¿Hay lugar para recomponer? ¿Es todavía posible un acuerdo que evite entregarle la elección a Javier Milei? ¿Qué debería, o menor dicho, que podría ceder cada espacio para que eso ocurra? Esas preguntas definen el estado de situación en el peronismo bonaerense al cabo de una semana de vértigo, que comenzó con kicillofistas, kirchneristas y masistas sentados a una mesa de negociación y terminó con el diálogo cortado y la sensación que la ruptura interna es un escenario no solo posible, sino también verosímil.
El punto de discordia de superficie sigue siendo la posibilidad de desdoblar la elección, que Axel Kicillof impulsa contra una recomendación pública en contrario de Cristina Kirchner. La crónica de la agudización de la pelea que se dio en las últimas horas, da cuenta de eso con dos episodios. 1) La senadora cristinista Teresa García presentó un proyecto para que los comicios sean concurrentes, es decir el mismo día pero en urnas separadas. 2) El kicillofismo contestó con una solicitada en la que 44 intendentes pidieron que sea en fechas diferentes.
Antes de esas presentaciones, dos reuniones, en una de las cuales estuvieron Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa y en la otra seis de sus principales coroneles, habían puesto fin a semanas de contactos a través de terceros. Hay versiones divergentes sobre por qué García detonó, con su proyecto, las conversaciones. Pero coincidencia en que hablaron de cómo armar listas de unidad. Es un dato: en una hoja de ruta que desvíe el rumbo de colisión, la cuestión de la fecha de elecciones y las listas funcionarán como un combo.
Pero por ahora no aparecen señales de distención. Todo lo contrario: los teléfonos permanecen cerrados y nadie volvió a hablar con nadie. Cristina, cuentan, comenzó a llamar a senadores de UxP que no firmaron el proyecto para evitar el desdoblamiento. Junta votos para la eventualidad de resolver la pelea por la fecha de la elección con una votación en la que enfrentaría al kicillofismo. Es un escenario de ruptura: si nadie alineado con el gobernador cede, para lograrlo podría tener que recurrir a La Libertad Avanza, sobre todo en Diputados.
En el kicillofismo también agitan gestos de resistencia. Evalúan un veto en la eventualidad de que le impongan la ley, que juzgan inconstitucional, para forzar la elección concurrente. Esa intransigencia también se evidencia en una frase que circula en oficinas cercanísimas a las del gobernador: “Si no se suspenden las PASO, va a haber tres elecciones”. Es una advertencia que sus allegados traducen simple: “no nos van a correr posponiendo eternamente el tratamiento de la suspensión de las PASO, aun si no lo hacen, vamos a desdoblar”.
Aunque muy sutiles, la dureza tiene matices, de todos modos. Kicillof se aferra al desdoblamiento porque es su principal carta de negociación. Una demostración: esta semana habrá sesión de Diputados y, aunque no es muy probable, podría avanzar algunos de los proyectos para suspender las PASO, pero como el Senado ni siquiera llamó a sesionar, no habrá ley. Para Kicillof, en definitiva, es una nueva postergación. El dato es que, aun así, decidió que no firmará el decreto para desdoblar el viernes, contra lo que indicaba una insistente versión.
El manejo de los tiempos es sugerente. Aunque la definición no puede estirarse al infinito, sobre todo si se mantienen las PASO para el 13 de julio (sin el proyecto del kicillofismo para suspenderlas, que ajustaba los plazos, el lapso entre la general y la primaria es de 60 días mínimo), el hecho de no avanzar con el decreto abre una rendija para retomar las conversaciones, algo que tanto el Patria como la Gobernación dicen estar dispuestos a hacer, aunque aún no asoma quién podría dar el primer paso.
“El gobernador tiene que salir fortalecido de esta discusión”. Esa es la definición general que manejan por estas horas al lado de Kicillof, atada a la convicción estratégica de que esta no es su elección, sino la de 2027. La prioridad que expresa esa definición tiene una contracara esencial: las PASO, incluso la fecha de las elecciones, son en el fondo cuestiones instrumentales. Es decir: negociables. Y acá aparecen las demandas que dan sustento a ese principio general. Kicillof tiene que ser un tercio en el reparto del poder interno y, además, cualquier acuerdo debe contemplar los intereses electorales de los intendentes que lo acompañan.
Del otro lado de la grita interna, una fuente muy cercana a Kirchner dice están “abiertos a conversar”. No lo expresó como un principio general, pero explicó que una conversación “tiene que ser sobre argumentos políticos, no operativos”. Es una manera de señalar que para el Patria lo esencial que es una elección solo bonaerense aumenta las chances de perder. Y que eso es más cierto aún que cuando lo advirtió Cristina en Moreno, porque la imagen de Milei está en baja. “Hasta se ven en CABA: Macri adelantó y se equivocó, ahora se ve”, comenta.
El punto más caliente abordado en la última charla había sido el de las listas. Tal vez ese sea la punta del hilo de Ariadna que conduzca a la salida del laberinto. Por ahora, tanto kirchneristas como kicillofistas dicen que el oponente tiene que presentar un proyecto de cómo sería el reparto que aún no presentó. Los cristinistas señalan que el gobernador no está en condiciones de garantizar que toda su tropa se alinee en un cierre. Y el La Plata responden con objeciones al modo en que el camporismo pretendería usar listas colectoras. Son tecnicismos. Letra chica. Ambos reconocen que el incentivo para negociarla es que si la sangre llega al rio y todo termina con listas separadas, crecen las chances de una derrota que no le conviene a ninguno de los dos. (DIB)