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Ante la falta de consenso, mandan a un cajón la ley de hidrocarburos
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5 años haceen
La ley de promoción de las inversiones hidrocarburíferas fue presentada en sociedad por Darío Martínez, Martín Guzmán y Alberto Fernández, inmediatamente después de la derrota en las PASO. En ese momento, Guzmán aprovechó el escenario para responderle a Cristina Kirchner sus críticas al manejo económico. Luego se desató las catarata de renuncias de todos los funcionarios kirchneristas, excepto el secretario de Energía, Darío Martínez.
“Martínez llegó al cargo con el respaldo de Cristina, pero luego tomó distancia y esa tensión se trasladó al peronismo de Neuquén. Esta ley esta hecha a medida de intereses que no nos representan”, afirmó a LPO una fuente del kirchnerismo al tanto de la situación.
“Alberto desconoce el tema petrolero y lo dejaron expuesto. En cambio Cristina es petrolera, conoce cabalmente la cuestión, la considera prioridad absoluta y la sigue muy de cerca. De hecho, hubo que escribir dos veces el proyecto porque la primer versión fue rechazada por ella”, agregó la fuente.
Lo cierto es que la vicepresidenta trabajó como convencional constituyente en la redacción de la Constitución de ’94, donde se le concedió a las provincias el dominio y la jurisdicción de los recursos del subsuelo -entre ellos los hidrocarburos- que según entienden los gobernadores patagónicos, este nuevo proyecto pone en jaque.
“La ley es un impuesto nacional sobre un recurso no renovable de pertenencia de las provincias y encima no coparticipable, y por el cual no cobramos ingresos brutos. ¿Saben lo que significaría cobrar ingresos brutos sobre la exportación de crudo y gas?”, afirmó el neuquino Omar Gutiérrez, presidente de la liga de provincias petroleras (Ofephi) y uno de los críticos más frontales de la norma. Críticas similares expresó el líder histórico del Movimiento Popular Neuquino (MPN), Jorge Sapag.
La lectura de los gobernadores de las provincias petroleras es que el artículo 90 del proyecto que indica que la autoridad de aplicación respecto a los permisos de exploración, las concesiones de explotación y las concesiones de transporte y almacenamiento subterráneo en las áreas hidrocarburíferas competen a la Secretaría de Energía de la Nación, avasalla los derechos de las provincias otorgado precisamente por la Constitución del ’94.
“La ley le otorga a la Nación una participación y reconocimiento sobre las reservas que hasta el momento no tiene. Es evidente que al MPN le molesta que entre la Nación porque aparece un actor más con quién dividir la torta”, reconoció a LPO una fuente del Gobierno.
Sapag fue taxativo: “Considero que el art 90 es un error de redacción, un desliz, que hay que corregirlo”. Según una fuente del gobierno neuquino consultada por LPO, “Sapag es una figura muy relevante ante esta problemática ya que fue quien diseñó Vaca Muerta junto a Cristina”.
Gutiérrez expresa al conjunto de la Ofephi porque la disputa que se refleja en esta ley es por Vaca Muerta. Es por eso que otras de las críticas del gobernador deviene en como se estipula la línea de base que mide la producción incremental sobre la cual se definen los cupos exportables. Este cuestionamiento es compartido por las empresas del sector que resultan perjudicadas, como reveló LPO.
“Las empresas que garantizamos el abastecimiento interno, solo queremos exportar cuando cumplamos esa demanda. Petrona, Shell y Vista invirtieron en lo peor de la pandemia, su producción creció y ahora es lógico que pidan exportar. Invertimos cuando todos estaban parados. Lo que pedimos con cambiar la base, es que nos reconozcan esa inversión” afirmaron a LPO fuentes del mercado, que agregaron que el gobierno nacional defiende la actual línea base, por una presión del ministro Martín Guzmán, que está mirando un tema fiscal.
El kirchnerismo también cuestiona otro aspecto clave de la norma. Afirman que la estabilidad fiscal por 20 años que promete, barre con los derechos de exportación como herramienta de la política económica. “Como no las podes tocar, quedás pegado al precio internacional. Se dolariza tu recurso, y como vos no generas dólares, viene la inflación y la devaluación. Lo mismo pasa con la ley del Consejo Agroindustrial. Acá hay dos modelos en pugna, por un lado la salida exportadora de Guzmán y la opuesta que se traduce energía y alimentos baratos, justamente lo que propone Cristina”, analizaron ante LPO.
El legislador del kirchnerismo neuquino Mariano Mansilla, sostuvo a LPO que “la disputa por la orientación de la política energética en nuestro país tiene muchos capítulos donde sucedieron tensiones entre las grandes corporaciones de las potencias occidentales contra militares nacionalistas y luego, desarrollistas convencidos por la fuerza del lobby de los trust del Petróleo. Como integrantes del Frente de Todos, y para sostener una de las principales banderas de la plataforma de gobierno que impulsamos para Alberto y Cristina, entendemos que debe ajustarse la mirada para pensar el régimen de esta ley”.
Desde el sector de los trabajadores cobra vigor la resistencia. “A Pereyra lo tenían cerrado y se les está dando vuelta. Ya no banca de pleno al proyecto”, agregó una fuente del sindicato petrolero.
En declaraciones a la prensa el secretario General del gremio afirmó: “Las provincias están pidiendo un cambio en algunos artículos, principalmente en el artículo 90, donde los gobernadores manifiestan que avasalla la titularidad que tienen las provincias por la ley corta, por la Constitución del ’94”.
Mientras que Marcelo Rucci consideró que la puja entre de Neuquén y el Gobierno nacional “debe resolverse rápidamente. El artículo 90 de la medida es el que está en discusión, el cual habla de la autonomía de la provincias. Desde el Sindicato estamos a favor que eso no se pierda, que no pierdan las provincias”.
Lo cierto es que ante la falta de consenso, la ley no avanza. No hay agenda prevista para actividad parlamentaria y desde el bloque oficialista afirman que por ahora está cajoneada.
