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NQC: La zona fría podría ser una realidad en Bahía Blanca

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Un nuevo proyecto ingresara al congreso nacional en estas horas, con el pre visto bueno de la mayoría de los bloques políticos.

“Estamos trabajando para que Bahía Blanca y la región tengan los beneficios impositivos que merecen hace años”, explico a este diario, una alta fuente del congreso nacional.

Esto va a genenerar una reducción entre 30% y el 50% menos de las tarifas de gas.

Las regiones que entran a zona fría: Bahía Blanca, Tres Arroyos, Monte Hermoso y Punta Alta.

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Se calienta la puja por la sucesión de Kicillof: el PJ le pide que defina si habrá PASO y si va a desdoblar

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Distintas terminales del peronismo en la provincia de Buenos Aires aguardan iniciar conversaciones con Axel Kicillof de cara a la estrategia electoral para las elecciones de 2027. Una vez finalizado el mundial, esperan llegar a esa instancia y tener precisiones sobre qué hará el gobernador. Mientras, el mandatario provincial avisa que no es tiempo de candidaturas, sino de construcción política.

Los últimos movimientos políticos de Kicillof se parecieron bastante a una candidatura presidencial. Un viaje a Córdoba, en el mes de mayo; otro a Corrientes en junio que incluyó una reunión con su par correntino Juan Pablo Valdés y antes, en abril, una gira por España.

Más allá de si será candidato o precandidato presidencial por el peronismo, hay un imperativo y es que no podrá ir por otro mandato en la provincia de Buenos Aires. En 2027 asumirá otro gobernador o gobernadora; por eso en el peronismo empiezan a mover fichas. Un grupo de intendentes trabaja para ser una pata más de los tres sectores que conviven en el peronismo bonaerense dentro de Fuerza Patria: el kirchnerismo, el Movimiento Derecho al Futuro y el Frente Renovador. Se trata de los intendentes mediáticamente conocidos como el Grupo AFA que integran -germinalmente- Federico Achával (Pilar), Nicolás Mantegazza (San Vicente), Federico Otermín (Lomas de Zamora) y Gastón Granados (Ezeiza). Este grupo viene trabajando para sumar más dirigentes y sentarse en la mesa decisoria del peronismo bonaerense. Lo explicó esta semana Granados. El intendente de Ezeiza dijo que buscarán participar de la instancia de definiciones para conseguir un candidato -o candidata- a la gobernación y que el mismo tiene que ser intendente. “Los candidatos tienen que ser los mejores y no tengo dudas de que tienen que ser intendentes. Podemos ser la cuarta pata de la mesa para que no quede chueca”, dijo días atrás en declaraciones al streaming Uno Tres Cinco.

Para este grupo de intendentes esta vez no hay margen de “aceptar” candidaturas sin consenso. “No vamos a aceptar el dedo de nadie. Si ello llega a ocurrir nosotros vamos a competir”, detalló Granados quien a la vez planteó que “son momentos donde hay que empezar a tomar decisiones para ir definiendo cuestiones como las PASO o si se va a desdoblar o no”. Admiten que presentarán boleta propia si las condiciones lo ameritan.

En lo que respecta a las PASO en la provincia de Buenos Aires, en La Plata suelen sostener que están atadas a lo que vaya a suceder a nivel nacional. Javier Milei apuró la eliminación de las Primarias en el Congreso, básicamente para que no funcionen como una primera vuelta, pero por el momento no puede reunir los votos.

Buenos Aires tiene una ley propia de Primarias y más allá de que se eliminen o no esos comicios en el orden nacional, Kicillof tiene autonomía para llevar adelante las PASO fechándolas cuando considere. Para su eliminación deberá contar con el aval de la Legislatura bonaerense, como ocurrió el año pasado.

Pese a este escenario, por el momento difuso, distintos dirigentes del peronismo se mueven y esperan a que Kicillof defina qué hacer, cómo ordenar la estrategia en la provincia de Buenos Aires. Hay un factor que rodea toda definición que vaya a tomar Kicillof: Cristina Kirchner. La ex presidenta retiene caudal electoral dentro del propio peronismo. La Cámpora se aferra a esto como uno de los puntos accesorios detrás del pedido y del clamor de Cristina Libre. De hecho, esta semana, el diputado nacional Máximo Kirchner planteó que su madre sea candidata en 2027. Antes se debe revocar la pena que pesa sobre 6 años de prisión —ya cumplió uno esta semana— e inhabilitación perpetua para el ejercicio de la función pública. “Queremos que Cristina pueda ir a elecciones. Y si la sociedad quiere elegirla, que la vote y el que no quiera votarla, que no la vote”, dijo esta semana en una entrevista con C5N. Aseguró también que ”hay un montón de argentinos que quieren votarla, no quieren votar otra cosa. No quieren votar candidatos por default”. No mencionó explícitamente a Kicillof, pero casi.

