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Dolor laboral: anunciaron el cierre de Dass, en Coronel Suárez

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La planta que fabrica zapatillas Adidas en el vecino distrito anunció el despido de 360 operarios. La empresa regional aseguró que ahora concentrará toda su producción en la fábrica de Eldorado, Misiones.Si bien no habló directamente del aumento de la importación, aseguró que busca adaptar las operaciones a la nueva dinámica del mercado y a las nuevas condiciones comerciales del país

La firma, de capitales argentinos y brasileños, es uno de los principales jugadores de la industria del calzado local, con una producción anual de 7,8 millones de pares.

Según destacó en un comunicado, “la decisión responde a un plan estratégico diseñado para optimizar procesos y fortalecer su posición en el mercado, garantizando una gestión de excelencia”

Así, la empresa aseguró que consolidará en Eldorado, Misiones, su otra gran fábrica, toda su producción local. Allí se harán como hasta ahora productos Asics, Umbro, Fila y Nike, y se sumarán las zapatillas Adidas. “La consolidación de la producción en una sola planta se decidió tras un análisis exhaustivo de variables como logística, eficiencia operativa, estructura de personal y demanda productiva”, dijeron las autoridades

Dass no lo dice directamente, pero se desprende que en parte el cierre se produjo por una mayor importación de productos de parte de las marcas, lo que generó ese cambio de estrategia y también el ajuste en la modalidad de fabricación local. Otra alternativa podría ser la caída de consumo para el sector, pero el propio gremio aseguró que no es ese el contexto actual.

En agosto de 2022, el Grupo despidió 100 operarios en su planta de Misiones porque no podía importar insumos. Un año antes, con la presencia del expresidente Alberto Fernández, había anunciado una inversión de USD 25 millones.

 

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Círculo rojo: ni el Mundial corre el eje del escándalo Adorni y el Gobierno define qué quiere hacer en el Congreso

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Manuel Adorni

NTMAP: No Todo Marcha Acorde al Plan. Todas las ideas pergeñadas para disuadir a la opinión pública y suavizar la agenda política y mediática del escándalo que salpica a Manuel Adorni, y mantiene encorsetado al Gobierno, fallaron. Ni el inicio de la Copa del Mundo, ni el debut de la Argentina y Lionel Messi en su sexto Mundial, con tres goles a los 38 años y una actuación memorable, alcanzaron para correr el eje. Tampoco el revuelo por las desafortunadas informaciones en torno a la intimidad del capitán argentino que el Gobierno intentó capitalizar, sin éxito. La resignación es total puertas adentro: nada alcanza mientras Javier Milei sostenga al jefe de Gabinete en su cargo.

Está por verse cuál será el impacto del anuncio de este viernes del diputado Adrián Ravier como nuevo vocero de la Presidencia, una iniciativa con doble objetivo: el reconocimiento de que Adorni ya no está en condiciones de comunicar ningún logro y la necesidad de intentar instalar en la agenda pública algunos hitos del programa económico y financiero, un rubro en el que Ravier se mueve con comodidad. Luis Caputo“Toto”, se cansó en los últimos meses de bufar en privado contra las internas y las turbulencias políticas que, según él, golpean su programa: “Sin eso, la Argentina volaría”, le escucharon decir algunos amigos.

Dicen que Karina Milei le pidió “tiempo” a Patricia Bullrich en una de las últimas charlas privadas en la que la senadora insistió, por enésima vez, en que la permanencia de Adorni en el Gabinete se tornaba insostenible. El viernes, la ex ministra reunió, como todas las semanas, a su equipo de colaboradores. La notaron cansada, desgastada, como el resto de los legisladores y el Gabinete que, con excepción de Milei, creen que el ministro coordinador debe dar un paso al costado para darle el cierre definitivo a un escándalo que ya lleva más de tres meses al tope de la taquilla y opaca cualquier iniciativa. “El Congreso que conocimos durante el verano se acabó, está cerrado”, le planteó senadora a la cúpula del Ejecutivo.