(LPO)
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En la antesala de la discusión electoral, el peronismo buscará un gesto de unidad en la Legislatura bonaerense
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2 minutos haceen
4 octubre, 2026Por
Mayra Pastor
Mientras los distintos referentes del peronismo con peso en la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, Sergio Massa y Máximo Kirchner, transitan de manera autónoma un camino hacia la negociación electoral de 2027, las segundas y terceras líneas intervienen en distintas negociaciones políticas, con la Legislatura bonaerense como teatro de operaciones.
La semana que inicia, el peronismo podría mostrar una foto de cohesión en el Senado bonaerense. Al menos esa es la expectativa, con el antecedente reciente de que en Diputados legisladores de Kicillof acompañaron un proyecto del presidente del bloque de Fuerza Patria, Facundo Tignanelli, después de mostrar sus disidencias al texto durante el debate en comisión.
La tensión sigue latente, pero podría haber un breve momento de convivencia interna. El próximo martes, el peronismo buscará aprobar en la Cámara alta dos proyectos de ley que el gobernador giró tiempo atrás y son la creación de una empresa de medicamentos y la unificación del sistema de salud.
Las iniciativas no son nuevas. De hecho, por la interna del peronismo, el año pasado perdieron el estado parlamentario. A fines del 2025, en repetidas oportunidades, los senadores que responden a Cristina Kirchner y a Sergio Massa le solicitaron por nota a la vicegobernadora, Verónica Magario, que convocase a una sesión para tratar los expedientes. El requerimiento llegaba en medio de lo que fue la negociación por las autoridades de la mesa. Entonces, aquellos pedidos nunca avanzaron porque no se sesionó y los proyectos -que ya habían sido aprobados en Diputados- perdieron estado parlamentario. Este año, el Ejecutivo volvió a presentarlos. “Se perdieron diez meses; si hubieran convocado a sesionar a fin de año, ya sería ley. Lo importante es que ahora parece que avanzan y nosotros vamos a acompañar, como acompañábamos también el año pasado”, aseguró un referente K ante este medio.
A fines de agosto, el ministro de Salud, Nicolás Kreplak, volvió a defender las iniciativas ante los integrantes de la comisión de Salud. El kirchnerismo había asegurado que respaldaría los proyectos, aunque —en principio— el senador Mario Ishii mostró su distancia. El último jueves, la comisión de Salud de la Cámara alta se reunió y sacó despacho de mayoría de los dos proyectos para que lleguen al recinto. Fuerza Patria acompañó, aunque con modificaciones. Mientras que los representantes de La Libertad Avanza –Diego Valenzuela y Betina Rivas-, el PRO –Alex Campbell– y el bloque Hechos de los hermanos Passaglia –Marina Subiza– rechazaron el dictamen y harán lo propio en el recinto. El argumento es que el Estado “no está en condiciones” de sumergirse en un proyecto que “genera un gasto de grandes magnitudes” y además busca “regular” el funcionamiento del sector privado de salud. Para la oposición, el espíritu de los proyectos va a contramano de la baja del déficit y el superávit que promueve la gestión nacional.
“Esto es un ir cerrando un círculo: que la salud es una sola en realidad, pero el Estado tiene que tener una injerencia importante y no como está haciendo hoy el Estado nacional, que se corre de todos lados y para él es todo privado”, consideró el senador Pedro Borgini, que es el presidente de la comisión de Salud y forma parte del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) que comanda Kicillof. El proyecto pasará este lunes por la comisión de Legislación General —que preside el senador del MDF, Germán Lago— para así, con dos dictámenes, llegar a la sesión de este martes.
Para que el kirchnerismo acompañe las iniciativas, hubo que hacerle modificaciones al proyecto original. Detrás de esa jugada estuvo el intendente en uso de licencia de José C. Paz, Mario Ishii. En el proyecto de ley de creación del Sistema Integrado de Salud de la Provincia de Buenos Aires (SIPBA), las modificaciones apuntan a delimitar con mayor precisión las atribuciones estatales y reforzar las garantías para los actores del sistema. Se eliminan las facultades del Poder Ejecutivo para definir la localización de establecimientos sanitarios y determinar previamente la necesidad de incorporar nuevas instituciones, servicios o tecnologías, manteniéndose únicamente las habilitaciones correspondientes. Asimismo, se restringe la posibilidad de exigir prestaciones extraordinarias al sector privado a situaciones excepcionales de emergencia sanitaria formalmente declarada, con carácter temporal y sin afectación permanente de bienes o personal. También se aclara que la adhesión de municipios y establecimientos privados a la Red Bonaerense de Atención y Cuidados en Salud es voluntaria, y que la falta de incorporación no afectará su habilitación, funcionamiento ni acceso a programas generales. Además, se reorganizan disposiciones sobre gobernanza de datos, se limitan sanciones graves y se precisan las competencias de los órganos de coordinación del sistema.
Respecto del proyecto de creación del Centro de Industria Farmacéutica Bonaerense SAPEM, las modificaciones se orientan a asegurar la sostenibilidad financiera, preservar el control estatal y fortalecer la supervisión legislativa. Se establece que el endeudamiento y la emisión de títulos deberán estar vinculados al objeto social, contemplados en el presupuesto aprobado y sujetos a los límites previstos en el Estatuto y la Ley de Administración Financiera provincial. El Estatuto deberá incluir una política de financiamiento y endeudamiento con límites prudenciales. A su vez, se fija que la Provincia conservará el 99% del capital social mediante acciones clase A, mientras que cualquier transferencia de esas acciones requerirá autorización legislativa con mayoría de dos tercios. Finalmente, se crea una Comisión Bicameral de Seguimiento y Control, integrada por cinco diputados y cinco senadores, con facultades para requerir informes, formular recomendaciones e intervenir previamente en operaciones de endeudamiento extraordinario. Este último punto fue el que destrabó la votación en Diputados cuando se votó la misma iniciativa que luego perdió estado parlamentario en el Senado.
