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Milei, Lula y la nueva Guerra Fría
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2 meses haceen
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Mayra Pastor
La pelea entre Javier Milei y Luiz Inácio Lula da Silva parece, a primera vista, una disputa bilateral entre dos presidentes que tienen diferencias ideológicas profundas y una relación personal particularmente mala. En realidad, es algo bastante más importante. La crisis entre Argentina y Brasil es uno de los síntomas latinoamericanos de una transformación mucho mayor: el mundo relativamente unipolar que conocimos después de la Guerra Fría terminó y estamos entrando en una nueva etapa de competencia estratégica entre Estados Unidos y China.
No estamos frente a una repetición exacta de la Guerra Fría del siglo XX. No existen dos bloques perfectamente cerrados ni una división ideológica absoluta del planeta. Estados Unidos y China compiten en comercio, tecnología, inteligencia artificial, semiconductores, infraestructura, energía, defensa y cadenas de suministro, pero sus economías siguen profundamente interconectadas. Al mismo tiempo, potencias como India, Brasil, Turquía y otras buscan preservar márgenes de autonomía. Por eso resulta más preciso hablar de una bipolaridad competitiva, en la que Washington y Beijing son los dos grandes polos de poder, mientras los actores intermedios intentan evitar convertirse en simples piezas de ese enfrentamiento.
En ese nuevo escenario, América Latina vuelve a adquirir relevancia. No porque Washington pueda tratarla como su patio trasero, como ocurrió en otros momentos de la historia, ni porque Beijing esté construyendo una esfera de influencia tradicional. La región posee alimentos, energía, minerales críticos, mercados, infraestructura estratégica y una posición geográfica excepcional respecto de Estados Unidos. China ya es un actor económico central y Estados Unidos conserva una enorme gravitación financiera, tecnológica, comercial y militar. América Latina es, por lo tanto, otro escenario de la competencia entre las dos grandes potencias.
Argentina decidió tomar posición. Javier Milei entendió algo que durante demasiado tiempo buena parte de la dirigencia argentina se resistió a reconocer: el mundo cambió y la Argentina necesita definir cuál es su espacio estratégico. El acercamiento a Estados Unidos, la alianza con Donald Trump y la decisión de reconstruir una identidad internacional claramente occidental tienen fundamentos que exceden la simpatía personal entre presidentes. Argentina necesita inversiones, tecnología, mercados, cooperación en defensa y seguridad y una relación privilegiada con la principal potencia occidental.
Desde esa perspectiva, el giro de Milei tiene una lógica. El problema aparece cuando una definición estratégica comienza a convertirse en una obligación de acompañar automáticamente cada batalla de Washington. Estados Unidos es un socio estratégico. No es la Argentina.
Donald Trump tiene intereses estadounidenses que coinciden con los argentinos en numerosos asuntos, pero no necesariamente en todos. Washington quiere contener el avance estratégico de China, proteger sus cadenas de suministro, recuperar influencia en América Latina y evitar que Beijing transforme su enorme presencia económica en influencia política y militar. Argentina quiere crecer, atraer inversiones, exportar y aumentar su poder relativo. Las agendas pueden converger. Pero no son idénticas. Ésta es la diferencia entre alineamiento y subordinación.
Argentina puede ser firmemente occidental sin renunciar a su capacidad de decisión. Puede profundizar su relación con Estados Unidos sin transformar cada disputa estadounidense en una disputa argentina. Puede considerar a China un competidor estratégico de Occidente y, al mismo tiempo, negociar con Beijing cuando eso resulte conveniente para nuestros intereses. La autonomía no significa neutralidad. Significa tener capacidad para tomar decisiones propias. Y esa discusión aparece con particular claridad en Brasil.
Las diferencias de Milei con Lula son reales y, en muchos casos, legítimas. La visión económica del Partido de los Trabajadores es mucho más estatista que la que impulsa el gobierno argentino. La política exterior de Lula privilegia una autonomía frente a Washington que puede entrar en contradicción con determinados intereses occidentales. Su relación con los BRICS y con China merece ser seguida con atención, y sus posiciones frente a Venezuela, Israel y otros conflictos internacionales han generado diferencias profundas y justificadas con Buenos Aires. Pero también sería un error reducir a Lula a la caricatura de un presidente socialista que simplemente quiere acercar Brasil a China y enfrentar a Estados Unidos. Lula es algo bastante más complejo: un dirigente nacionalista y pragmático que entiende que Brasil tiene una escala suficiente para intentar jugar su propio partido.
Brasil no quiere ser un aliado automático de Washington. Pero tampoco quiere ser un satélite de Beijing. Quiere ser Brasil. Ésa es una característica de su política exterior que atraviesa gobiernos de izquierda, centro y derecha. Itamaraty construyó durante décadas una cultura de autonomía estratégica que busca mantener relaciones simultáneas con las grandes potencias y preservar el mayor margen de maniobra posible.