Para el grueso de la dirigencia peronista el encuentro entre la expresidenta y Axel Kicillof debería ser inevitable. Dado el contexto, es el mandatario bonaerense quien debería acercarse hasta San José 1111. El fallecimiento del Indio Solari reanudó el diálogo entre el mandatario y el líder de La Cámpora. Solo se circunscribió a ese evento de trascendencia nacional.

Saber si Kicillof va a separar la elección bonaerense de la nacional es otra demanda de intendentes. Con los resultados de la elección de septiembre del año pasado, para los intendentes del peronismo, esa decisión fue acertada. En la mayoría de los casos lograron retener las mayorías en los concejos deliberantes. Para el kirchnerismo fue la ruptura definitiva con Kicillof. Lo volvió a plantear el exministro de Seguridad bonaerense y actual jefe de bloque de Fuerza Patria en el Senado bonaerense, Sergio Berni. Ante periodistas, el dirigente trazó ese diagnóstico. También dijo no saber qué quiere hacer Kicillof. “Yo no lo escuché decir que quiere ser candidato. Y suponiendo que quiera ser candidato, ¿qué va a representar al peronismo o la izquierda progresista albertista?”, presionó. Si Kicillof define desdoblar los comicios y adelantar las elecciones provinciales —que en definitiva es uno de los escenarios que maneja—, también podría pedir una licencia como gobernador para encarar una campaña presidencial. En ese caso, sería la vicegobernadora Verónica Magario, quien quedaría a cargo del Ejecutivo provincial.

Berni, también pidió por unas PASO para definir candidaturas y promovió incluso a su esposa y diputada nacional Agustina Propatto, a una listado que cada vez tiene más apellidos: el intendente de La Plata, Julio Alak; el de Pilar, Federico Achával; la jefa comunal de Moreno, Mariel Fernández; el de Lomas de Zamora, Federico Otermín; el de Avellaneda, Jorge Ferraresi -quien subió acciones tras la intervención en la despedida al Indio Solari-; el de Malvinas Argentinas, Leonardo Nardini; el ministro de Infraestructura, Gabriel Katopodis. Kicillof quisiera que su sucesor sea el ministro de Gobierno, Carlos Bianco.

Hoy, la apuesta de La Cámpora es la diputada provincial e intendenta en uso de licencia de Quilmes, Mayra Mendoza, quien también -como Kicillof- mantuvo algunos viajes en el último tiempo. Además de la campaña Cristina Libre, en sus giras, Mendoza buscó financiamiento externo para las obras de la cuenca del arroyo San Francisco-Las Piedras y se ha vuelto una voz de referencia para el cristinismo en cuestiones provinciales. De ese listado, son Mariel Fernández y Katopodis quienes vienen recorriendo la provincia con más velocidad que el resto.

Otro actor que por ahora espera es el Frente Renovador de Sergio Massa. Para el exministro de Economía y otrora candidato presidencial del peronismo, un buen candidato a la gobernación bonaerense por su espacio sería el jefe comunal de San Fernando, Juan Andreotti.

En las definiciones a tomar por Kicillof aparecen también otros temas como las reelecciones indefinidas a los intendentes. Hoy, modificar esa ley a partir de un acuerdo político asoma complejo. Como contó Infobae, hay una alternativa dando vueltas y es que lo resuelva la Suprema Corte de Justicia provincial. Sin embargo, ahí se abre otra puerta: las vacantes en el máximo tribunal que actualmente funciona con tres de sus siete miembros. En el Ejecutivo dejaban correr que aún hay tiempo. La respuesta automática del ministro Bianco al respecto es que el gobernador lo definirá “de acuerdo a los criterios de oportunidad, mérito y conveniencia”.

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El Gobierno sostiene a Adorni, pero desconfía del compromiso de Bullrich para defenderlo en el Senado

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El Gobierno sigue decidido a sostener en el cargo a Manuel Adorni, a pesar de que las más recientes explicaciones del jefe de Gabinete, lejos de blindarlo, terminaron de convencer al arco político de activar los resortes institucionales para forzar su salida.