En Diputados, el juego en línea
La Cámpora descuenta que los diputados de Fuerza Patria acompañarán el último proyecto de ley potente que presentó Tignanelli junto a la diputada Micaela Olivetto. El mismo propone un marco integral de prevención y regulación de apuestas on line. La misma es con verificación facial, límites de acceso, prohibición de bonos y publicidad dirigida a menores. La iniciativa también impide presentar la actividad como un “juego”, crea una fiscalía especializada para bloquear plataformas ilegales y establece que, si apuesta un menor, se podrá revocar la licencia del operador. “Llamarlas juego es una trampa, son lugares donde se realizan apuestas”, afirmó el autor que ostenta la jefatura política de La Cámpora en la provincia de Buenos Aires.
La propuesta, además, obliga a las empresas a destinar a salud mental el equivalente a todo su gasto publicitario y a aportar el 3% de los premios para clubes, centros culturales, jubilados y becas deportivas. “Estas empresas todos los meses sustraen de la economía de la provincia una suma exorbitante”, sostuvo Tignanelli, quien planteó que los fondos permitirán fortalecer organizaciones comunitarias y financiar tratamientos por ludopatía. Hace un mes, el gobierno bonaerense definió aplicar un cobro del 2% sobre los premios de las apuestas online en las siete plataformas de juego que tienen concesión para operar en la provincia de Buenos Aires. El ministro de Gobierno, Carlos Bianco, había dicho que se recaudaría “entre 35.000 y 40.000 millones de pesos adicionales todos los meses”. Fue a través de una resolución del Instituto de Loterías y Casinos que preside Gonzalo Atanasof.
Jueces, a la espera
Mientras se aguardan definiciones de corte electoral que también dependen de la intervención de la Legislatura como posible eliminación de las PASO en Buenos Aires, la chance de ir hacia un sistema de Boleta Única en PBA como reclama la oposición, hay un tema más cercano y es la prestación de acuerdos para cargos judiciales, en el cual no solo deberá haber un acuerdo interno entre las distintas facciones del peronismo, sino también con la oposición.
El Ejecutivo tiene 280 pliegos en su poder, que ya “salieron” desde el Consejo de la Magistratura provincial en sus respectivas ternas y aún no se han girado al Senado para su aprobación definitiva luego de las entrevistas que debe hacer la Comisión de Asuntos Constitucionales y Acuerdos del Senado. “Nosotros estamos relativamente al día”, cuenta un integrante del Consejo de la Magistratura. Es decir, se avanzó en el proceso de selección. Las miradas apuntan al Ejecutivo, que debe resolver nombres y elevar los pliegos. La demanda del Consejo de la Magistratura es compartida por el Poder Judicial sobre todo para suplir las subrogancias en distintos tribunales. Durante la gestión de Juan Martín Mena en el Ministerio de Justicia bonaerense se avanzó con 412 designaciones. Esta semana que inicia, dejan correr en distintas terminales; podría haber novedades al respecto y un gesto de avanzar en dicha agenda.
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Las dos decisiones del Gobierno que tensaron al máximo la relación con la CGT y podrían acelerar el paro general
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9 minutos haceen
4 octubre, 2026Por
Mayra Pastor
La relación entre el Gobierno y la CGT es mala, pero no tanto como para que se concrete el quinto paro general contra Javier Milei. El último se hizo el 19 de febrero pasado y el plan de lucha que la cúpula cegetista realiza con las dos CTA desde el 22 de julio no contempló ninguna huelga e incluyó hasta ahora 4 movilizaciones con participación testimonial, a las que ahora se sumó otra concentración el jueves próximo en defensa de la industria y un acompañamiento a la Marcha Federal Universitaria que se hará el 15 de este mes.
Pero, ¿qué político se asociará para el trazado electoral a un poder sindical que no puede hacer un paro general que verdaderamente arrincone a Milei y lo obligue a rectificar sus políticas? Es una de las dudas que los carcome.
En ese escenario tan complejo, la CGT pudo acordar en julio pasado con el Gobierno una serie de correcciones a la reglamentación de la Ley de Modernización Laboral que había perjudicado a los sindicatos en puntos clave para su financiamiento. Así surgió el decreto 612, que dejó a salvo la caja sindical, y graficó una etapa del oficialismo más predispuesta a la negociación a partir de la designación de Diego Santilli como jefe de Gabinete.
Algunos creen que quizá por ese alivio en las arcas de los gremios la CGT amagó con un virulento esquema de protestas “a la francesa”, con medidas sectoriales y alternadas, y terminó en un plan de lucha sin huelgas y con eje en marchas callejeras, en las que tampoco movió todo el “aparato sindical” para que fueran masivas.
Pero dos recientes decisiones del Gobierno volvieron a prender las luces amarillas en la CGT y podrían derivar en un endurecimiento de su estrategia, aunque siempre después de la visita del Papa León XIV a la Argentina, donde la expectativa cegetista, más allá de su encuentro del 9 de noviembre en la UCA junto con el empresariado y los movimientos sociales, es que el sucesor de Francisco brinde señales que puedan interpretarse inequívocamente como críticas a la política socieconómica de la administración libertaria.
Una de las decisiones oficiales que inquietaron a la CGT es la de preparar un recurso extraordinario ante la Corte Suprema para impedir la certificación de autoridades de la Unión de Trabajadores del Turismo, Hoteleros y Gastronómicos de la República Argentina (UTHGRA), encabezada por Luis Barrionuevo, luego de las elecciones sindicales de diciembre pasado.
La apelación, como anticipó Infobae, busca cuestionar el fallo de la Sala VI de la Cámara Nacional de Apelaciones del Trabajo que convalidó de manera provisoria la conducción nacional del gremio y ordenó a la Secretaría de Trabajo que expidiera en un plazo de 5 días el correspondiente certificado de autoridades, que es el reconocimiento de que Barrionuevo ganó las elecciones y tiene todas atribuciones como titular de la UTHGRA.