Bullrich hace equilibrio entre su rol como jefa del bloque oficialista en el Senado y figura de un sector del electorado de la centroderecha que está espantado con el insólito crecimiento patrimonial del jefe de Gabinete que suma capítulos inéditos todas las semanas, alimentada, para colmo, por un grupo de empresarios del círculo rojo que empezó hace algunos meses a fantasear y trabajar en el nacimiento de un proyecto bautizado por algunos como “mileísmo sin Milei”. En ese plan, que incluye desde Mauricio Macri hasta al banquero Jorge Brito -el propio expresidente le reconoció a amigos que no lo descarta como una opción-, están embarcados sectores potentes del establishment que apoyan los trazos gruesos del modelo libertario pero están desencantados con el liderazgo del presidente. Se menciona entre uno de los principales mecenas de la ex ministra de Seguridad al integrante de una familia empresaria que en el último año avanzó con firmeza en la compra de varios activos, en particular del sector energético, muy vinculada a un sector del gobierno.

Milei, y en particular Adorni, creyeron que el maridaje entre el inicio de la Copa del Mundo, la performance de la Argentina y su justificación patrimonial alcanzaría para modificar la discusión pública y cambiar el eje político, pero sucedió más bien lo contrario. La explicación de un supuesto atesoramiento en negro de poco más de USD 500.000 dólares entre el 2014 y el 2018 en criptomonedas, rápidamente desmentido por el propio funcionario en charlas virtuales entre el 2020 y el 2022, enfureció al Gabinete, no convenció a la Justicia y complicó los planes el gobierno en el Congreso: todas las iniciativas quedaron opacadas, y la actividad legislativa paralizada, por la lluvia de pedidos de interpelación y mociones de censura contra el ministro coordinador.
En ese contexto, los roles parlamentarios del PRO y de Bullrich quedaron en el centro de la escena. En las últimas horas, Cristian Ritondo, jefe del bloque de los 12 diputados del PRO, les transmitió a Diego Santilli y a Gabriel Bornoroni –Martín Menem volvió de un conveniente viaje por Israel hacia el final de la semana- que la mejor salida para la crisis Adorni consistía en dar quórum este martes, habilitar la sesión especial pedida por el peronismo, Provincias Unidas, la Coalición Cívica y otros bloques y enviar a comisiones la interpelación del jefe de Gabinete. Es decir, ganar al menos una semana más. “Nosotros queremos sesionar el miércoles, y para sesionar el miércoles habría que sesionar el martes, y no vemos eso con malos ojos, todo lo contrario, que se emplace a las comisiones para que se traten los dictámenes. Así se destraba el funcionamiento del Congreso”, explicó ayer un diputado que responde a Macri y que es muy crítico del ministro coordinador. “Después, lo relevante es lo que haga la Justicia, o que Milei lo eche (a Adorni) o que él mismo renuncie”, agregó.

En esas conversaciones privadas, según fuentes oficiales, Ritondo ratificó la posición del bloque, y avisó: “No nos pueden pedir más que a Patricia”. La alusión remite a la reunión de labor parlamentaria del miércoles del Senado, en la que la senadora aplazó el debate sobre Adorni una semana pero con aval al pedido del bloque K, en cabeza de José Mayans, que resolvió avanzar con la interpelación y una posible moción de censura con mayoría absoluta -37 senadores- y no dos tercios, tal como se requiere para un proyecto sin dictamen. Bullrich quiere modificar este martes esa acta acordada a mediados de semana.