Incluso si Flávio Bolsonaro llegara a la presidencia, sería ingenuo imaginar que Brasil abandonaría esa tradición para convertirse simplemente en un aliado subordinado de Estados Unidos. Un gobierno brasileño de derecha probablemente sería mucho más próximo ideológicamente a Milei y Trump, pero Brasil seguiría defendiendo sus intereses nacionales. Eso es lo que Argentina debería entender.
Porque el verdadero problema no es que Lula tenga una política exterior diferente a la nuestra. El problema sería que Argentina confundiera su oposición a Lula con una política de confrontación permanente hacia Brasil. La presión de Washington sobre Brasil agrega otra variable a considerar. La administración Trump ha decidido incrementar la presión económica y política sobre el gobierno brasileño. Los aranceles estadounidenses pueden ser explicados desde una lógica comercial, pero resulta imposible ignorar el contexto electoral en el que se producen. Washington tiene un interés evidente en que la derecha brasileña recupere el poder y en limitar la influencia de Lula.
Pero aquí puede aparecer una paradoja clásica de la política internacional: la presión externa puede fortalecer al gobierno que se pretende debilitar.
Si Lula consigue presentar la disputa con Washington como una cuestión de soberanía brasileña, puede transformar una dificultad económica en una herramienta electoral. Cuanto más aparezca Estados Unidos interviniendo en la política interna de Brasil, más sencillo será para Lula presentarse como defensor de los intereses nacionales frente a una potencia extranjera.
Y hay un dato todavía más incómodo para Washington: el nacionalismo brasileño no pertenece exclusivamente a la izquierda. También atraviesa a la derecha. Por eso Trump puede estar apostando a debilitar a Lula y, al mismo tiempo, ayudándolo a construir el relato político que necesita para resistir.
Esto no significa que Lula sea una víctima inocente ni que la oposición brasileña carezca de posibilidades. Significa que las grandes potencias también pueden equivocarse al calcular los efectos de su presión sobre actores más pequeños. La elección brasileña, entonces, tiene una importancia que excede ampliamente a Brasil.
Una victoria de Flávio Bolsonaro abriría una oportunidad extraordinaria para Buenos Aires. Podría existir una convergencia mucho mayor en seguridad, defensa, energía, infraestructura y comercio, además de una coordinación más estrecha con Washington. Después de años de distancia ideológica, Argentina podría encontrarse con un gobierno brasileño mucho más próximo.
Pero una victoria de Flávio también podría generar una paradoja para la propia estrategia argentina. Si Brasil volviera a alinearse políticamente con Washington, Argentina podría dejar de tener algo que hoy posee: un valor diferencial como principal socio sudamericano de Estados Unidos. Brasil tiene una escala económica, demográfica, territorial y estratégica muy superior a la argentina. Para Washington, un Brasil alineado con sus intereses tendría un peso que Argentina sencillamente no puede igualar. El éxito del acercamiento argentino a Estados Unidos podría, paradójicamente, fortalecer a un competidor regional mucho más grande por la atención de Washington.
La victoria de un gobierno brasileño ideológicamente cercano a Milei sería, por lo tanto, una buena noticia para la relación bilateral, pero no necesariamente para la posición relativa de Argentina dentro de la estrategia estadounidense hacia Sudamérica.
Si Lula continúa en el poder, el desafío será diferente: Buenos Aires deberá administrar una relación ideológicamente incómoda con un país con el que comparte comercio, industria, frontera, infraestructura y numerosos intereses concretos. Ninguno de los dos escenarios debería ser una catástrofe.
El escenario realmente peligroso sería otro: que Argentina construya una política exterior que solamente funcione cuando gobiernan nuestros amigos. Eso no es estrategia. Es apostar. Y los Estados no deberían apostar su política exterior.
Aquí aparece una de las principales restricciones estratégicas de la Argentina: la geografía. Estados Unidos puede ser nuestro principal socio estratégico. China puede ser un mercado indispensable. Europa puede ofrecer inversiones y tecnología. India y Medio Oriente pueden convertirse en mercados cada vez más relevantes. Pero Brasil es nuestro vecino. Y la geografía no se negocia.
Brasil continúa siendo nuestro principal socio comercial y uno de los pilares de la estructura productiva argentina. La relación bilateral no se limita al intercambio de bienes: existe una integración industrial profunda, particularmente en sectores como el automotriz, donde empresas de ambos países forman parte de cadenas de valor que atraviesan las fronteras.
Argentina puede diversificar mercados. No puede diversificar vecinos. Ésa es una diferencia fundamental.
En un mundo bipolar, además, la relación con los vecinos adquiere todavía más importancia. Una Argentina enfrentada con Brasil pierde capacidad de negociación frente a Estados Unidos y China. Una Argentina capaz de mantener una relación pragmática con Brasil también aumenta su poder relativo. Esto no significa idealizar el Mercosur. Este bloque de integración comercial necesita reformas profundas. Argentina tiene razones para reclamar mayor flexibilidad comercial, acuerdos con terceros mercados y una estrategia de inserción internacional mucho más ambiciosa. El bloque no puede convertirse en una estructura burocrática que impida a sus miembros aprovechar oportunidades globales.