Pero el Gobierno, a través del Ministerio de Capital Humano, dirigido por Sandra Pettovello, decidió ir a la Corte para no convalidar al líder de Gastronómicos con el argumento de que las elecciones en las que se proclamó ganador están judicializadas y sin fallo en firme.
“Es muy preocupante que recurra a la Corte porque es una injerencia total del Poder Ejecutivo contra un gremio nacional”, dijo a Infobae un alto directivo de la CGT, temeroso de que la resolución sirva de “antecedente para desobedecer” fallos favorables a otros sindicatos.
Pero, además, en la cúpula de la CGT, dominada por el sector dialoguista, causó impacto el alejamiento de la subsecretaria de Trabajo, Claudia Testa: creen que es una “muestra de hostilidad” hacia el sindicalismo porque la funcionaria saliente tenía fluidas relaciones con la dirigencia gremial y con el empresariado.
Algunos líderes sindicales incluso advirtieron que Testa “no fue desplazada” por Pettovello, como deslizaron fuentes oficiales, sino que presentó su renuncia indeclinable al cargo por “motivos personales”, aunque deslizaron que se fue por diferencias en la gestión como consecuencia de las “presiones” de Federico Sturznegger, el enemigo público N° 1 de la CGT.
Nunca fue un secreto que la ex subsecretaria de Trabajo, que fue nombrada en enero de 2025 por impulso de Julio Cordero, el secretario del área, llegó desde el gobierno porteño, donde era directora general de Relaciones Laborales, sin ser un cuadro técnico del PRO y con un pasado como abogada de la UOCRA, pero pareció haber sido elegida precisamente porque, además de mucha experiencia en la gestión, tenía excelentes vínculos en el ámbito sindical y empresarial.
En la CGT dicen que Testa “se cansó” de lidiar con problemas ajenos a su función, mientras que en el Gobierno aclaran que su alejamiento se debió a una “reestructuración” en Capital Humano, dejando en claro que no se cuestionaba la forma en que trabajó.
Más allá de su relación con Cordero, los sindicalistas sienten que perdieron una interlocutora que podía contemplar sus posiciones gracias a haber conocido la problemática gremial por su tarea profesional en la organización liderada por Gerardo Martínez.
Para la CGT son pésimas señales la designación del abogado Mariano Sartoris en lugar de Testa porque “no conoce sobre las relaciones laborales” (se trata de una persona de extrema confianza de Pettovello) y la llegada de Ramiro Cherñetz como director de Asociaciones Sindicales de la Secretaría de Trabajo: “Proviene de las corporaciones empresariales y de los estudios jurídicos que escribieron la reforma laboral”, se quejan.
Pese a que ya se enteró del malestar de la CGT a raíz de sus últimas dos decisiones, el Gobierno afirma que no habrá modificaciones en el rumbo y que seguirá teniendo “las puertas abiertas”. “No se tienen que sentir amenazados -advirtió a Infobae una importante fuente libertaria-, pero los sindicalistas piensan que son los dueños de la Secretaría de Trabajo y que son más importantes que el presidente de la Nación. No se dan cuenta de que los tiempos cambiaron”.
Justamente, a tono con sus reflejos de siempre, los jefes de la CGT tomaron nota de los “gestos de hostilidad” del Gobierno con sus últimas decisiones y, aunque admiten que deberán “analizar cuál es el mejor momento y la mejor reacción”, ya acercaron el pie al acelerador del nuevo paro general: la segunda quincena de noviembre, luego de la visita del Papa, figura en estas horas marcada en rojo en el almanaque de las protestas cegetistas.
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Esteban Bullrich: “Me gustaría ver a Milei hablando con Cristina y tomando un café con Kicillof, porque representan visiones diferentes de la Argentina”
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15 minutos haceen
4 octubre, 2026Por
Mayra Pastor
“Me gustaría que se recordara de mi paso por este cuerpo la búsqueda constante del consenso a través del diálogo. El diálogo entendido como una conducta activa, de apertura y de generosa curiosidad en la que los participantes se abren a escuchar a la persona que tienen enfrente. Ese es, para mí, el valor más importante y a la vez más escaso de la política argentina: la posibilidad de entender que los adversarios nunca son enemigos y que representan a una porción de los argentinos cuyos valores, intereses y deseos son tan atendibles como los de uno y que se puede dialogar, negociar y acordar sin relegar lo que uno es y lo que uno defiende”.
Llegué a la casa de Esteban Bullrich, el miércoles pasado, repasando ese, su último discurso en el Senado de la Nación, aquel 9 de diciembre de 2021 cuando se despidió formalmente de la Cámara. Recuerdo ese día como si fuera hoy. Todos quienes estábamos dentro del recinto del Senado nos emocionamos al borde del llanto. Algunos (muchos) lloramos. Es que Esteban aquella última tarde decidió “pintarle la cara” al país y ponerlo frente al duro espejo de su propia realidad. Esa que lo define de pies a cabeza. La del país agrietado, incapaz de acordar un conjunto de bases mínimas que produzcan bienestar general y desarrollo.
Recuerdo también que al salir de ahí me pregunté -entonces- qué sería de Esteban, de su vida pública a partir de ese momento. El tiempo me fue dando la respuesta. Ese hombre que supo ser ministro de Educación en la Nación y en la ciudad de Buenos Aires, que derrotó electoralmente a la propia Cristina Kirchner en 2017, decidió y logró transformar su dolor en legado. Desde entonces -en la medida de sus posibilidades- dedica su tiempo a promover el diálogo como cultura política.
Siempre me pregunto: ¿cuánto impactó en su transformación político-ideológica el hecho de atravesar una situación tan dura, irreversible? Él siempre fue una persona amable y amiga de hablar con quien piensa distinto. Pero de un tiempo a esta parte ha hecho del diálogo una bandera irrenunciable que le ha permitido interactuar hasta con sus más acérrimos adversarios.
