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No es la economía, es Cristina

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*Por Andrés De Leo

-Hola Cristina, que te parece Marco Lavagna en el Ministerio de Economía y Sergio en la Jefatura de Gabinete para coordinar las políticas económicas integradas con los Ministerios de Producción y de Energía.

– No Alberto. Vos tenés que usar la lapicera. Firmá un decreto y que la Ministra sea Silvina Batakis.

Y Alberto, una vez más, usó la lapicera para rubricar la decisión de Cristina.

¿Se puede explicar la crisis económica obviando la situación política? Esta vez, no.

En la década del 90, James Carville, asesor político en la campaña del demócrata Bill Clinton, acuñó la famosa frase “es la economía, estúpido” para sintetizar que se subordinan las decisiones políticas a la percepción social sobre su situación económica. Pero Carville presuponía un orden político e institucional, que no hay en nuestro país en la actualidad. Hoy, en Argentina No es la economía, es Cristina.

El FDT llegó a ser gobierno con una anomalía política de origen. En un país de fuerte corte presidencialista, por primera vez el Vicepresidente designó a su Presidente. Muchos ingenuamente creyeron que ya en la Presidencia nacería el poder presidencial. Alentados por propios y extraños Alberto soñó en crear el albertismo. Cristina se encargó de despejar esa quimera. Barrió con toda ilusión. Si fuera Wimbledon, se podría decir que fue eliminado por rondas, a cada uno de los “funcionarios que no funcionan”: En octavos a Santiago Cafiero, en cuartos a Kulfas y en las semis a Guzmán. Obvio, todos los hombres de Alberto.

Pero la abrupta e irresponsable renuncia de Guzmán no es responsabilidad de la Vicepresidente en su totalidad. El ex ministro bebió de la medicina que predica todo el FDT (no sólo el kirchnerismo), esa que te hace creer que es posible endeudarse en pesos ilimitadamente. La deuda en dólares es siempre peligrosa como demostró el pasado, pero también lo es endeudarse en pesos cuando el Estado tiene déficit fiscal crónico y existe un mercado financiero con fundada desconfianza sobre la cobrabilidad de los bonos argentinos.

Los días anteriores a su renuncia Guzmán subestimó las reacciones del mercado y en lugar de enviar medidas claras para ordenar las cuentas fiscales y transmitir tranquilidad, eligió apostar por la vieja receta kirchnerista. Si el mercado financiero se retira, los bonos en pesos serían absorbidos con emisión del Banco Central. El resultado fue el previsible: los pesos fueron al dólar blue, se dispararon los precios. Su enfrentamiento con Cristina y la Cámpora fue la excusa perfecta de Guzmán para irse y eludir responsabilidades de su fracaso en el Ministerio.

Ahora el panorama es de total incertidumbre. Tan improvisado ha sido el nombramiento de la Ministra Batakis que, a una semana de haber asumido, se desconoce el equipo que la acompañará y la orientación de las políticas económicas. Y es así porque todavía no queda claro qué quiere Cristina Fernández de Kirchner, la socia ultra mayoritaria del FDT. Queda por dilucidar si la vice pondrá toda su energía política para “consensuar” (difícil en Cristina, ¿no?) con el Presidente y Sergio Massa, un plan económico razonable para que esta crisis no hunda al barco en el que vamos todos los argentinos o, por el contrario, y volviendo a Wimbledon, decide ganar la final anticipada frente a un rival desgastado y sin poder.

(LaBrujula24.com)

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Cuando gestionar vale más que gritar

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En tiempos donde la política argentina se volvió un concurso de consignas, hay gestos que marcan la diferencia entre gobernar y comentar la realidad. La decisión del intendente Federico Susbielles de avanzar para que el Municipio y el Puerto arreglen la traza del Paso Urbano en la zona de El Cholo es uno de esos gestos.

Porque lo que está sobre la mesa no es sólo una obra vial. Es una definición de modelo. Un modelo que involucra la mejor participacion PUBLICA PRIVADA que es el puerto de Bahía con Santiago Mandolesi Burgos hoy a la cabeza.

La obra, iniciada hace años y abandonada desde entonces, hoy se encuentra en un estado crítico que afecta la seguridad, la logística y la calidad de vida de miles de vecinos, además del movimiento del transporte pesado hacia el puerto. Frente a la parálisis nacional, la ciudad decidió no esperar más y propuso algo tan simple como disruptivo: si Nación no la hace, que permita hacerla con inversión local y privada.

Eso, en la práctica, es un esquema de participación público-privada. Es decir, exactamente lo que el discurso liberal reclama desde hace décadas.

Susbielles, peronista, terminó proponiendo una solución más libertaria que los propios libertarios.

Mientras algunos dirigentes locales se concentran en denunciar problemas o explicar por qué las cosas no pueden hacerse, el intendente puso sobre la mesa una alternativa concreta: gestionar capital privado, coordinar con el Puerto y resolver un cuello de botella histórico de la ciudad. No es ideología. Es gestión.

Y no es una obra menor.

El Paso Urbano y la conexión hacia Cerri constituyen uno de los accesos más importantes de Bahía Blanca, clave para el tránsito de camiones, la actividad portuaria y la circulación cotidiana de miles de personas. Su deterioro no sólo genera riesgos viales, sino también sobrecostos logísticos que impactan directamente en la competitividad regional.

En otras palabras: estamos hablando del sistema circulatorio de la economía local.