La mancha del escándalo Adorni que se esparce y corroe la actividad legislativa atenta, según las espadas legislativas de LLA, contra la agenda del Ejecutivo. La Ley de Lobby, que busca regular el cabildeo con la creación de un polémico registro cuestionado por decenas de ONGs y la oposición, parece haber quedado archivada. El debate convocado por el oficialismo para este miércoles para tratar de darle media sanción al Súper RIGI también está en suspenso: dependerá de la decisión política que tome la Casa Rosada respecto al jefe de Gabinete por las sesiones pedidas para el martes en la Cámara baja y el jueves en el Senado. El futuro de ese proyecto, sin embargo, no es solo una incógnita por la crisis en torno al ministro coordinador, sino también por la resistencia de algunos sectores. Existe, en ese sentido, un grupo de empresarios de peso del rubro de la metalurgia que ya han pedido reuniones con diputados y senadores para convencerlos de modificiar ese eventual régimen para favorecer a la industria local. Lo mismo sucede con la Ley de Propiedad Privada, impulsada por Federico Sturzenegger, que está atada en el Senado a la suerte del ahora ex vocero presidencial.

En medio de ese vendaval, el Ejecutivo activó una ronda de diálogos con los gobernadores, en algunos casos con el incentivo de una serie de adelantos financieros como los publicados esta semana en el Boletín Oficial para Entre Ríos, Santa Fe y Jujuy por $400.000 millones. En paralelo, el ministro del Interior inició con los jefes provinciales conversaciones simultáneas para intentar convencerlos de eliminar, o suspender, las primarias, un capítulo contemplado dentro de la reforma electoral, también aplazada para después del Mundial y contaminada por el escándalo que tiene al ministro coordinador investigado por la Justicia. El Gobierno aún no tiene los votos, por eso ya se habla de una iniciativa intermedia: primarias no obligatorias.

Desde Olivos, Milei no comparte el diagnóstico de casi toda la dirigencia libertaria: a cada sugerencia sobre la posibilidad de correr a su jefe de Gabinete respondió irascible, en algunos casos con exabruptos. No quiere entregarle la cabeza al sistema político, mucho menos al periodismo, más allá de que el caso Adorni resolvió, salvo escasísimas excepciones, la grieta impuesta por el Presidente entre el 95% odiado y el 5% de los periodistas afines. Milei no opera bajo la lógica tradicional: se deja llevar, en buena medida, por relaciones y afinidades personales. Bajo esa premisa intentó sostener el año pasado a José Luis Espert, y echó, en el primer semestre del 2024, a Nicolás Posse, al que le había encargado el diseño y el control de la gestión. Por esa decisión alcanzó una marca histórica: fue el presidente que más rápido removió a un ministro coordinador desde la reforma constitucional del ‘94.

El sostenimiento de Adorni corroe no solo la actividad del Congreso si no también el resto de la gestión. El viernes, Santiago Caputo se hizo eco de ese reproche que atraviesa al círculo rojo: en su cuenta de X, irónico, escribió “el gobierno ‘sin gestión’ logró la privatización más compleja de la Argentina” en alusión a la licitación de la Vía Troncal Navegable, cuyo proceso concluyó en favor de Jan de Nul-Servimagnus. Inversores locales, pero también del exterior, esperan ahora por la licitación del Belgrano Cargas, muy demorada, a cargo de Alejandro Núñez, un funcionario muy cercano a Francisco Caputo, hermano del consultor, y a integrantes del grupo Neuss. Esa privatización es muy relevante para el negocio de la minería, uno de los mayores dinamizadores de la actividad económica.

El impacto sobre la gestión tiene también su correlato en la publicidad de las iniciativas libertarias, lo que hace aún más desafiante el trabajo del nuevo vocero. En las últimas semanas, funcionarios y legisladores de LLA cancelaron notas por temor a que cualquier aparición quede circunscripta al escándalo Adorni“Tenemos cerrado el espacio aéreo (de los medios)”, bromeó, resignado, un legislador. La imposición se esparce a todos los ámbitos. Por ejemplo, la ciudad de Buenos Aires.

El jefe de Gobierno, Jorge Macri, capitalizó unilateralmente la sanción del endurecimiento de las penas para los “trapitos”, un proyecto que el PRO había congelado en la Legislatura y que se revitalizó por impulso del bloque porteño de La Libertad Avanza. Ni un solo referente libertario de la capital se atrevió a ir a los medios para apropiarse de la iniciativa por temor al efecto Adorni.