Esteban Bullrich padece de ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica) una enfermedad neurológica progresiva que afecta a las neuronas motoras, las células nerviosas que controlan los movimientos voluntarios. Fue diagnosticado en abril de 2021, ocho meses antes de renunciar a su banca de senador nacional por la provincia de Buenos Aires. Pero según él mismo contó, los primeros síntomas aparecieron en septiembre de 2020, cuando durante una videollamada sintió que “se le patinó la lengua”. Luego comenzaron a repetirse las dificultades para hablar.
Hoy vive acompañado de su familia en una bonita y sencilla casa en un barrio cerrado en el norte del conurbano. Hasta allí llegué tal como acordamos en un intercambio de Whatsapp unos días antes en el que yo graciosamente le recriminaba que “hace rato” me debía una entrevista. O mejor dicho, una conversación. Me recibió junto al equipo técnico de Infobae en un bonito y luminoso estudio adosado a su habitación, con vista a un parque verde. Lo acompaña María Eugenia, su esposa, su compañera, su equipo. Con ella, sus lugartenientes: Charles y Frances, dos médicos venezolanos que desbordan de lealtad y empatía en la tarea de cuidar a su “jefe”.
Esteban acaba de presentar su libro Liderazgo Emocional, un ensayo en el que plasma su manera de ver a este mundo cada día más complejo, parado firme en su convicción de que la nueva dirigencia tiene la responsabilidad de mostrar otro tipo de cualidades, distintas de las que habitualmente vemos en quienes conducen organizaciones tanto en el sector público como en el privado. Humildad, coraje, esperanza, servicio, justicia, cercanía, amor, perdón y visión trascendente. Sumado a eso, dos habilidades necesarias: capacidad de callar y capacidad de escuchar.
La pregunta subyacente es: ¿hay algún dirigente argentino que hoy tenga esas virtudes y capacidades? Y más: ¿está el electorado argentino dispuesto a dejar de lado el apego al conflicto para ponderar el diálogo, el consenso y la empatía?
Su mirada sobre la Argentina hoy, el cambio de modelo económico, la experiencia del PRO en el gobierno nacional, la gestión de Milei, el rol de Cristina, la posibilidad de Kicillof, las chances de los outsiders, la polarización, el país que podemos ser. De todo esto, hablamos con Esteban Bullrich. Una conversación serena y profunda que a continuación compartimos con todos Ustedes.
–Esteban, gracias por recibirme en tu casa. Es un placer conversar con vos y felicitaciones por tu nuevo libro, Liderazgo espiritual.
-Gracias a vos por escucharme.
–Bueno, lo primero que quiero preguntarte es: ¿cómo ves a la Argentina hoy? ¿Qué te preocupa de lo que ves?
-Veo una Argentina que logró avances importantes, pero que sigue profundamente herida. La baja de la inflación es un logro que hay que reconocer, pero seguimos teniendo niveles muy altos de pobreza y una economía todavía frágil. Sin embargo, lo que más me preocupa no es económico, es nuestra dificultad para construir un nosotros. Seguimos creyendo que para tener razón necesitamos que el otro esté equivocado. Convertimos al adversario en enemigo y confundimos firmeza con agresividad. Así es muy difícil construir políticas que duren veinte años. ¿Cómo recuperamos confianza? Empezaría por algo concreto. Convocaría al Gobierno, oposición, gobernadores, empresarios, sindicatos y organizaciones sociales para acordar cinco políticas de Estado: educación, estabilidad fiscal, primera infancia, desarrollo productivo e institucionalidad que nadie pueda cambiar cada cuatro años. La confianza no se pide, se construye cumpliendo acuerdos. Tenemos enormes recursos naturales y humanos. Nuestro problema nunca fue la falta de talento. El desafío no es solamente volver a crecer, es volver a creer que podemos crecer juntos.
–¿Coincidís con los que dicen que la Argentina necesitaba hace ya mucho tiempo un cambio de modelo económico y social y que cuanto más tarde lo hiciéramos, más doloroso iba a ser el proceso de cambio?
-Sí, coincido en que la Argentina necesitaba un cambio profundo. No podíamos seguir indefinidamente con déficit, inflación, falta de inversión y un Estado que muchas veces gastaba más de lo que podía financiar. Y también es cierto que cuanto más se posterga una corrección, más difícil y dolorosa termina siendo. Pero para mí hay una segunda discusión igual de importante: cómo se hace ese cambio. Ordenar las cuentas públicas es necesario, pero no suficiente. La economía está al servicio de las personas, no las personas al servicio de una planilla de Excel. Un programa económico también debe preguntarse cómo protege a los más vulnerables y cómo genera condiciones para crecer, invertir, producir y crear trabajo. Creo en el equilibrio fiscal y en un Estado eficiente, pero también creo en la justicia y en la cercanía. El verdadero desafío no es elegir entre equilibrio fiscal y sensibilidad social, es demostrar que podemos tener las dos cosas, porque un cambio económico será sostenible solamente si también construye esperanza.
–Ahora, viendo el camino que tomó y que toma el Gobierno de Milei, ¿cómo evalúas al gobierno de Mauricio Macri? Es decir, lo que pasa hoy, ¿sirve para repensar lo que se hizo entre 2015 y 2019?
-Creo que nuestro principal error fue no construir acuerdos políticos profundos cuando tuvimos la oportunidad. En 2015 llegamos al Gobierno en minoría después de muchos años de kirchnerismo. Ese era el momento para convocar a gobernadores, oposición, sindicatos y empresarios y acordar un diagnóstico común: cuál era la situación real de la Argentina y qué reformas necesitábamos hacer. Conseguimos acuerdos puntuales, pero no construimos un acuerdo estructural. En 2017 apareció una segunda oportunidad. Ganamos ampliamente las elecciones legislativas y creo que interpretamos ese triunfo más como una ratificación de nuestro camino que como una oportunidad para ampliar nuestra convocatoria. Debimos usar ese capital político para construir acuerdos que trascendieran nuestro gobierno. Viendo lo que ocurrió después, ese aprendizaje para mí es fundamental. Las transformaciones profundas no pueden pertenecer a un presidente ni a un partido. Un triunfo electoral te da poder para gobernar. Un acuerdo amplio te da legitimidad para transformar.