Pero reformar el Mercosur es muy diferente de destruirlo. La integración regional no debería defenderse por nostalgia, sino por interés.
Una Argentina y un Brasil con mayor coordinación económica, energética, industrial y de infraestructura tienen más capacidad de negociación frente a Washington y Beijing que dos países enfrentados y compitiendo por separado. En un mundo de grandes bloques económicos y tecnológicos, cierta escala regional puede convertirse en una fuente de poder.
La cuestión, entonces, no es si Argentina debe elegir entre Estados Unidos y Brasil. Es una falsa disyuntiva. Argentina puede ser el socio estratégico más cercano de Estados Unidos en América del Sur y, al mismo tiempo, tener una relación pragmática con Brasil. Puede ser firmemente occidental y negociar con China. Puede criticar a Lula y sentarse con él a discutir comercio, energía, seguridad fronteriza e infraestructura. Eso no es contradicción. Es realpolitik.
Las grandes potencias lo hacen permanentemente: Estados Unidos compite con China y, al mismo tiempo, negocia con Beijing; India profundiza su relación con Washington mientras conserva vínculos estratégicos con Rusia; Turquía pertenece a la OTAN y mantiene canales con Moscú. Los Estados no necesitan admirarse para cooperar. Necesitan identificar intereses convergentes. El desafío argentino es precisamente ése: abandonar tanto la vieja tentación de mantenerse al margen de las grandes disputas como la nueva tentación del alineamiento automático.
Argentina no necesita ser neutral entre Washington y Beijing. Tampoco necesita convertirse en una pieza pasiva de la estrategia estadounidense. Necesita aumentar su propio poder. Ésa debería ser la vara con la que se evalúe cada decisión de política exterior. ¿Esta decisión aumenta nuestras exportaciones? ¿Atrae inversiones? ¿Mejora nuestra seguridad? ¿Nos permite acceder a tecnología? ¿Fortalece nuestra capacidad de negociación? ¿Reduce vulnerabilidades estratégicas? ¿Amplía nuestro margen de maniobra? Si la respuesta es afirmativa, hay una estrategia. Si la respuesta es simplemente que “nuestros aliados están contentos”, probablemente no.
La elección brasileña debería ser leída desde esa perspectiva. Más allá de quién gane en octubre, Argentina tendrá que relacionarse con un Brasil que seguirá siendo una potencia regional y un actor relevante dentro de la competencia entre Washington y Beijing. En ninguno de los dos casos Argentina debería convertir esa relación en una extensión de sus preferencias ideológicas.
Brasil no tiene que ser nuestro aliado porque gobierne la derecha, ni nuestro adversario porque gobierne la izquierda. Tiene que ser nuestro socio porque es Brasil. Ésta debería ser la base de una política exterior pragmática. La relación con Brasil necesita menos épica y más estrategia. Menos personalización y más institucionalidad. Menos discusión sobre quién gobierna en Brasilia y más atención a los intereses permanentes de ambos países.
Eso no significa relativizar nuestras diferencias con Lula ni abandonar el acercamiento estratégico con Estados Unidos. Significa entender que una cosa es definir de qué lado estamos en la competencia global y otra muy distinta decidir cómo nos relacionamos con cada país desde nuestros propios intereses. Argentina puede elegir Occidente. Puede profundizar su alianza con Washington. Puede cuestionar a China cuando corresponda. Puede criticar a Lula y preferir a Bolsonaro. Pero también puede sentarse a negociar con todos ellos cuando los intereses argentinos así lo requieran.
En definitiva, la Argentina necesita dejar atrás dos tentaciones que históricamente le hicieron daño: la idea de que debemos mantenernos al margen de las grandes disputas internacionales y la idea opuesta de que alinearnos con una potencia implica acompañarla automáticamente en todos sus conflictos.
El mundo que viene no funciona así. En esta nueva bipolaridad competitiva, Estados Unidos y China tendrán cada vez más capacidad para condicionar las decisiones de los países intermedios. Pero precisamente por eso Argentina necesita aumentar, no reducir, su margen de maniobra. Y allí Brasil adquiere una importancia que ninguna coyuntura electoral debería hacernos olvidar. Brasil no es Lula. Tampoco será Bolsonaro. Brasil es una potencia vecina con la que Argentina va a convivir, gobierne quien gobierne.
La política exterior argentina debería ser capaz de distinguir entre una diferencia ideológica coyuntural y un interés estratégico permanente. Podemos cambiar de presidente. Podemos cambiar de gobierno. Podemos incluso cambiar de orientación económica. Lo que no podemos cambiar es la geografía.
Y en geopolítica, la geografía suele tener más memoria que la política.
Argentina ya eligió Occidente. Esa definición puede ser correcta y, al mismo tiempo, insuficiente. El verdadero desafío consiste ahora en transformar ese alineamiento en poder, inversiones, tecnología, seguridad, mercados y capacidad de negociación. No se trata solamente de elegir un lado. Se trata de tener algo que ofrecer desde ese lado. Porque los presidentes pasan, las elecciones terminan y las ideologías cambian. Los intereses nacionales permanecen.