El affaire en torno al jefe de Gabinete tiene su propio capítulo en la ciudad de Buenos Aires. La semana pasada, en TN, el nuevo vocero presidencial se refirió al futuro político de su antecesor. “No podemos responder por él, él tiene que responder. Hay posibles contradicciones que él tiene que explicar mejor, sin dudas su capital político personal, de ese eventual jefe de Gobierno que pudo ser, hoy está más dañado, o habrá que ver cómo le impacta a él en su situación personal para su carrera política”, resaltó Ravier.

La caída de Adorni, los trascendidos cerca de Bullrich de su supuesta aversión a encabezar un proyecto porteño y el “efecto derrame” en la economía promocionado por el gobierno que todavía no tiene anclaje con la realidad, reanimaron al jefe de Gobierno: en el PRO de la capital están convencidos de que LLA no va a tener más alternativa que acordar con ellos el próximo año.

Pero antes que eso, la familia Macri deberá ordenarse internamente: la relación históricamente compleja entre Jorge y Mauricio Macri está peor que nunca. Una muestra de ese quiebre -¿pasajero?- es que, según testigos, el jefe de Gobierno ya no oculta su fastidio con su primo. Esa rotura es bien conocido por Daniel Angelici, “El Tano”, que hace malabares entre ambos.

La resolución de ese conflicto familiar puede tener injerencia directa en la estrategia del PRO en el 2027. ¿Existen mensajes encriptados entre el ex presidente y Horacio Rodríguez Larreta? Esas versiones son alimentadas por la cotidianeidad entre el legislador y Fernando de Andreis, mano derecha de Macri: sus hijos comparten actividad escolar. La relación entre Jorge Macri y su antecesor también está cada vez peor: ni siquiera se saludaron por sus recientes paternidades.

Ese escenario incierto dentro del PRO arroja aún más inquietudes en virtud de los planes del ex presidente. De viaje en Estados Unidos, abocado a la Copa del Mundo, en su entorno dicen que le escapa a una respuesta sobre una eventual candidatura en el 2027, aunque admiten que de haber agua en la piscina estaría dispuesto a calzarse el traje de baño y tirarse de cabeza. También dicen que su hija Antonia no quiere saber nada con esa posibilidad.

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Milei y el daño infinito de Adorni: vocero nuevo, foto gastada

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En una especie de tardío intento de control de daños, Javier Milei resolvió que Manuel Adorni mantenga el cargo de jefe de Gabinete, pero sin el arrastre como vocero presidencial. Se supone que la designación de Adrián Ravier como portavoz busca oxigenar la comunicación oficial y alejarla del caso que daña al Gobierno desde hace más de tres meses, en continuado. Ese objetivo, sin embargo, debe convivir con el sostenimiento del funcionario investigado por su vertiginoso crecimiento patrimonial. Este sábadola foto de apoyo -un recurso gastado- será en Rosario, mientras persisten versiones sobre un recambio final. Todos los movimientos de Olivos, aunque asomen contradictorios, están marcados por el mismo trazo.

El cambio de vocero fue anunciado por el propio Adorni al final de un encuentro en Olivos. El trascendido sobre la reunión, que se extendió varias horas, repitió la letra del gesto de respaldo, esta vez frenteal virtual plazo que se había dado el Senado para tratar la interpelación al funcionario. El recorte de una de sus funciones anotó el dato nuevo, aunque reiterado como objetivo: correrlo del foco de atención político y público. Nada sencillo después de intentos fallidos.

Por lo pronto, la designación de Ravier alimentó esa consideración -es decir, restarle visibilidad a Adorni y a su caso– y también otra especulación, casi una esperanza para algunos funcionarios: que esta sea la última línea de sostén al jefe de los ministros. En segundo plano aparecieron otras lecturas, vinculadas a la interna en el círculo de Olivos, es decir, entre Karina Milei y Santiago Caputo. En general, tal vez por la gravedad del cuadro, las reacciones posteriores al anuncio sobre el cambio de vocero evitaron ese costado de la historia.