–Y si pudieses volver el tiempo atrás, ¿qué harías de diferente?
-Si pudiera volver a diciembre de 2015 impulsaría desde el primer día un gran acuerdo nacional. Pondría sobre la mesa con absoluta transparencia la situación que recibíamos y convocaría a gobernadores, oposición, sindicatos, empresarios y organizaciones sociales a acordar un camino. Y después de ganar las elecciones de 2017, redoblaría esa convocatoria. Ese triunfo nos dio capital político y creo que debimos utilizarlo menos para confirmar que teníamos razón y más para incorporar a quienes pensaban distinto. También escucharía más. El poder genera una burbuja peligrosa. Uno empieza a escuchar mucho a quienes están de acuerdo y poco a quienes advierten que algo no está funcionando. No cambiaría mis convicciones sobre la necesidad de transformar la Argentina. Cambiaría la manera de construir esas transformaciones. Hoy entiendo mejor que ningún gobierno puede cambiar un país solo. Si pudiera volver atrás, dedicaría menos energía a demostrar que teníamos razón y mucha más a construir una razón compartida.
–Es verdad. ¿Y cómo estás viendo al PRO hoy en día? ¿Cuál crees que debería ser el rol del PRO en el escenario político actual? ¿Qué crees que debería hacer el partido, el PRO, en 2027?
-Veo al PRO atravesando una crisis de identidad y creo que antes de discutir candidaturas o alianzas debería volver a preguntarse para qué nació. El PRO nació para transformar, no para conservar poder. Representó una manera distinta de gestionar con equipos, profesionalismo y vocación de cambio. Parte de esa agenda hoy la lleva adelante Milei y me parece bien acompañar aquello en lo que coincidimos. Pero acompañar no significa desaparecer ni renunciar a nuestras convicciones. El PRO tiene que recuperar una voz propia, reconocer los errores que cometimos cuando gobernamos y aportar experiencia a una Argentina que necesita transformaciones profundas, pero también diálogo, institucionalidad y sensibilidad social. Para 2027 no empezaría preguntando con quién hacemos una alianza. Empezaría preguntando qué Argentina queremos construir y qué podemos aportar nosotros. Después vendrán los nombres y los acuerdos electorales. Un partido que solamente piensa cómo sobrevivir termina desapareciendo. Un partido que vuelve a encontrar para qué existe puede volver a ser necesario.
–En tu libro vos proponés un nuevo modelo de construcción de liderazgo y lo definís como de carácter espiritual y destacás valores que voy a enumerar, que son humildad, coraje, esperanza, servicio, justicia, cercanía, amor, perdón y visión trascendente. ¿Lo ves posible en este país, en la Argentina actual y en este mundo actual, que pareciera que vive más de la polarización, o es más una expresión de deseo?
-Es posible y justamente porque vivimos en un mundo polarizado, creo que es más necesario que nunca. El liderazgo espiritual no propone eliminar el conflicto. Eso sería ingenuo. En una democracia siempre habrá intereses, ideas y proyectos diferentes. Lo que propone es dejar de convertir cada diferencia en una guerra y cada adversario en un enemigo. En Argentina también demostramos que podemos hacerlo. Después de las elecciones de 2017 logramos sentar en una misma mesa al Gobierno Nacional y a gobernadores de distintos partidos y alcanzar un consenso fiscal. No resolvió todos nuestros problemas, pero demostró que personas que competían electoralmente podían acordar políticas concretas. Eso exige humildad para escuchar, coraje para defender convicciones y grandeza para reconocer que nadie puede construir un país solo. La polarización puede servir para ganar una elección. Después hay que gobernar para todos. El liderazgo espiritual no consiste en evitar el conflicto, sino en atravesarlo sin destruir al otro y, cuando sea posible, transformarlo en un acuerdo.
–Ahora, ¿qué hacemos cuando después la gente va al cuarto oscuro y elige con otros parámetros diferentes de esto que recién contabas? Quizás la gente elige más pensando en la confrontación, en el conflicto, en la violencia, en la capacidad de destruir a un otro. ¿Cómo convencemos a la opinión pública de que esa opción no ayuda al país a crecer y a desarrollarse?
-Primero tenemos que aceptar algo incómodo. Si la gente elige liderazgos confrontativos, no podemos culpar a la gente. Tenemos que preguntarnos por qué la política moderada dejó de ofrecer respuestas convincentes. Cuando una persona está frustrada, tiene miedo o siente que nadie la escucha, el que identifica un culpable y promete destruirlo puede resultar atractivo. La respuesta no puede ser decirle al ciudadano que vota mal. Tenemos que demostrar que se puede ser firme sin ser violento, tener convicciones sin odiar y transformar sin destruir. Belgrano, a quien menciono en el libro, entendía el liderazgo como servicio. No necesitaba construir un enemigo interno para justificar su misión. Por eso no creo que haya que convencer a la gente con discursos sobre moderación. Hay que demostrar con resultados que cooperar funciona. La confrontación puede movilizar bronca. Nuestro desafío es construir algo mucho más poderoso: esperanza. Porque un país no se construye derrotando argentinos, sino convocándolos.
–En la Argentina hoy, ¿hay personas o líderes con cualidades suficientes como para llevar a cabo ese modelo, para ponerlo en práctica? Digo, porque hasta ahora los que pensaron un poco así, y pienso en Horacio Rodríguez Larreta, tuvieron muy mala performance electoral cuando quisieron ser candidatos a nivel nacional. Yo tiendo a creer que los que proponen ese famoso camino del medio en la Argentina carecieron de cualidades atractivas para la opinión pública. No tuvimos en Argentina un Felipe González capaz de enamorar al público con un discurso seductor, con capacidad de mostrar eficazmente cuáles son los beneficios de vivir fuera de la grieta. ¿Coincidís con esto?