Javier y Karina Milei se quedaron en silencio después de la entrevista que le dio Adorni a LN+, y que funcionó como parteaguas. Las contradictorias versiones del jefe de Gabinete sobre el crecimiento de su patrimonio provocaron que incluso miembros del propio oficialismo -por Patricia Bullrich- lo repudiaran. Pero la cúpula del Gobierno dejó trascender off the record que Adorni se mantiene intacto como ministro coordinador, e inclusive que planean que retome nuevamente sus conferencias de prensa con anuncios de gestión a partir de la semana que viene.

En paralelo a esta pulsión por fingir demencia, a lo largo y ancho del oficialismo se impuso ayer una sensación de abatimiento y preocupación por la embestida opositora en el Congreso, donde desde los distintos partidos presentaron sendos pedidos de interpelación y una moción de censura que podrían determinar una salida forzada de Adorni.

Una de las preocupaciones centrales en Balcarce 50 surge por la sospecha de que Patricia Bullrich, que le marcó la cancha a Adorni dos veces, no trabaje para reunir los votos que le permitan a los Milei resistir la arremetida del kirchnerismo. La jefa del bloque de senadores libertarios se llamó a silencio después de sacudir el tablero del oficialismo y transformarse en la única referente del Gobierno dispuesta a plantear públicamente una crítica directa a Adorni. Y en su entorno, evasivos, aseguraron que por ahora no se sentó a evaluar cómo procederá en el Senado.

Una posibilidad de salvataje para el Gobierno sería que los karinistas Martín y Lule Menem, junto al ministro del Interior, Diego Santilli, se dediquen a reunir los votos con los gobernadores más allá de Bullrich. Pero la eventual reticencia de la jefa del bloque de LLA en el Senado los inquieta.

El panorama luce desolador para el oficialismo. Todavía ven en el horizonte un margen de negociación con los gobernadores aliados y con algunos radicales. Pero vislumbran una muy probable negativa a ayudarlos de parte de los aliados de PRO y de la UCR, como del llamado “cordobesismo”. Y el antecedente reciente del fracaso de los Menem para retirar el pliego de la jueza Verónica Michelli en el Senado, la semana pasada, les augura problemas. Creen que están muy lejos de conseguir las voluntades para proteger a Adorni.

Además, en el Gobierno temen por la inminencia de un desenlace negativo forzado. Adorni buscó dilatar los tiempos y postergar su informe de gestión ante el Senado hasta “julio”, pero sin fijar fecha. Y la moción de censura podría demorarse algunas semanas, en caso de que se trate en la comisión de Asuntos Constitucionales. Pero hay temor en LLA por la posibilidad de que la oposición logre tratar sobre tablas la moción de censura contra Adorni, lo cual podría precipitar una definición.

En caso de que Adorni fuera destituido, se pregunten en La Libertad Avanza, ¿Milei volvería a designarlo como jefe de Gabinete? En la Casa Rosada no contestan a esa pregunta, que les parece propia de una realidad distópica. Pero en LLA deslizaron que la Constitución no lo prohíbe.

Mientras hacen proyecciones de posibles escenarios, en el Gobierno se impone el mutis por el foro. Solo en off the record ningunearon el comunicado donde el PRO prácticamente pidió remover a Adorni. “Son posiciones partidarias. No interferimos”, sostuvieron cerca de Karina Milei.

Milei rechaza la presión de Macri para echar a Adorni. Pero puertas adentro se pimponean nombres Para su eventual reemplazo. Unos apuestan por el canciller, Pablo Quirno, pero muchos están convencidos de que de no hay lugar para a otro que no sea Martín Menem, quizá el karinista más puro. Y hay quienes mencionan a la titular de Capital Humano, Sandra Pettovello, de buena relación con los hermanos presidenciales. Por lo pronto Adorni está resguardado al calor de sus jefes y no parece registrar que el resto de los propios le quitaron el apoyo.

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La mesa redonda del PJ: Massa insiste con la unidad para enfrentar a una derecha en riesgo de fragmentación

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En el peronismo circula una imagen para describir su propio presente: una mesa redonda. Ya no hay cabeceras. Hay gobernadores, intendentes, líderes parlamentarios y dirigentes con predicamento propio: ninguno tiene la centralidad suficiente para ordenar al resto por decreto. Es un peronismo policéntrico, obligado a construir consensos antes que a recibir órdenes, que empezó a discutir —todavía en voz baja— cómo se reorganiza para 2027 y quién tendrá, llegado el momento, la “aptitud” para encabezarlo.