Ravier tiene relación con el Presidente desde mucho antes de llegar a ser diputado violeta por La Pampa. Compartieron el llano, no sin disgustos, que en las redes fueron rápidamente recordados: mensajes con descalificaciones como las que Milei suele utilizar, ahora contra opositores, periodistas o economistas críticos. El legislador llega al Gobierno para ocupar parte del lugar de Adorni, pieza de Karina Milei. Y tiene vínculos con el espacio de Santiago Caputo. Pero lo dicho: por ahorano tendría relación con los equilibrios o desequilibrios internos.

Antes que nada, la decisión de contar con nuevo vocero busca encarar de otro modo el camino transitado sin éxito desde mediados de marzo: “mostrar gestión”. En sus primeras declaraciones luego del anuncio, Ravier dijo que su objetivo será “comunicar los logros del Gobierno”. Eso está asociado, como concepto, a la visión libertaria sobre el efecto Adorni, entre quienes lo respaldan cerradamente -y más bien atribuyen todo a un motor externo, mediático- y los que preferirían su alejamiento. Creen que opaca o directamente oculta datos positivos de gestión. Sólo esos.

De hecho, Luis Caputo quedó expuesto casi como solitario “vocero” en ese terreno, con acompañamiento de alguna franja de tuiteros violetas. Esas andanadas exponen de algún modo enojos y lamentos por el efecto del caso Adorni, junto a datos del mundo financiero, superávit o desaceleración inflacionaria. Por supuesto, la realidad es bastante más matizada: esos números conviven con informes estadísticos sobre la persistente caída del consumo o la crisis en diferentes rubros de la industria.

Como sea, la incorporación de Ravier llega en el umbral del nuevo gesto de apoyo a Adorni decidido por Olivos. Se trata, otra vez, de una escenificación del respaldo de los ministros y otros funcionarios, convocados especialmente para ir a Rosario, al igual que los jefes legislativos, entre ellos Patricia Bullrich. En cambio, la presencia de Victoria Villarruel necesitó de una diagonal en las invitaciones, por vía provincial. De todos modos, el tema del quiebre entre la vicepresidente y Olivos aparece un escalón por debajo de la tensión mayor de estos días.

Si no hay cambios, será la segunda vez consecutiva en que una celebración patria pierde el sentido propio y queda subordinada al juego doméstico del Gobierno. Antes había sido el 25 de Mayo, de manera visible en el Tedeum y las posteriores imágenes que buscó asegurarse Olivos. También entonces eran postales de respaldo al jefe de Gabinete.

No termina allí la serie. La agenda de los días que vienen expone hasta qué punto el caso Adorni tiñe el terreno político. La mira estará puesta en el Congreso, en una semana marcada además por una nueva gira presidencial.

Diputados enfrenta una doble prueba. Para el martes, está convocada una sesión especial que fue motorizada por la oposición para tratar de iniciar el trámite de la interpelación. Existen dudas sobre el número para lograr quórum. Y eso en buena medida depende hasta ahora de cómo juegan dialoguistas y aliados -amarillos, radicales, provinciales-, en parte por la expectativa que generó el Senado y también de acuerdo con lo que empujen los gobernadores, siempre con negociaciones abiertas por cuestiones de fondos.

A la par, el oficialismo tiene que resolver si realmente sostiene el llamado a la sesión del miércoles, para tratar proyectos que se vienen demorando: la ampliación del RIGI y el aval al acuerdo con holdouts. El compromiso de legisladores para garantizar número suficiente también depende del clima político más amplio y no sólo del repetido objetivo del oficialismo, necesitado de mostrar resultados.

