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Política Bahía

Vencimiento bonaerense: los bonistas definen si aceptan nuevo plazo de pago

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Llegó el Día D para el gobierno bonaerense. Los tenedores del título PB21 que vence el 26 de este mes, tendrán tiempo hasta hoy para responder si aceptan la propuesta de la Provincia de postergan hasta el 1° de mayo el pago de unos 250 millones de dólares.

Esa cuenta regresiva llegó plagada de rumores, trascendidos y desmentidas. Ayer circuló la versión de que el fondo Fidelity, que el mayor tenedor del bono que está a punto de vencer, rechazaba la propuesta de reestructuración de la deuda. Sin el concurso de ese fondo, muy difícilmente Axel Kicillof logre el acuerdo del 75% de los bonistas, el umbral requerido para conseguir su objetivo.

Pero en la Provincia salieron presurosos a desmentir la versión. “El proceso continúa abierto por lo que no se puede anticipar ningún resultado. La mecánica del proceso sólo permite avisar la aceptación, no el rechazo”, dijeron. Y añadieron que “en estos momentos proliferan rumores para afectar la buena fe y la transparencia del proceso”.

Si no hay consenso con el 75 por ciento de los tenedores de bonos, la Provincia debería pagar para evitar el default, que técnicamente se declararía en la primera quincena de febrero.

En medio de estas idas y vueltas, la Nación salió a respaldar ayer las negociaciones que realiza la Provincia a través del ministro de Economía, Martín Guzmán. Ratificó que no habrá “salvataje” del gobierno nacional a la Provincia.

Lejos de ser un cuestionamiento a Kicillof, apuntó a tratar de que los bonistas acepten el acuerdo con el Ejecutivo provincial, con la idea posterior de que la deuda bonaerense se renegocie en sintonía con la reestructuración de las obligaciones de la Nación. “Esperamos que haya voluntad de los bonistas para obtener una solución ordenada, porque si termina siendo desordenada se van a perjudicar todas las partes”, afirmó el ministro.

Fuente:El Día

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La CGT confirmó un paro general de 24 horas el día que se trate la reforma laboral

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La CGT confirmó este lunes que hará un paro general sin movilización el día que la Cámara de Diputados trate el proyecto de la reforma laboral. Si bien en principio podría ser este jueves, todo dependerá de los tiempos en el Congreso, donde se especula que la otra fecha de sesión sería el miércoles 25.

A la espera que la UTA finalmente se pliegue a la protesta para que no haya colectivos el día que se haga la huelga (algo que se especula se concretará), el triunvirato mantuvo una reunión virtual, donde decidió parar pero sin movilización al Congreso.

De esta forma, el paro de la CGT podrá paralizar todo el transporte en el país ya que también proponen un mayor endurecimiento tanto La Fraternidad, que lidera Omar Maturano, como la Confederación Argentina de Trabajadores del Transporte (CATT), que dirige Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento).

La huelga se concretará el mismo día que el oficialismo intente convertir en ley el proyecto, una sesión que aún no tiene fecha. Desde el Gobierno de Javier Milei apuestan a acelerar el dictamen este mismo miércoles y a ir al recinto un día más tarde.

Sin embargo, las diferencias por ejemplo con los cambios en las licencias laborales por enfermedad podrían retrasar esos planes. En caso de que deban seguir negociando, la sesión se haría la semana próxima, el miércoles 25.

La génesis del paro de la CGT

La medida se votó pese a que en el proyecto de ley la central obrera logró dejar a salvo las cuotas solidarias y mantener tal como están las contribuciones patronales para las obras sociales, que le permitirán sostener el financiamiento de “la caja sindical” y del sistema de salud de los gremios.

Sin embargo, las bases vienen presionando por la grave situación económica, la pérdida del poder adquisitivo y en concreto por algunos puntos de la reforma laboral.

En concreto, el artículo 44 que se aprobó en el Senado introduce un nuevo esquema para la remuneración de los trabajadores que sufran un accidente o una enfermedad no vinculados con la actividad laboral y se vean inhabilitados para trabajar, que recibirán el 50% de su salario, y en las situaciones en que la imposibilidad de trabajar no derive de una acción voluntaria ni de un conocimiento previo del riesgo para la salud, el monto a percibir asciende al 75 % de la remuneración.

El artículo votado por la Cámara Alta establece que el pago durante el período en cuestión dejará de ser del 100% del salario como ocurre ahora. Tanto los sindicatos como partidos de la oposición advierten que se trata de un retroceso en materia de derechos adquiridos.