Y una política exterior verdaderamente estratégica no debería preguntarse primero quién gobierna en Brasilia, Washington o Beijing. Debería preguntarse qué necesita la Argentina de cada uno de esos actores y qué está dispuesta a hacer para conseguirlo.
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Tierras, industria y universidades, los reclamos y protestas de sindicatos y piqueteros previstos para octubre
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5 horas haceen
7 octubre, 2026Por
Mayra Pastor
La decisión de la Corte Suprema de Justicia que restableció la vigencia del artículo del DNU 70/2023 que derogó la Ley de Tierras desencadenó una serie de protestas que se extenderá durante dos semanas. La Confederación General del Trabajo (CGT) marchará este jueves 8 de octubre en defensa de la industria nacional, distintas organizaciones sociales de izquierda se reunirán el viernes 9 para coordinar una respuesta común y, el jueves 15, una movilización al Congreso acompañará la sesión especial en la que Diputados intentará rechazar el decreto.
La primera concentración ocurrió ayer frente al Palacio de Tribunales, en Plaza Lavalle. La impulsaron el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas de La Plata (CECIM), la Central de Trabajadores de la Argentina Autónoma (CTA-A), la Central de Trabajadores de la Argentina de los Trabajadores (CTA-T), la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), sectores de la izquierda, agrupaciones sociales, ambientales y de derechos humanos.
La convocatoria tuvo como eje el rechazo al fallo firmado el 29 de septiembre por los jueces Horacio Rosatti, Carlos Rosenkrantz y Ricardo Lorenzetti. La resolución dejó sin efecto una sentencia de la Cámara Federal de La Plata que había declarado inconstitucional el artículo 154 del decreto presidencial, aunque no se pronunció sobre la constitucionalidad de fondo de esa norma. El máximo tribunal consideró que el CECIM no tenía legitimación para presentar una acción colectiva en defensa de la soberanía territorial. Como consecuencia, volvió a producir efectos la derogación de la Ley 26.737, que regulaba la compra y posesión de tierras rurales por parte de extranjeros.
Qué es el DNU 70/2023
El Decreto de Necesidad y Urgencia 70/2023, denominado “Bases para la Reconstrucción de la Economía Argentina”, fue firmado por el presidente Javier Milei el 20 de diciembre de 2023 y publicado al día siguiente en el Boletín Oficial. El texto original reunía 366 artículos y dispuso cambios, derogaciones y desregulaciones en áreas como alquileres, comercio, salud, transporte, empresas públicas, mercado laboral, tarjetas de crédito y actividad económica.
El decreto también declaró la emergencia pública en materia económica, financiera, fiscal, administrativa, previsional, tarifaria, sanitaria y social hasta el 31 de diciembre de 2025. Varios de sus artículos modificaron normas de alcance estructural que continuaron vigentes más allá de ese plazo.
Uno de esos puntos es el artículo 154, incluido en el capítulo de bioeconomía. La disposición derogó la Ley 26.737 de Protección al Dominio Nacional sobre la Propiedad, Posesión o Tenencia de las Tierras Rurales. Esa norma, sancionada en 2011, fijaba un tope del 15% para la titularidad extranjera de tierras rurales en el país, en cada provincia y en cada departamento. También impedía que una misma nacionalidad concentrara más del 30% de ese cupo, establecía un límite de 1.000 hectáreas por titular extranjero en la zona núcleo y restringía la compra de inmuebles con cuerpos de agua relevantes, ribereños de esos cursos o ubicados en zonas de seguridad de frontera.
La Cámara Federal de La Plata había suspendido la aplicación del artículo 154 tras una presentación del CECIM. Esa cautelar permaneció vigente durante más de dos años, hasta el reciente pronunciamiento de la Corte, que aclaró luego que no analizó si el artículo es constitucional y que su intervención se limitó a la legitimación del CECIM. El tribunal también remarcó que otras personas u organizaciones pueden presentar nuevas medidas cautelares y que el Congreso conserva sus atribuciones para tratar el decreto.
La Ley de Tierras se convirtió en el detonante
La reposición del artículo 154 reabrió un conflicto político que hasta ahora no había logrado llegar al recinto de Diputados. El Senado rechazó el DNU 70/2023 el 14 de marzo de 2024, con 42 votos negativos, 25 afirmativos y cuatro abstenciones. Como el rechazo de una sola cámara no basta para invalidar un decreto de necesidad y urgencia, la norma continuó vigente.
Bloques de la oposición convocaron a una sesión especial en Diputados para el jueves 15 de octubre a las 14. El temario incluye el tratamiento del DNU 70/2023, una iniciativa sobre endeudamiento y morosidad de las familias y la prórroga de la emergencia nacional en discapacidad hasta el 31 de diciembre de 2027. Para abrir la sesión, los bloques convocantes deberán reunir un quórum de 129 legisladores. Si la Cámara baja también rechaza el DNU, el decreto quedará derogado hacia adelante, dado que el Senado ya se pronunció en contra.