-No sé si hoy hay una persona que reúna todas esas cualidades y tampoco creo que debamos esperar que aparezca un líder perfecto. Yo no buscaría un salvador. Buscaría muchos liderazgos capaces de combinar firmeza con humildad, capacidad de gestión con sensibilidad, coraje con cercanía y convicciones con diálogo. El liderazgo espiritual tampoco exige perfección. Mandela, Churchill o de Gaulle tuvieron enormes virtudes y también contradicciones. Lo importante es hacia dónde orientaban su liderazgo, para qué utilizaban el poder y si eran capaces de trascender su propio interés. Mi propia experiencia me enseñó que la verdadera fortaleza muchas veces aparece cuando reconocemos que necesitamos de los demás. Y, en mi caso, también cuando comprendí que necesitaba de Dios. Argentina tiene dirigentes valiosos en distintos espacios. El desafío es que puedan encontrarse alrededor de algo superior a ellos mismos. No necesitamos un mesías político. Necesitamos líderes que entiendan que el poder no es para servirse, sino para servir.
–¿Qué análisis hacés de Milei como líder? En 2023, la mitad del país, un poquito más, lo eligió a él con el objetivo de que cumpla su promesa de campaña de terminar con la casta política y de derrotar la inflación. ¿Rescatás algo positivo en Milei y cómo tomás el hecho de que dirigentes históricos del PRO hoy son parte de su equipo de gobierno?
-Creo que Milei interpretó algo que una parte muy importante de la sociedad estaba reclamando: terminar con la inflación, ordenar las cuentas públicas y romper con muchas prácticas de la vieja política. Y hay resultados que hay que reconocer. La baja de la inflación y el equilibrio fiscal son logros importantes. También entiendo que dirigentes del PRO acompañen muchas de esas reformas porque forman parte de ideas que nosotros defendimos durante años. Mi diferencia está en el liderazgo. No creo que para transformar haya que humillar al que piensa distinto ni convertir permanentemente al adversario en enemigo. Milei tiene coraje y convicciones muy fuertes. Me gustaría que esas cualidades estuvieran acompañadas por más humildad, cercanía, diálogo y capacidad de construir acuerdos. Porque ordenar la economía es indispensable, pero no alcanza para construir una nación. Un presidente puede transformar muchas cosas desde el poder, pero para transformar de verdad un país necesita conseguir que millones de personas quieran caminar juntas.
–¿Y cómo ves a la oposición? Hoy pareciera que no hay un candidato capaz de competir contra Milei en 2027. Hoy hablás con casi todos los gobernadores y te dicen por lo bajo: “Bueno, mejor que Milei reelija en 2027, que termine de hacer el trabajo sucio de ordenar la macroeconomía y después en 2031 nosotros vemos qué onda”. ¿Qué pensás de eso?
-Veo una oposición todavía muy fragmentada y demasiado concentrada en quién puede ser candidato en 2027. Creo que esa discusión empieza por el final. La oposición primero tiene que construir una alternativa de país, y ser oposición no significa oponerse a todo. Si el Gobierno logra ordenar la macroeconomía, bajar la inflación o hacer reformas necesarias, hay que reconocerlo y acompañar lo que uno considera correcto. Al mismo tiempo, hay que marcar las diferencias con claridad. No comparto la idea de esperar que Milei haga el trabajo sucio para recién pensar en 2031. La política no puede consistir en esperar que otro pague los costos para después administrar lo que queda. Argentina necesita dirigentes capaces de acordar políticas que sobrevivan a los gobiernos. Gobierno y oposición tienen responsabilidades diferentes, pero comparten una responsabilidad superior: el país. Una buena oposición no espera el fracaso del Gobierno para tener una oportunidad. Trabaja para que a la Argentina le vaya bien, incluso cuando eso beneficia políticamente a quien gobierna.
–Sabés que hay algo que siempre pienso… ¿Cuánto de todo este pensamiento tan profundo, tan plural, tan respetuoso que vos venís haciendo y que querés promover tiene que ver con tu experiencia personal? Me refiero al hecho de atravesar una enfermedad tan compleja. Pienso: ¿los argentinos necesitamos pasar por situaciones difíciles, a veces irreversibles, para entender que el otro no es un enemigo? Yo siempre recuerdo tus palabras el día que dejaste el Senado, cómo hablaste de María Luz Alonso, la mano derecha de Cristina Kirchner, el amor con el que hablaste de ella, lo mucho que ella te quiere también. ¿Qué tenés para decir al respecto?
-Mucho. La enfermedad no cambió todas mis convicciones, pero cambió profundamente mi manera de vivirlas. Antes podía hablar de humildad, de escuchar, de necesitar al otro. La ELA me obligó a experimentarlo. Hoy dependo de otras personas para absolutamente todo. Y cuando uno necesita tanto de los demás, descubre que la vulnerabilidad no te hace menos humano, te hace más consciente de lo humano. Por eso me emocionó agradecerle a Luchi Alonso. Políticamente, estuvimos en lugares enfrentados durante años, pero cuando uno corre las etiquetas aparece una persona, una historia, una dignidad que ninguna diferencia política debería borrar. No creo que los argentinos necesitemos atravesar una enfermedad para descubrirlo. Sería terrible, pero sí necesitamos aprender a mirarnos antes de que el dolor nos obligue. La ELA me quitó muchas cosas, pero también derribó muchas paredes. No necesitamos pensar igual para reconocernos. Necesitamos recordar que antes que adversarios somos personas.
–¿Crees que Milei debería tener una charla con Cristina o invitar a Kicillof a tomar un café? ¿Considerás que ese tipo de actitudes podría ayudar como ejemplo para la sociedad, para bajar un poquito el nivel de crispación, de conflicto, de pelea? ¿Lo ves capaz de hacerlo?