En el Senado, el cuadro es más denso, porque puso a prueba la relación entre LLA y bloques que suelen acompañar sus iniciativas, muchas veces con cambios en los proyectos y en función de tratos más amplios con jefes provinciales. La semana pasada, Bullrich cerró un entendimiento con los jefes de otros espacios en base a dos putos: levantar la sesión programada para tratar el postergado proyecto sobre propiedad privada y fijar el jueves próximo para ir al recinto con el pedido de interpelación a Adorni como primer punto.

Pero antes, el martes, habrá que ver si el mileismo logra frenar por unas semanas la carga sobre el jefe de Gabinete. Se trata de una vuelta de tuerca sobre las mayorías necesarias para tratar ya el tema o tener que pasar antes por comisión. En otras palabras, ganar tiempo. Pero ocurre que, más allá de la tensión que genera esa jugada -y de las negociaciones “reservadas” con aliados-, Adorni debería ir al Senado a principios de julio para dar su informe, muy demorado.

Por supuesto, la repercusión y la persistencia del caso no depende exclusivamente de lo que haga Olivos y de lo que suceda en el Congreso. Las novedades en el frente judicial parecen inagotables. Y nada indica que la sucesión sea cerrada por el penoso capítulo de la compra de colchones y artículos de blanquería, en efectivo y a nombre de una empleada de la Casa Rosada. Más bien, al contrario.

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Banderazo a un año de la detención de Cristina Kirchner: la discusión que alimenta divisiones y dificulta la unidad

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Hay una línea divisoria que se ha convertido en un problema para el peronismo. Por esa marca invisible camina, ida y vuelta, Cristina Kirchner. De un lado, está la guardia política de su nombre, su conducción y su lugar dentro de las fronteras peronistas. Del otro lado, están las distintas vertientes justicialistas que la respetan, la reconocen, la consideran parte de un armado nacional, pero a las que no les marca el pulso de sus actividades y expresiones.

El lugar de la ex presidenta en el tiempo actual y, sobre todo, en el que viene, se ha convertido en un debate estéril. Unos les recriminan a otros que digan lo que no van a decir. Y esos otros platean análisis e hipótesis que jamás serán convalidadas del otro lado. Entonces, la discusión empieza a convertirse en una guerrilla dialéctica en la que todos pierden. O, en el mejor de los casos, reconfirman su propia verdad.

Esta tarde, en Parque Lezama, el cristinismo convocó a un banderazo por el aniversario de la confirmación de la condena de Cristina Kirchner en la causa Vialidad y su posterior detención. Será una nueva muestra de la centralidad que el sector de la ex presidenta le quiere dar al reclamo por su inocencia y su libertad. No está estipulado que se motorice una movilización a San José 1111, aunque es probable que haya una parte de la militancia que camine hasta la puerta de ese edificio donde la líder peronista pasa sus días.

Para la gran mayoría de los que estén presentes hoy CFK tiene que ocupar un lugar central en el armado opositor. Porque es la que tiene los votos, aunque esté presa. Porque es la que está pagando los platos rotos de una gestión de gobierno de la que se benficiaron todos: la gente y la política. “Sin Cristina, Kicillof no era gobernador”, suelen decir algunos camporistas que nunca se olvidan del Gobernador.

Para poder ser competitivo el año que viene y tener la posibilidad de ganar, el peronismo necesita unidad y conformar una coalición lo suficientemente amplia para que logre hacer pie. El rival a enfrentar es el ala antiperonista, que en la última elección, con la convergencia de La Libertad Avanza y el PRO, ha demostrado su poderío en las urnas. En ese sentido, el mensaje que salga de Lezama será importante. Máximo Kirchner será el único orador.

En los últimos días hubo dos hechos que volvieron a poner a la ex presidenta en el centro del debate peronista. El primero, en el comienzo de la semana, fue la viralización de un discurso pronunciado por la legisladora porteña Benerice Iánez, cercana a Andrés “Cuervo” Larroque, y que es parte del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), que conduce Axel Kicillof.