La discusión supera el capítulo de tierras. Quienes impulsan la derogación cuestionan el alcance del decreto en materia de regulación económica, alquileres, medicina prepaga, comercio exterior y privatizaciones. Los diputados Miguel Ángel Pichetto y Nicolás Massot presentaron además una medida cautelar para volver a suspender los efectos del artículo 154, con el argumento de que, mientras el Congreso define el futuro de la norma, podrían concretarse adquisiciones de tierras rurales por parte de extranjeros que luego queden consolidadas como derechos adquiridos.

El testimonio de los excombatientes de Malvinas
Durante la jornada previa a la marcha a Tribunales, el dirigente del CECIM Hugo Robert explicó en diálogo con Radio 750 los motivos de la convocatoria. “Ya sabemos lo que fue el fallo de la Corte que habilita a la compra completa de Argentina. La Corte le dio el 100%, se puede vender todo”, afirmó.
Robert señaló que el reclamo no apunta solo al Poder Judicial, sino también a la dirigencia política. “También es un llamado a nuestra clase dirigente, que durmió durante más de dos años y medio cuando estuvo vigente el amparo que la Justicia le dio a la presentación del CECIM”, dijo. Y agregó que la preocupación no se limita a la superficie de tierra en discusión: “No es que toda la tierra, absolutamente, es lo que les importa a los extranjeros. Son sectores clave, donde están los recursos”.
Las centrales de trabajadores y la izquierda convocaron a movilizar
El secretario general de la CTA-A, Hugo Godoy, calificó el fallo como grave porque, según sostuvo, habilita la venta sin restricciones de tierras rurales a extranjeros y desconoce la legitimación de los excombatientes para cuestionar judicialmente el decreto. El secretario general de la CTA-T, Hugo Yasky, vinculó la protesta por la Ley de Tierras con la sesión del 15 de octubre y señaló que los distintos bloques opositores trabajan para reunir el quórum necesario y debatir tres temas: discapacidad, endeudamiento familiar y la derogación del DNU.
Desde el Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad, la diputada nacional Myriam Bregman y el diputado Nicolás del Caño, firmantes del pedido de sesión especial e impulsores de la Marcha de la Bronca del 19 de septiembre, llamaron a movilizar masivamente. “Lo que no pudieron imponer frente a la calle el 6 de agosto, ahora lo resolvieron tres jueces de la Corte en un despacho: la extranjerización total de nuestras tierras”, denunciaron en un comunicado conjunto. “Esa fuerza que se expresó en la calle frente al Senado y que se volvió a replicar en todo el país en la Marcha de la Bronca la tenemos que volver a desatar”, agregaron, y reclamaron a las centrales sindicales que convoquen a un paro nacional activo para el 15 de octubre.
“El 6 de agosto le dimos un golpe enorme al proyecto de saqueo y entrega del Gobierno y sus cómplices. La gran pregunta ahora es quién llamó a la Corte Suprema para que saquen este fallo sobre Ley de Tierras”, planteó Bregman, y remarcó que la discusión excede lo procesal: “No estamos discutiendo una medida cautelar, estamos discutiendo los jirones de soberanía sobre nuestro territorio”.
Del Caño comparó el conflicto con un antecedente anterior. “Como hicimos contra el dos por uno en beneficio de los genocidas que también impulsó la Corte, tenemos que derrotarlos en las calles”, afirmó, y convocó a movilizar junto con todos los sectores dispuestos a sumarse. Ayer, durante su discurso en el escenario montado frente a Tribunales, agregó: “Este 15 de octubre tenemos que ser cientos de miles en las calles y exigimos un paro nacional para que caiga todo el decreto 70/23”.
El diputado también planteó la necesidad de unificar agendas de cara a la marcha del 15. “Ese día también está prevista la movilización universitaria, en reclamo por la aplicación de la ley de financiamiento. Unir las peleas de la comunidad universitaria, del colectivo de la discapacidad, de los millones de endeudados y empobrecidos por este Gobierno es el camino”, sostuvo, y volvió a exigir a las centrales sindicales un paro nacional activo para esa fecha.
Una autoconvocatoria en Parque Lezama
Este viernes 9 de octubre, las mismas organizaciones sociales, políticas, de izquierda, sindicales, estudiantiles, ambientales y de derechos humanos que impulsaron la Marcha de la Bronca del 19 de septiembre volverán a reunirse en el Parque Lezama, en una autoconvocatoria destinada a definir cómo continuar la respuesta callejera contra el fallo de la Corte y a preparar la movilización al Congreso del 15 de octubre, día en el que se celebrará la sesión especial para intentar voltear el DNU 70/2023.
El encuentro busca ampliar el marco de convocatoria y coordinar la participación de los distintos sectores que ya se movilizaron contra el fallo y que acompañarán también la jornada en el Congreso.