Cabe recordar que el 10 de abril de 2025 la CGT llamó a un paro general, el tercer en el mandato de Milei. Sin embargo, como la UTA estaba en un período de conciliación obligatoria, no se adhirió y hubo colectivos. Eso le restó fuerza a la medida.

Fuente: Agencia Dib.

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Operativos de tránsito: se labraron 739 actas y se retuvieron 52 vehículos

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La División de Control y Ordenamiento Urbano del Municipio de Bahía Blanca informó que entre el 9 y el 16 del corriente mes se labraron 739 actas de comprobación de tránsito.

En ese mismo período fueron retenidos 52 vehículos: 16 automóviles, 32 motocicletas y 4 camionetas.

Además, se realizaron 2452 controles de documentación, incluyendo tests de alcoholemia y de estupefacientes, de los cuales 7 arrojaron resultado positivo por alcoholemia.

Fuente: La Nueva.

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Columnistas

Cuando gestionar vale más que gritar

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En tiempos donde la política argentina se volvió un concurso de consignas, hay gestos que marcan la diferencia entre gobernar y comentar la realidad. La decisión del intendente Federico Susbielles de avanzar para que el Municipio y el Puerto arreglen la traza del Paso Urbano en la zona de El Cholo es uno de esos gestos.

Porque lo que está sobre la mesa no es sólo una obra vial. Es una definición de modelo. Un modelo que involucra la mejor participacion PUBLICA PRIVADA que es el puerto de Bahía con Santiago Mandolesi Burgos hoy a la cabeza.

La obra, iniciada hace años y abandonada desde entonces, hoy se encuentra en un estado crítico que afecta la seguridad, la logística y la calidad de vida de miles de vecinos, además del movimiento del transporte pesado hacia el puerto. Frente a la parálisis nacional, la ciudad decidió no esperar más y propuso algo tan simple como disruptivo: si Nación no la hace, que permita hacerla con inversión local y privada.

Eso, en la práctica, es un esquema de participación público-privada. Es decir, exactamente lo que el discurso liberal reclama desde hace décadas.

Susbielles, peronista, terminó proponiendo una solución más libertaria que los propios libertarios.

Mientras algunos dirigentes locales se concentran en denunciar problemas o explicar por qué las cosas no pueden hacerse, el intendente puso sobre la mesa una alternativa concreta: gestionar capital privado, coordinar con el Puerto y resolver un cuello de botella histórico de la ciudad. No es ideología. Es gestión.

Y no es una obra menor.

El Paso Urbano y la conexión hacia Cerri constituyen uno de los accesos más importantes de Bahía Blanca, clave para el tránsito de camiones, la actividad portuaria y la circulación cotidiana de miles de personas. Su deterioro no sólo genera riesgos viales, sino también sobrecostos logísticos que impactan directamente en la competitividad regional.

En otras palabras: estamos hablando del sistema circulatorio de la economía local.

Si esta iniciativa prospera, el impacto puede ser estructural. No se trata de tapar baches; se trata de redefinir cómo entra y sale la producción, cómo se articula la ciudad con su puerto y cómo se proyecta el crecimiento urbano. Son decisiones con horizonte de décadas, no de mandato.

De hecho, el propio Municipio planteó que, si Nación no reactiva la obra, debería ceder su concesión para permitir que el Puerto y la ciudad consigan financiamiento privado y la finalicen.

Eso es pragmatismo puro.

No hay épica partidaria, no hay relato. Hay una pregunta sencilla: ¿cómo resolvemos esto ahora?

La política argentina suele quedar atrapada entre dos extremos igualmente improductivos: el Estado que promete todo y no cumple, y el anti-Estado que se limita a explicar por qué nada debe hacerse. En el medio queda la gestión real, la que combina recursos públicos, privados y decisión política.

Eso es exactamente lo que está intentando Bahía Blanca.

Por eso, más allá de simpatías o diferencias, la iniciativa merece ser reconocida. Porque rompe con la lógica de la excusa permanente y apuesta a una solución concreta para un problema concreto.

Si se concreta, podría convertirse en el mayor cambio logístico y de transporte de la ciudad en los próximos 20 años. Y también en un precedente: demostrar que, incluso en un contexto nacional adverso, una ciudad puede tomar la iniciativa y empujar su propio desarrollo.

En definitiva, la diferencia entre administrar y liderar suele reducirse a una sola cosa: quién se anima a hacerse cargo.

Esta vez, Bahía Blanca parece haber encontrado a alguien dispuesto a hacerlo.

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