Iáñez dijo que la ex Jefa de Estado “jode bastante las pelotas” y que “quiere ordenar desde un balcón”. Ese mensaje fue reprochado por el cristinismo, donde consideraron que lo dicho fue “una falta de respeto” y “pasó un límite”, y fue utilizado como un argumento para defender a la ex presidenta de los ataques internos. Además, y por sobre todas las cosas, rompió el clima de buena voluntad que existía para que Kicillor y Máximo Kirchner, condiciones mediante, se sentarán a hablar.

“Los peronistas de la Ciudad queremos a Cristina libre y rompiendo las pelotas”, escribió en sus redes el senador camporista Mariano Recalde, para convocar al banderazo por el aniversario de la condena de Cristina Kirchner que se realizará esta tarde en Parque Lezama. La diputada nacional Paula Penacca también utilizó esa frase de Iañez para defender a su líder. “El pueblo argentino debe ser a lo único que Cristina no le rompe las pelotas. Cristina le rompió las pelotas a los militares, a Videla y al poder económico”, sostuvo.

Son solo dos ejemplos de un discurso que se repite en otros nombres propios del cristinismo, donde resaltan que la ex mandataria tiene un alto nivel de intención de votos pese a estar presa, inhabilitada para competir y siendo víctima de un proceso de deslegitimización. “Es competitiva y la quieren sacar de la cancha a través del partido judicial”, dijo también Penacca.

El segundo hecho que amplificó el debate sobre el lugar de CFK y su causa judicial dentro de la vida del peronismo, fue lo que dijo la senadora nacional jujeña Carolina Moisés, rival interna del kirchnerismo en el extenso mundo justicialista. “Cualquier peronista que haga el razonamiento de que hay que liberar a Cristina para que sea candidata, está en Disney. Dejen de decirlo. Es imposible. Nadie va a liberar a Cristina”, sostuvo en una entrevista en el canal de streaming Gelatina.

Moisés, que es parte del esquema norteño que tiene como referentes a los gobernadores Gustavo Sáenz (Salta), Raúl Jalil (Catamarca) y Osvaldo Jaldo (Tucumán), todos enfrentados al cristinismo, consideró que la posibilidad de un indulto dependerá del perfil del candidato y advirtió que si ese es el eje de la campaña electoral, quien lo cumpla, no llegará a la Casa Rosada. “Cualquier dirigente razonable va a decir que a ese perfil de candidato no lo van a votar”, explicó.

La senadora nacional dio un paso más y afirmó: “En el mundo ideal, Cristina debería estar libre y los peronistas deberíamos ganar la próxima elección. Seamos realistas. Hoy está condenada con última instancia. Es un dato de la realidad. No hay más lugar donde apelarlo. Ya está. Es injusto, hay lawfare, no corresponde, todo pasa por la corriente de la opinión”, indicó la jujeña.

“La realidad es que está presa, condenada y no puede ejercer cargos públicos. Si el peronismo no se para sobre esa realidad, y construye la opción, y seguimos pensando que hay que liberar a CFK, no llegamos. Si el candidato dice que hay que liberar a Cristina, no llega. Interpretemos a la sociedad porque sino, no construimos poder. Y el peronismo que no construye poder, no es peronismo”, fue el mensaje más fuerte que expresó Moisés.

Las respuestas públicas no tardaron en llegar. Hubo cuestionamientos de Facundo Tignanelli, Teresa García y Leila Chaher, todos cristinistas duros. Pero el salto de potencia en la confrontación fue de Mayra Mendoza. La quilmeña fue al hueso. “Buscas acomodar tu posición a que el poder del peronismo es ser más sistema y justamente es todo lo contrario. Si sos tan corajuda te espero el sábado en Parque Lezama que vamos a hacer un banderazo por Argentina (a la que está destruyendo el que vos le votas todo -Milei-) y lo charlamos ahí”, le escribió.

Moisés no se quedó atrás. “No es necesario que me invites a pelear a la plaza porque no tenes ningún argumento para responderme. A mi me encontrás siempre del mismo lado, el peronismo es algo que vos no podes entender”, le respondió en sus redes sociales. La discusión de fondo es la misma, aunque cambien las palabras, las formas o los focos. Se trata de cómo rearmar una opción competitiva y creíble del peronismo, y qué lugar ocupa Cristina Kirchner en esa estructura.