La CGT marchará por la industria el jueves 8
La segunda protesta de la semana se realizará este jueves. La CGT convocó a movilizarse a las 15 desde Diagonal Sur y Perú, en la Ciudad de Buenos Aires, frente al edificio donde funcionó el ex Ministerio de Industria. La central obrera marchará bajo la consigna “Las Malvinas son argentinas, la industria nacional también”, una frase que retoma la tipografía utilizada en la marcha del 6 de agosto, cuando el Gobierno retiró los capítulos de tierras y de la Ley de Manejo del Fuego del proyecto de Inviolabilidad de la Propiedad Privada.
La convocatoria surgió de una reunión de la mesa chica de la CGT realizada en la sede de la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA). La marcha es la cuarta acción de un plan iniciado en julio, que incluyó movilizaciones por los jubilados el 22 de julio, por el Día de San Cayetano el 7 de agosto y por los endeudados el 20 de agosto, coordinadas junto a las dos CTA y la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP).
Tras el fallo sobre la Ley de Tierras, la central difundió un comunicado en el que cuestionó a Rosatti, Rosenkrantz y Lorenzetti, pero no adhirió formalmente a la concentración del martes frente a Tribunales ni anunció, hasta el momento, un paro general para el 15 de octubre.
El cosecretario general de la CGT y secretario general del Sindicato de Empleados de la Industria del Vidrio y Afines, Cristian Jerónimo, explicó esa postura en diálogo con Radio 750. “Entendemos que esa medida la vamos a hacer cuando realmente entendamos que es el momento. Hoy nosotros, haciendo un paro, perjudicamos a los que representamos”, sostuvo. De todos modos, describió un escenario de deterioro social: “Vemos cómo se agudiza la situación social, con pérdida de empleo, el costo de vida más alto. Es una situación angustiante con falta de previsibilidad e incertidumbre. Es el peor de los escenarios”.
El reclamo por la industria se apoya en los datos del Centro de Estudios de la Unión Industrial Argentina (UIA). Según el último informe del organismo, la actividad industrial cayó 0,3% en agosto frente a julio y 5,7% en comparación con el mismo mes de 2025. En los primeros ocho meses del año, el sector acumuló una baja de 3% respecto de igual período de 2025 y se ubica 11% por debajo de los volúmenes registrados en 2022 y 2023.
El reclamo universitario se suma a la agenda de octubre
La semana de protestas incorporó, además, un antecedente judicial directamente vinculado con uno de los reclamos que confluirán en la movilización del 15 de octubre. El juez federal Martín Cormick, titular del Juzgado Contencioso Administrativo Federal N° 11, declaró inconstitucional el decreto 759/2025, que había condicionado la aplicación de la Ley de Financiamiento Universitario (27.795) a la definición previa de partidas presupuestarias específicas.
El magistrado hizo lugar a los amparos presentados por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y la Universidad de Buenos Aires (UBA) y ordenó al Poder Ejecutivo el cumplimiento inmediato de la norma, con el dictado de las medidas reglamentarias necesarias. En su fallo, Cormick sostuvo que el decreto 759/2025 funcionó como un mecanismo “extraconstitucional” equivalente a un veto no previsto por la Constitución, después de que el Congreso insistiera con la ley mediante las mayorías agravadas requeridas tras el veto presidencial original.
La resolución alcanza a los salarios de docentes y no docentes, las becas estudiantiles y los gastos de funcionamiento de las universidades nacionales. El Gobierno adelantó que apelará la decisión, que corresponde a primera instancia. El fallo se conoció dos días antes de la segunda Marcha Federal Universitaria convocada para el 15 de octubre, que modificó su recorrido original hacia Tribunales para dirigirse al Congreso, en coincidencia con la sesión especial por el DNU 70/2023.
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A un mes de la llegada del Papa, la Iglesia suma focos de tensión y frentes de discusión con el Gobierno
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5 horas haceen
7 octubre, 2026Por
Mayra Pastor
La Iglesia católica y el gobierno nacional tiene una relación sinuosa, tensa y marcada por las diferencias. Un vínculo distante, que entró en un impass por la visita del Papa León XIV, pero que, desde que comenzó la gestión libertaria, estuvo marcada por las críticas, los llamados de atención y los mensajes públicos con alto impacto político.
Según relatan fuentes eclesiásticas de primera línea, la organización para la llegada del Sumo Pontífice ha encontrado a los representantes de la Iglesia y de la Casa Rosada trabajando en forma armoniosa. Al diseño de esa logística, que tiene como temas centrales la seguridad, el desplazamiento de los fieles y el armado de los eventos, también se sumaron los gobiernos de la provincia de Buenos Aires, Córdoba y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Esa suerte de tregua que se vive en las mesas de coordinación que han existido en Balcarce 50 y también en el ministerio de Seguridad, son una parte de la historia actual en esa relación. Mientras se acumulan los encuentros organizativos, distintos representantes de la Iglesia le marcan la cancha al oficialismo con mensajes teledirigidos.
Ponen en carpeta temas sensibles como la ley de extranjerización de tierras, la emergencia en discapacidad, el aumento de la pobreza y los mensajes de odio en las redes sociales, donde el presidente Milei tiene una gran presencia, mediante insultos y descalificaciones a periodistas, políticos opositores y artistas que no comulgan con las decisiones económicas de su gestión, ni con sus formas, ni con sus miradas sobre la política doméstica.
