato. Porque las diferencias se mantienen en el tiempo y la discusión de fondo sobre si se debe quebrar o no el esquema político, permanecen vigente en el medio del fuego cruzado.

El año terminó con Cristina Kirchner internada y despojada de su conducción política a través de las redes sociales y con Axel Kicillof haciendo carretear su proyecto nacional para que el despegue se concrete en febrero, cuando avance, con mayor velocidad, el armado del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en todo el país.

El 2025 finalizó también con el interbloque de senadores peronista inmerso en una cacería de brujas luego de que la jujeña Carolina Moisés, la tucumana Sandra Mendoza y el catamarqueño Guillermo Andrada votaran el Presupuesto 2026, alineado a los pedidos de los gobernadores a los que responden: Raúl Jalil y Osvaldo Jaldo. Ambos son socios importantes de la Casa Rosada y rivales internos del kirchnerismo.

La tensión creciente que hay en el interbloque de la Cámara alta puede terminar en una fractura durante el primer semestre del año que comenzó hoy. No es la primera vez que el kirchnerismo pone en el foco de la represalia a estos tres senadores. Fueron los mismos que acompañaron la sanción del RIGI, en un apartado de la ley Bases, y generaron una avanzada K decidida, furiosa y viral, contra la decisión.

Los gobernadores de Catamarca y Tucumán están completamente desalineados del esquema principal del peronismo. Los filo peronistas como el salteño Gustavo Sáenz o el misionero Hugo Passalaqua, juegan su propio juego hace tiempo y transformaron sus estructuras políticas en partidos provinciales que contienen a un sector del PJ. El armado federal del peronismo está desvencijado.

Los pocos mandatarios que quedaron dentro de Fuerza Patria se unificaron en una mesa política que obtuvo visibilidad, un par de semanas atrás, en la casa de La Pampa en Buenos Aires. En ese encuentro estuvieron una veintena de legisladores que les responden, y no fueron invitados aquellos alineados a Máximo y Cristina Kirchner.

Durante esa reunión hubo un acuerdo común para que ese bloque empiece a pesar más en el armado político del peronismo y, especialmente, para que tenga influencia directa en la prioridad de los temas que impulsan los bloques parlamentarios en las dos cámaras del Congreso. Se sienten relegados y están cansados de la forma de conducción del cristinismo.

Son los mismos mandatarios los que van a intentar ganar protagonismo durante este año que arranca. Ellos, que saben con exactitud como funciona el poder en el peronismo, advierten que el 2026 es determinante para fundar un proyecto político nacional que sea competitivo a mitad del 2027, cuando Javier Milei quiera revalidar su mandato. A partir de hoy empezó a correr el reloj de arena.

Además, al mismo tiempo, cada uno debe empezar a empujar, con decisión, la discusión interna en sus provincias para ver quiénes van a ser sus sucesores. Es el caso del pampeano Sergio Ziliotto, el fueguino Gustavo Melella, el formoseño Gildo Insfrán y Axel Kicillof, que tiene por delante el desafío de constituir su proyecto presidencial y sumar poder en su voz, para abrirle el camino a un nombre propio que lo reemplace y sea parte de su esquema político.

El que más suena en estos tiempos difusos del PJ es el nombre de Gabriel Katopodis, el ministro de Infraestructura, que se convirtió en un negociador todoterreno al que en el kicillofismo le valoran “jugar bien” en las múltiples batallas internas que enfrentaron en La Plata contra el cristinismo. Del otro lado del mostrador aparecen nombres como el de Máximo Kirchner, Eduardo “Wado” de Pedro o Mayra Mendoza.

En esa lista, y también en la que tiene nombres presidenciables, está Sergio Massa. El ex ministro de Economía es uno articulador permanente de las voluntades del peronismo. Tanto a nivel provincial como nacional. Y está siempre presente en las ternas donde se compite por los votos. En su intimidad siempre suele poner paños de agua fría a cualquier especulación, pero su apellido suele estar atado a muchas hipótesis futuras que hay en Fuerza Patria.

El peronismo cerró un año donde el liderazgo de Cristina Kirchner quedó muy golpeado. No solo por su condena en la causa Vialidad, la que le impide ser candidata en las elecciones, y su detención en San José 111, sino también por el avanzado desgaste de un ciclo político, con ella a la cabeza, que empieza a cerrarse. Así lo piensan en la mayor parte de la fuerza política, salvo en el camporismo, donde intentarán sostener su imagen, su figura espiritual y su poder auténtico hasta donde les dé la nafta.

Casi por un acto reflejo, CFK intentará este año conservar el poder que le queda. Su centralidad, su influencia (aún muy importante) en los dos bloques legislativos del Congreso, y su capacidad de condicionar armados provinciales en las negociaciones que atraviesan los límites federales. Y, sobre todo, su figura inmaculada para un sector del electorado bonaerense.

Hay una aceptación mayoritaria en el peronismo del interior respecto al lugar que debe ocupar la ex presidenta. La propuesta nacional y popular que surja es con ella adentro, concentrada en el conurbano bonaerense y sin capitanear el barco. Es con ella pero con limitaciones. Ya no tiene el poder necesario para imponer condiciones. Y la política es, ante todo, muy cruel, cuando el poder se escapa entre los dedos.

El peronismo afronta un cambio de ciclo innegable. En el año que arrancó este jueves empezará a visibilizarse esa modificación que primero es abstracta y después termina siendo concreta. No es un capricho de la política, es un reclamo de las mayorías. Que, en definitiva, son las que marcan el pulso de las elecciones. Las que ponen los votos en las urnas y las que tuercen el rumbo de las imposiciones de la dirigencia.

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