Esa palabra —aptitud— circula con insistencia en las conversaciones reservadas del círculo de Sergio Massa. El líder del Frente Renovador, ex candidato presidencial y una de las piezas con mayor llegada transversal dentro del espacio, mantiene un perfil bajo que no debe confundirse con repliegue: sigue activo en sus oficinas de la Avenida Libertador, en su casa de Tigre y en algunas mesas reservadas, con reuniones políticas discretas que abarcan a todos los sectores, sin la fanfarria de la campaña de 2023.

Según pudo reconstruir Infobae a partir de fuentes con acceso directo a esas conversaciones, Massa tiene un diagnóstico sobre el momento que vive el peronismo, sobre la potencialidad electoral de Cristina Kirchner —aun después de la condena y la inhabilitación perpetua—, sobre el rol que debería asumir Axel Kicillof, y sobre la posible fragmentación del espacio de la derecha, que hoy es oficialismo y está atravesado por riesgos ciertos de disidencias y desgajamientos.

La hoja de ruta y el tablero interno al 2027

El fin de semana pasado Massa se reunió con intendentes y legisladores del Frente Renovador. Según fuentes que participaron del encuentro, allí bajó una serie de lineamientos que funcionan como hoja de ruta: que la responsabilidad del espacio es volver a ser gobierno en 2027; que nadie debe prenderse en una interna prematura, porque el partido solo debe trabajar por la unidad; que el electorado peronista no quiere internas y que el candidato que mejor mide es, justamente, el de la unidad.

En esa lista también incluyó que no pueden ser funcionales a que Javier Milei siga gobernando por la división del propio espacio; que la ampliación debe hacerse sin tirar a ningún compañero por la ventana, porque no hay lugar para sectas; que hace falta adultez y responsabilidad; y que hay que ir a buscar a todos.

Es, en los hechos, un programa de convivencia y una señal hacia adentro. Massa no quiere aparecer como mediador: la palabra le incomoda porque lo ubicaría en una tercera posición que no es la que pretende ocupar. Su apuesta, en ese esquema, es la unidad; no el arbitraje.

En ese cálculo de unidad, el rol de Axel Kicillof aparece como central y, a la vez, como un signo de interrogación. Desde el entorno de Massa sostienen que el gobernador bonaerense enfrentó una coyuntura adversa por la confrontación abierta con Milei y la feligresía libertaria, y por las tensiones permanentes con el kirchnerismo, un contexto que le presentó desafíos suplementarios para su proyección como candidato para 2027.

En el massismo reconocen su lugar en la mesa de discusión para consolidarse como un hermano mayor que debería abrazar, contener e incluso tolerar eventuales desplantes, sin devolver cada golpe con el mismo tono. “No se puede hacer política enojado”, es la reflexión que comparten en el massismo.

Desde la distancia, en ese espacio advierten sobre lo que ocurrió en el último proceso electoral, el de 2023: el riesgo de repetir el error de Horacio Rodríguez Larreta, que concentró su estrategia en sumar apoyos de dirigentes y cuadros partidarios y terminó sin mensaje para la gente. Para el massismo, Kicillof debería privilegiar el diálogo directo con el electorado, más que los tironeos que le propone la interna.

El otro vértice ineludible es Cristina Kirchner. En el massismo dan por sentado que el kirchnerismo —La Cámpora y los sectores que se identifican con la ex presidenta— hará valer su peso relativo dentro del armado, más allá de que la lógica de mesa redonda suponga, en teoría, un esquema más horizontal.

Hay un número que en el peronismo no se discute: más allá de que las encuestas registran una potencialidad electoral más alta, Cristina Kirchner conserva un piso del orden de los 20 puntos de voto propio transferible. Si ella dice que su candidato es determinado dirigente, ese dirigente sube automáticamente entre 18 y 20 puntos. Es un activo que nadie le disputa.

La pregunta que sobrevuela es si la consigna que el cristinismo elegirá para la batalla interna —y también hacia el electorado— será “Cristina libre”. En el massismo circuló otra lectura: que la consigna “Cristina inocente” sería más eficaz que “Cristina libre”, porque interpela menos a la interna judicial y más a la legitimidad política. Más allá de esa diferencia de matices, en el massismo aceptan como válido que el cristinismo dé esa batalla, tanto interna como hacia afuera, para hacer pesar su preeminencia relativa dentro del espacio.

Hay un consenso en el massismo: hasta que termine la participación de la Selección que conducen Lionel Messi y Lionel Scaloni en el Mundial, no tiene sentido especular abiertamente sobre candidaturas. Pero una vez que el equipo nacional concluya su participación mundialista —todos esperan que con una nueva consagración—, los tiempos políticos se acelerarán de manera abrupta y el peronismo deberá empezar a delinear con mayor precisión su camino.