Este lunes la Pastoral Social de la Comisión Episcopal emitió un comunicado con el título “Por la defensa de nuestro territorio y el cuidado de nuestra soberanía”, en el que hizo referencia a la decisión de la Corte Suprema de dejar vigente el DNU 70/2023, que en su artículo 154 derogaba la ley de tierras, lo que permitía la venta de tierras a extranjeros sin límites.
“Queremos manifestar nuevamente nuestra preocupaciónante la posibilidad de una venta sin límites de tierras a extranjeros”, indicaron en el comunicado, que alcanzó mayor impacto cuando fue publicado en sus redes sociales por el gobernador bonaerense, Axel Kicillof.
En el mismo mensaje, advirtieron: “Apelamos a la responsabilidad de nuestros legisladores, autoridades del poder ejecutivo y funcionarios de la justicia para que velen por la defensa de nuestra tierra y el cuidado de nuestra Nación que está en directa relación con el bienestar de la población del país”.
La controversia es clara y marcada. El cuestionamiento expresado al principio de esta semana no fue el único. Un puñado de meses atrás, cuando el gobierno de Milei había impulsado el tratamiento del proyecto de ley, la Pastoral Social ya había marcado su rechazo al considerar que la iniciativa “atenta contra la soberanía de nuestra tierra, de nuestros alimentos, de nuestros bienes comunes y el derecho de los pueblos de autodeterminarse”.
Este lunes representantes de la Mesa de Discapacidad de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) se reunieron con representantes del gobierno en el ministerio de Salud con el objetivo de plantear su preocupación por la continuidad de las prestaciones en las instituciones y organismos sociales que trabajan con los discapacitados.

El nuncio Michael Wallach y Jorge García Cuerva, arzobispo de Buenos Aires, uno de los principales apuntados por el Gobierno
La recepción y el diálogo abierto por parte del gobierno fue una señal positiva para descontracturar la relación. Sin embargo, los representantes de la CEA dejaron en claro que con la buena voluntad no alcanza. “Es un gesto, pero los gestos solos no alcanzan. Los gestos se traducen en realidades. Los gestos no alcanzan, como dice el dicho: ‘De buenas intenciones está hecho el camino del infierno’”, aseguró María Baya Casal, coordinadora de la mesa de discapacidad, después de la reunión.
Aún más duro fue el coordinar del Foro de Discapacidad, el sacerdote Pablo Molero, de larga experiencia en ese ambiente. “No tienen que pedir ninguna documentación como pidieron. No tienen que pedir nada. Lo único que tienen que hacer es cumplir con lo que la ley manda y nada más. Entender lo que se está planteando. Uno le lleva la realidad y te piden papeles. Pero después no cumplen. Y saben bien lo que pasa. Ellos generaron la dificultad. No hagan las cosas porque viene el Papa, sino porque la gente lo necesita. Acá el Papa no es el importante, es la gente”, sentenció en una entrevista con FutuRock.
Unos días más atrás, durante la celebración por el día de la Virgen de Luján, el arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, dejó un mensaje flotando que pareció estar dirigido a Balcarce 50. “Nuestra Patria tiene muchos abrazos pendientes: abrazos de perdón ante tanta descalificación e insulto; abrazos solidarios ante tanta indiferencia”, expresó en una homilía que tuvo contenido un cotenido político indisimulable.
“Las heridas de la descalificación, de la intolerancia, de la violencia física y verbal supuran y parece que se está infectando el corazón del pueblo”, sostuvo García Cuerva, que está apuntado por el gobierno nacional debido a sus reiterados cuestionamientos sobre las políticas libertarias. De todas formas, el gobierno nacional habla, mayoritareamente, en off the record sobre lo que le molesta de la Iglesia. No es un rival que al que insulte, cuestione o intente vencer. Ni a través de la voz de Milei, ni la de ningún otro funcionario de primera línea.
En algunos sectores eclesiásticos creen que esa decisión del oficialismo está atada a qued dentro del universo de votantes mileistas, hay una porción importante que es católica y que tiene un respeto especial, además de una identidad marcada, sobre la Iglesia como institución. A la luz de los hechos, es extraño que Milei, que se enfrenta, sin restricciones, contra todo aquel que lo cuestiona, no diga nada respecto a los cuestionamientos de los principales exponentes del catolicismo en la Argentina.
En la previa de la procesión García Cuerva había dejado un mensaje destinado a toda la política, porque advirtió que atravesaba los gobiernos, pero que fue imposible no decodificar en clave actual. “Al Papa lo espera una Argentina en crisis, con una gran cantidad de hermanos muy pobres”, indicó.
El mensaje llegó algunos días después de que los datos del INDEC registraran un marcado aumento de la pobreza y la indigencia, números que están en el vértice de la agenda de la Iglesia y que hace tiempo que despiertan una creciente preocupación. En la Casa Rosada están molestos con García Cuerva, pero evitan concretar una avanzada contra la cúpula eclesiástica.