Si esta iniciativa prospera, el impacto puede ser estructural. No se trata de tapar baches; se trata de redefinir cómo entra y sale la producción, cómo se articula la ciudad con su puerto y cómo se proyecta el crecimiento urbano. Son decisiones con horizonte de décadas, no de mandato.

De hecho, el propio Municipio planteó que, si Nación no reactiva la obra, debería ceder su concesión para permitir que el Puerto y la ciudad consigan financiamiento privado y la finalicen.

Eso es pragmatismo puro.

No hay épica partidaria, no hay relato. Hay una pregunta sencilla: ¿cómo resolvemos esto ahora?

La política argentina suele quedar atrapada entre dos extremos igualmente improductivos: el Estado que promete todo y no cumple, y el anti-Estado que se limita a explicar por qué nada debe hacerse. En el medio queda la gestión real, la que combina recursos públicos, privados y decisión política.

Eso es exactamente lo que está intentando Bahía Blanca.

Por eso, más allá de simpatías o diferencias, la iniciativa merece ser reconocida. Porque rompe con la lógica de la excusa permanente y apuesta a una solución concreta para un problema concreto.

Si se concreta, podría convertirse en el mayor cambio logístico y de transporte de la ciudad en los próximos 20 años. Y también en un precedente: demostrar que, incluso en un contexto nacional adverso, una ciudad puede tomar la iniciativa y empujar su propio desarrollo.

En definitiva, la diferencia entre administrar y liderar suele reducirse a una sola cosa: quién se anima a hacerse cargo.

Esta vez, Bahía Blanca parece haber encontrado a alguien dispuesto a hacerlo.

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Mediática y viral: la responsabilidad que nos toca a todos

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Partamos de la siguiente base. El caso Loan, además de figurar en el rubro policiales también pertenece a la categoría política. Teniendo en cuenta ese punto, es correcto que estas líneas figuren en este espacio. Y es que más allá de la aclaración, la mayoría de los ciudadanos entiende que en casi todos los casos policiales (de gran impacto) la política mete la cola.

También está claro que, en esta historia, todos tenemos diferentes responsabilidades a la hora de confeccionar el cuadro de situación que hoy nos deja este flagelo. No es lo mismo un legislador que un juez. Tampoco un policía que un periodista. Aunque todos aportamos algo. Para mal o para bien. “Cuando todos seamos superheroes, ya nadie lo será”, dice Mr. Increíble en la (gran) película “Los Increíbles”. Y algo de eso hay. Sobre todo para los nuestros. Los colegas. Los comunicadores.

Hace unos cuantos años, siempre se les pedía máxima responsabilidad a los periodistas en su trabajo cotidiano. Y es que eran (éramos) los encargados de darle a difusión a las noticias. De ahí la idea de chequear fuentes y revisar datos antes de publicarlos. Hoy el mundo cambió. El de la comunicación puntualmente. Pero el otro también. Por eso, en el auge de las redes sociales y la viralización, también algo de eso se le debería pedir a los ciudadanos.

Un reciente caso en nuestra ciudad, con escrache digital entre familiares de alumnos de una escuela local, llego hasta denuncias (en el aire) de intento de secuestro. Justamente apuntando a ese ejercicio de responsabilidad (periodística), se pudo chequear tanto en la órbita educativa como la policial que no había nada que hiciera sospechar que los hechos ocurrieron tal cual se deslizó livianamente.

¿Y entonces? ¿Qué hacemos? Con las víctimas, sobre todo. Y no me refiero al pobre infeliz del que muchos ya se saben la patente de su auto de memoria. Apunto al resto de la ciudadanía. Esa que, casi en un brote psicótico, se encargó de replicar lo más que pudo una denuncia que, evidentemente, no tenía la rigurosidad necesaria.

Sin embargo, releyendo el último párrafo, casi que se confunde el lugar que le toca a cada uno. ¿Víctima o victimario? Por qué los mismos que se alarmaron con un mensaje que tenía más ruido que nueces, estoy convencido que son los mismos que irresponsablemente (aunque sin advertirlo) contribuyeron a ese círculo vicioso ¿En que quedamos?

Casi que en nada, a decir verdad. Como en este episodio que es como tirar una trompada al vacío. La pregunta es si alguna vez la paja se separará del trigo. O al menos querrá hacerlo.

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Bahia Blanca y las alertas: ¿Le damos bola?

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Hay un antes y un después del 16 de diciembre de 2023. El temporal que azotó la ciudad y dejó el saldo luctoso de 13 personas marcó a cada uno de los bahienses.

Es importante destacar que las alertas se emiten para permitir a los vecinos tomar cuidados que nos permitan un resguardo de los acontecimientos climáticos.

Es que cada vez que sopla viento fuerte y en la ciudad es bastante normal, ahora nos tomamos la cabeza con suma precaución ¿Pero antes?

Según informes meteorológicos Bahía Blanca tuvo 15 alertas amarillas y dos alertas naranjas en 2023. Una de estas, la última fue la catástrofe.

Según el informe de PYP solo 2 personas de cada 10 toman recaudos en el pais con las alertas amarillas y los medios tienen mucho que ver.

“Es que muchas veces dicen que pasa y no pasa nada” fue una de las frases más escuchadas post temporal y de varios que tenían fiesta de egresados o encuentros que justificaron con esta frase para “No faltar”.

Los medios de información debemos de sostener que “cuando exista alerta la población deberá de resguardarse” y entender que 13 familias no volverán nunca más a ser las mismas.

 

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