En esa instancia, la palabra clave volverá a ser “aptitud”: quienes aspiren a ser candidatos del espacio deberán mostrar, en los hechos, que están en condiciones de encabezarlo. Massa no descarta que ese proceso derive en una interna, como la que él mismo disputó con Juan Grabois en 2023. El antecedente es revelador: pese a que el electorado de Grabois era, en un principio, refractario a Massa —incluso por impulso del propio Grabois—, después de las PASO no se perdieron votos. “La torta se agrandó”, dicen en el massismo.

Para el período post Mundial, desde el entorno de Massa insisten en tres condiciones que deberían regir la competencia interna del peronismo: que el espacio redoble su apuesta por la cercanía con los sectores que sufren el impacto del modelo libertario; que existan reglas de juego claras —no pegar bajo el cinturón a los propios compañeros ni a otros candidatos, evitar operaciones cruzadas y discutir lineamientos comunes para un futuro plan de gobierno—; y que exista un ordenamiento político que refuerce, hacia afuera, la competitividad del espacio.

¿Y Massa, candidato? La respuesta que circula en su entorno es deliberadamente abierta: el peronismo debe agotar los esfuerzos para construir una candidatura de unidad, con o sin PASO, y será la “aptitud” de cada dirigente la que termine resolviendo el interrogante. Como argumento de que nada está escrito, en el massismo recuerdan el caso de Patricia Bullrich: protagonista de dos experiencias electorales fallidas, la de Fernando de la Rúa en 2001 y la de Macri en 2015, y sin embargo con plena vigencia electoral en 2026. La política argentina, repiten, es muy dinámica. No es un “no”, pero menos un sí.

La derecha en observación y el caso Adorni

Mientras el peronismo ordena su tablero interno, en las mesas de arena de la política se observan con especial atención los movimientos en el espacio de la derecha, que hoy es oficialismo, pero no está exento de tensiones, disidencias y eventuales desgajamientos.

Uno de los nombres que se sigue de cerca es el de Mauricio Macri. El ex presidente viajó a Mendoza, a Chaco y a Santa Fe; se reunió con diputados propios, con intendentes del PRO, con gobernadores del espacio y con dirigentes radicales, como el santafesino Maximiliano Pullaro. La lectura que se hace desde el peronismo es que Macri no descarta —y probablemente busca— volver a tener un rol protagónico en 2027.

Una señal que se sigue con particular atención es la designación de Hernán Lacunza y de Ércole Felippa en Córdoba, ambos dirigentes que reconocen el liderazgo de Macri, en lo que se interpreta como un acercamiento entre el ex presidente y el gobernador Martín Llaryora.

Ese movimiento alimenta una hipótesis que en el peronismo se analiza con cierto entusiasmo estratégico: la posibilidad de que la oferta de centroderecha y derecha se fragmente, con un espacio propio de Macri y, eventualmente, otro de Victoria Villarruel si el sector que hoy conduce Javier Milei también atraviesa una ruptura. Cuanto más atomizada esa oferta, mayores las chances del peronismo de volver al poder.

En ese marco, en el peronismo se da por verosímil —más allá de los desmentidos enfáticos de ambas partes— que existió una reunión entre Patricia Bullrich y Macri. Que haya ocurrido o no es, en rigor, secundario: lo relevante es que el peronismo ya construye sus escenarios asumiendo una eventual ruptura de Bullrich con Milei, que terminaría de fragmentar aún más el espacio libertario-PRO.

Y entonces aparece Adorni, no como protagonista sino como variable de un cálculo más amplio. En el peronismo prevalece la idea de no precipitar los acontecimientos. Exponerse a liderar una discusión sobre corrupción es, para el espacio, un terreno incómodo de cara a la agenda pública: no es el lugar desde el cual el peronismo quiere presentarse ante la opinión pública en este momento.

Pero hay un cálculo más fino todavía. Si el peronismo acelera para armar una plataforma política que termine eyectando a Adorni —por ejemplo, a través de una moción de censura—, podría estar haciéndole un favor involuntario a Javier Milei. El presidente, que hoy no encuentra una salida airosa para dar vuelta la página del escándalo, podría aprovechar una acción del peronismo para desplazar a su jefe de Gabinete sin asumir el costo político de hacerlo por decisión propia.

Adorni no caería por sus súbitos cambios patrimoniales y de estilo de vida, sino por una maniobra de la oposición. Y eso, para el cálculo massista, sería un error.

Por ahora, entonces, el peronismo mira, espera y construye escenarios. La mesa redonda sigue sin cabecera. Pero todos, de un modo u otro, ya empezaron a moverse.

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