Hay dirigentes del peronismo discutiendo sobre un indulto que, según dijo el ministro de Justicia bonaerense y asesor judicial de la ex presidenta, Juan Martín Menna, Cristina Kirchner no quiere. Cada frase respecto a esa situación dispara un sobreanálisis de si el dirigente de turno que habló la quiere esconder a CFK, la quiere enaltecer o la quiere defender.

El cristinismo está en una trinchera casi en forma permanente. Confrontando contra los rivales internos, pero sin dar muestras claras de hacia donde se puede ampliar el espacio de cara al 2027. Las diferencias que existen con sus planteos sobre el lugar de CFK, el rol que debe tener en el peronismo y la fuerza de los votos que conserva, altera todas las conversaciones políticas.

Moisés, apuntada por estar en un esquema que ha jugado, y sigue jugando, como un aliado táctico de Milei en el Congreso, expresó lo que muchos dirigentes del peronismo dicen por lo bajo. Incluso, muchos que cuestionan a la dirigente jujeña en otros aspectos de su vida política. Si no lo exponen, no es porque no tengan intenciones de dar la pelea, sino porque advierten, con claridad, que esa búsqueda de la razón sobre el otro, solo genera más daño al conjunto. No hay ganadores cuando la grieta interna se agiganta. Sea por los motivos que sea.

En esa lógica se mueven los integrantes del PJ Federal, que el lunes pasado, en Concepción del Uruguay, nombraron a Cristina Kirchner en sus discursos, lo que no habían hecho en Parque Norte, con el fin de limitar y edificar su identidad. No hablaron de la consigna “Cristina libre” ni de que tiene que ser la candidata del peronismo. Pero no se olvidaron de ella.

Guillermo Michel nombró el progreso del sector avícola en Entre Ríos gracias a los prestámos del Bicentenario otorgados durante su gobierno y Juan Manuel Olmos aseguró que los sectores de poder creen que “una condena injusta contra Cristina iba a silenciar el peronismo”, postura que también ha marcado Victoria Tolosa Paz en público.

Fue una forma de bajar las tensiones y evitar cualquier tipo de confrontación. Porque, en definitiva, todos se necesitan para poder armar un gran frente y ser competitivos. Si no hay una convicción profunda, hay una necesidad segura. Cada uno por separado no tiene peso propio a nivel nacional. Lo saben todos. Desde Kicillof hasta CFK, desde Massa hasta los federales. Por eso la construcción amplia requiere de menos rencillas y más puntos de acuerdos. O de mínima, la capacidad de no plantar una pelea donde las diferencias abundan.

En el 2019, el kirchnerismo, de la mano de Máximo Kirchner y Eduardo “Wado” De Pedro, tendió los puentes para el regreso a la estructura central del peronismo de Sergio Massa. El mismo dirigente que se había ido del gobierno de CFK, había fundado su espacio, había ganado una elección de medio término, les había discutido el poder de los votos y había dicho que iba a “barrer a los ñoquis de La Cámpora”.

Ese regreso de Massa fue uno de los movimientos claves para el triunfo del peronismo en las elecciones presidenciales. El pragmatismo estuvo atado a la capacidad del olvido y el perdón. Y a la necesidad de compartir un rumbo. Después, por un sinfín de motivos, la experiencia de gobierno fracasó.

Esa misma flexibilidad y aptitud es la que en la actualidad le piden muchos dirigentes del peronismo profundo al cristinismo, para sentar las bases de un armado nacional. Empezar a cerrar las heridas o, si no es posible, no abrirlas más. Porque, como dijo el papa Francisco y resaltan a menudo en las mesas políticas del justicialismo, nadie se salva solo. Y en este complejo mapa electoral que tiene el justicialismo por delante, nadie gana solo.

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