En el último Tedeum García Cuerva fue muy crítico de la gestión libertaria. “Basta de arengar la división y la polarización porque nadie se salva solo, como decía Francisco”. También sostuvo que nadie es “descartable” y llamó a “ser solidarios con el dolor ajeno”. Todos mensajes que fueron generando diferentes picos de tensión en la relación con la Casa Rosada.
En la Iglesia descartan de plano la posibilidad de que el papa León XIV se meta en la política doméstica, pero saben que seguirá la línea de mensajes, sin destinatarios precisos, que han venido dando los sacerdotes con más renombre dentro del esquema eclesiástico nacional.
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El armado electoral de Bolsonaro reabrió el debate sobre los jóvenes y la militancia digital en las listas de Milei
Publicado
5 horas haceen
7 octubre, 2026Por
Mayra Pastor
El lugar de relevancia que les dio Flávio Bolsonaro en su campaña presidencial a los jóvenes -y, en particular, a los militantes en redes- reactivó con fuerza el eterno debate del Gobierno sobre el rol de la militancia digital en La Libertad Avanza. Un año después de que el sector de Santiago Caputo, que lidera a esos grupos, quedara prácticamente por completo fuera de las nóminas libertarias en las Legislativas por decisión de Karina Milei. Y meses antes del armado de las listas para las elecciones presidenciales del 2027.
El primer puntapié ocurrió el lunes por la tarde, 24 horas después de las elecciones en Brasil. Cuando todos los analistas políticos presagiaban un triunfo para el hijo de Jair Bolsonaro en el ballotage, uno de los alfiles de Santiago Caputo, Agustín Romo, tuiteó: “En Brasil varios jóvenes profesionales que se hicieron famosos por su activa militancia en redes sociales a favor de Bolsonaro acaban de ganar gobernaciones, bancas de diputados y senadores. Fueron los más votados en sus distritos contra los políticos tradicionales. Interesante”.
Después, un tuitero pro Milei de los que tienen mayor cantidad de seguidores, que suele ser retuiteado por el Presidente, republicó ese mensaje y sumó: “Tenemos que aprender de la derecha brasilera”.
Ni Romo ni ese usuario habían dirigido específicamente sus mensajes a alguien en particular. Pero una de las dirigentes más cercanas a Karina Milei, Romina Diez, recogió el guante. “Muchachos, recordemos que el año pasado desde LLA logramos llevar al Congreso a los dos diputados más jóvenes de la historia argentina: Agustín Pellegrini y Valentina Ravera. Celebro que esto suceda también en Brasil y en el mundo. Y que se le dé visibilidad y difusión… Los jóvenes tienen que ser protagonistas de su propio futuro. Porque si ellos no se meten, otros van a decidir por ellos! Viva la libertad carajo”, les escribió, en plural.
Varios libertarios de Caputo tienen una relación cercana con Eduardo Bolsonaro, exiliado en Estados Unidos y líder de una parte de la dirigencia joven de la derecha brasilera y se sintieron identificados con su modo de hacer campaña. No así con el espacio que les dieron en su propio partido. Otros se envalentonaron.
Pero en Las Fuerzas del Cielo, decididos a acatar la orden de la cúpula de evitar -volver a- azuzar la interna, aseguraron que el mensaje había sido constructivo y no buscaba confrontar. De hecho, Romo no contestó el mensaje de la diputada santafecina.
En las redes, no obstante, la temperatura subió. A lo largo del martes, mientras el país seguía la despedida de Messi, varios tuiteros se sumaron al comentario de Romo, pero en claro modo de reclamo.
Nuevamente, en el sector de Caputo negaron tener que ver con esos mensajes. “Son orgánicos, espontáneos de militantes que escriben lo que sienten, no son controlables”, dijeron, deseosos por bajar la espuma, con la intención de no confrontar con el karinismo.
Hacia la noche, Romina Diez empezó a contestarles a esos otros usuarios que se habían subido al mensaje de Romo (quien, desde entonces, solo opinó sobre otros temas). Diez dijo, repetidamente, que estaba dispuesta a escuchar y eventualmente sumar dirigentes jóvenes que lo quisieran.
Por lo bajo, un libertario de la tropa digital deslizó a este medio que el atributo de la juventud por sí solo no basta, en referencia a los sub-30 que Diez incluyó en las listas.
Mientras, Sebastián Pareja y el grupo de Karina Milei en PBA -donde esta discusión fue más resonante, en especial durante el belicoso cierre de listas del año pasado- se mantuvieron al margen de la discusión.
El titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, sólo destacó en su cuenta los mensajes de Diez. Y Santiago Oría, también de la tropa de Karina Milei, y uno de los más duros con el caputismo, se sumó a la cruzada de Diez: “Es ESPECTACULAR el grupo de LLA Santa Fe”, dijo el Director de Realizaciones Audiovisuales de Presidencia de la Nación.
En medio de la euforia por Messi, Milei no se sumó anoche a las discusiones política que afloraban en su territorio preferido. Si estuvo muy activo, dedicado al partido en el Monumental.







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