Por eso no hay que esperar para los próximos meses actos públicos en los que Kicillof aparezca con dirigentes de otros espacios con los que habla, como es el caso de Emilio Monzó y Nicolás Massot, que la semana pasada lo visitaron en su despacho. Ambos dirigentes evidenciaron en ese encuentro la decisión de trabajar en la construcción de una alianza en la que el peronismo será el eje central.
“Este año es para ver quién está de cada lado. Sumemos todo lo que podamos sumar. Hay que sumar a los que no apoyaron a Massa en el 2023″, reflexionó un funcionario muy cercano al Gobernador. En el kicillofismo advierten que las PASO pueden ser una buena herramienta para darle lugar a aquellos que estén dispuestos a ser parte de una alianza, pero no se quieran adherir a una candidatura formal de Kicillof.
La postura que tienen el Gobernador y sus armadores posee puntos de coincidencia con algunos de los temas que se hablaron en el encuentro que tuvo lugar la semana pasada en el municipio de Malvinas Argentinas, donde estuvieron el intendente local, Leonardo Nardini, junto a Miguel Pichetto, Emilio Monzó, Carlos Kikuchi, Marcelo Daletto y Luis Vivona.
En el almuerzo que los unió, el sector de dirigentes que empezó a trabajar en un acoplamiento al esquema peronista manifestó sus intenciones de complementar el armado con la idea de generar un acercamiento con expresiones de centro y así amplificar la base electoral. “Hay que arrancar ahora. Hay que generar confianza y establecer los puntos de acuerdo este año, porque si se quiere hacer a último momento, no se va a poder”, le planteó a Infobae uno de los presentes en la reunión.
La intención clara que hay en el peronismo es que ese grupo exprese en una coalición la centro derecha moderada, que fue parte de la base de Cambiemos, pero que se alejó del camino que siguió el PRO, principal partido de esa coalición, cuando se convirtió en un aliado permanente del gobierno de Javier Milei. Lo que viene requiere de apertura y generosidad. Dos ideas que quedaron bien claras en la reunión.
El vínculo político entre Axel Kicillof y Cristina Kirchner da vueltas por la órbita opositora. Aparece y desaparece en forma constante. Porque, según creen muchos dirigentes (bonaerenses y del interior del país), la estabilidad del peronismo del la provincia de Buenos Aires es determinante para consolidar un armado opositor nacional para el año que viene.
Tal como reveló Infobae este fin de semana, en el cristinismo esperan que el Gobernador visite a la ex presidenta en el domicilio donde cumple con su prisión domiliciaria y que busque un acuerdo que derive en la estabilización de un plan de acción político que incluya a todo el kirchnerismo. Cerca de CFK creen que la interna bonaerense la comenzó Kicillof y que es él el que debe terminarla.
En el kicillofismo la mirada es diferente y la percepción sobre cómo fue el conflicto, también. “El diálogo lo cortaron ellos, nosotros hemos demostrado, una y otra vez, que no somos el problema. Lo que quieren es la sumisión de Axel a la conducción de Máximo”, sentenciaron en el entorno más próximo del Gobernador, donde hace tiempo que dan por quebrada la relación con el líder de La Cámpora y su agrupación política.
Kicillof trabaja por su lado en un armado nacional sostenido e impulsado por el Movimiento Derecho al Futuro (MDF). No tiene en sus planes ver a Cristina Kirchner en el corto plazo. Interpreta que no habrá demasiados cambios respecto a la última vez que la vio, el 1 de octubre del año pasado, en San José 1111. Aquella conversación fue menos amena de lo que trascendió.
“Si lo que esperan es que Axel vaya de rodillas a decirle a CFK que acepta cualquier cosa, eso no va a pasar, porque sería, en ese preciso instante, un cadáver político”, fue la cruda sentencia que salió de una de las oficinas más importantes de la gobernación, respecto a la posibilidad de una nueva visita y la aceptación de las exigencias de la ex presidenta.
En el kicillofismo aseguran que el último quiebre con la líder peronista se produjo en una conversación donde el Gobernador le dijo que no iba a aceptar la conducción política de Máximo Kirchner que, según explican, le querían imponer. “Lo que necesitan es un Axel débil y raquítico”, aseguró un funcionario de estrecha confianza del Gobernador. La definición marca con claridad el estado de la relación política detonada que existe entre las dos partes.
En el círculo de confianza de Kicillof aseguran con las críticas de La Cámpora son “la mejor campaña” que le pueden hacer, ya que marcan las diferencias que existen desde hace tiempo y que, a la luz de los hechos, no se saldaron. “No podemos perder el tiempo”, sostienen en La Plata, respecto a los interminables capítulos de la interna bonaerense, La desconfianza estandarizada es la principal muestra de que las heridas de esa relación poli son profundas y dolorosas.