-Me gustaría ver a Milei hablando con Cristina y tomando un café con Kicillof. No porque tengan que ponerse de acuerdo ni porque deban renunciar a una sola de sus convicciones, precisamente porque representan visiones profundamente diferentes de la Argentina. El diálogo no es una concesión al adversario, es una responsabilidad de quien gobierna y también de quien aspira a representar a una parte importante de la sociedad. Durante demasiados años confundimos dialogar con ceder. Yo también cometí ese error alguna vez. Hoy creo exactamente lo contrario. Hace falta mucha más fortaleza para sentarse frente a alguien con quien uno tiene enormes diferencias y escucharlo que para insultarlo desde una tribuna. ¿Eso solucionaría la polarización? Por supuesto que no, pero sería una señal poderosa. No sé si ocurrirá. Sí sé que Argentina necesita recuperar esos gestos. La democracia no nos pide que dejemos de tener adversarios, nos pide que nunca dejemos de reconocerlos como compatriotas.
–En tu libro destacás como capacidades de un buen líder dos cosas que me parecen espectaculares, que son la capacidad de callar y la capacidad de escuchar. Me pregunto si en este mundo tan ruidoso, tan de las redes sociales, tan de la pelea y el escándalo, hay espacio para un líder así. Yo claramente creo que sí pero a veces siento que puede llegar a ser una utopía eso. Pero te confieso que cuando veo los casos de Scaloni o de Messi, que son líderes, me vuelvo a esperanzar. Ahora, siento que en la política es un poco difícil porque hay otros intereses. ¿Vos qué pensás?
-Sí, creo que hay espacio. El problema es que muchas veces confundimos liderazgo con volumen. Parece que lidera más el que grita más fuerte, ocupa más pantallas o genera más polémica. Messi y Scaloni muestran otra cosa. Ninguno construyó su liderazgo desde el escándalo. Lo construyeron desde el ejemplo, el trabajo, la humildad, la confianza en el equipo y muchas veces desde el silencio. Y los argentinos los admiramos profundamente. ¿Por qué esas cualidades nos emocionan en el deporte y nos cuesta tanto valorarlas en la política? Las redes sociales premian la reacción inmediata, pero gobernar exige exactamente lo contrario: escuchar antes de responder, pensar antes de decidir y aceptar que uno no tiene todas las respuestas. Callar no es debilidad, escuchar tampoco. Pueden ser formas de fortaleza. Quizás el próximo gran liderazgo argentino no sea el que consiga gritar más fuerte, sino el que lo oiga y que volvamos a escucharnos.
–¿Creés que hay espacio para que aparezca un outsider con posibilidades?
-Sí, hay espacio y en alguna medida yo fui un outsider. Antes de entrar en política trabajé muchos años en el sector privado y mi vocación pública nació también de experiencias sociales que me hicieron preguntarme qué podía hacer para cambiar la realidad. Llegué a la política sin haber hecho una carrera partidaria tradicional. Eso me dio una mirada diferente, pero rápidamente aprendí algo: se puede llegar desde afuera, pero no se puede gobernar desde afuera. Gobernar exige hacer política, escuchar, negociar, construir equipos, aceptar límites, generar acuerdos y trabajar con personas que piensan distinto. Por eso no creo que ser outsider sea una virtud en sí misma, como tampoco creo que tener experiencia política sea un defecto. Lo importante es para qué alguien quiere llegar al poder y qué hace cuando llega. Mi propia experiencia me enseñó que la política puede necesitar aire de afuera, pero también necesita aprender su oficio. Se puede entrar a la política para cambiarla. Lo que no se puede hacer es gobernar creyendo que la política no es necesaria.
–Dibujame en palabras ese país que podemos ser, teniendo en cuenta nuestras virtudes, nuestros defectos. ¿Cuál es el país real que podemos ser, que podemos construir de acá a diez o veinte años?
-Sueño con una Argentina donde nacer pobre no determine tu destino, donde todos los chicos reciban una educación que les permita elegir su futuro y donde trabajar vuelva a ser un camino de progreso. Una Argentina estable, integrada al mundo, que aproveche su energía, el campo, la minería, la tecnología y, sobre todo, el enorme talento de su gente. Pero mi sueño no es solamente económico. Quiero un país donde podamos volver a confiar, donde un presidente no necesite destruir al anterior para gobernar y donde podamos sostener durante veinte años políticas de Estado en educación, primera infancia, justicia y desarrollo. No imagino una Argentina sin conflictos. Imagino una Argentina que aprende a resolverlos sin convertir al otro en enemigo. Después de todo lo que viví, sigo creyendo profundamente en nuestro país. La Argentina que sueño no es aquella en la que finalmente gana uno de los dos bandos, es aquella en la que finalmente ganamos todos.
–En ese sentido y en ese contexto, la visita del papa León a la Argentina, ¿qué significa para nuestro país y crees que puede ayudarnos a tratarnos un poquito mejor entre nosotros?
-La espero con una enorme esperanza y en mi caso no puedo separar la llegada del Papa de mi propia experiencia de Dios. Cuando llegó la ELA hubo un momento en que sentí que mi vida se derrumbaba. Perdí mi movimiento, mi independencia y mi voz. Pero justamente en esa fragilidad encontré a Dios de una manera que nunca había experimentado. Dejé de preguntarme solamente por qué me pasa esto y empecé a preguntarme para qué sigo acá. Por eso espero que la visita de León XIV sea una oportunidad para hablar de Dios, no de un Dios utilizado para dividir, juzgar o hacer política, sino del Dios que sale a buscarnos cuando estamos rotos, que nos ama como somos y que nos invita a amar al otro. Argentina necesita acuerdos y estabilidad, pero también necesita sanar el alma. El Papa no viene a resolver nuestros problemas, eso nos corresponde a nosotros, pero puede recordarnos que no estamos solos. Yo soy testigo de eso. Cuando creí que había perdido casi todo, descubrí que Dios seguía ahí y ese encuentro cambió mi vida.
–Quiero agradecerte, flaco querido, por recibirme, a vos y a toda tu gente y a tu familia.







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