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Ser mujer no debería ser sinónimo de miedo

Publicado

en

*Por: Camila Elia.

En Bahía Blanca, en menos de 2 días, abusaron de una piba, intentaron abusar de otra, acosaron a dos  y una más sufrió un intento de secuestro.

En menos de 2 días  y NADIE hace nada, NADIE nos cuida, estamos completamente solas.
Esas pibas hoy, tienen más miedo que antes de salir de sus casas.

Porque ser mujer hoy es eso, tener miedo de salir de tu casa, porque no sabes que te va a pasar en el camino, ni siquiera sabes si vas a volver viva.

Estamos HARTAS de vivir con miedo, de tener que mandar nuestra ubicación cada vez que andamos solas “por las dudas”.

Estamos HARTAS de que la culpa siempre termine siendo nuestra por como nos vestimos o por la hora en la que decidimos andar por la calle.

No es la ropa, no es la hora. La culpa NUNCA va a ser nuestra.

Quiero que mis amigas, mi hermana, mi mamá,  mis primas, mis compañeras y cada una de las pibas, sea libre de vestirse como quiera y de no tener miedo de andar sola por la calle.

No nos digan exageradas nunca más en sus vidas.

No es la ropa, no es la hora. Nada justifica lo que esta pasando.

Ser mujer no tendría que ser sinónimo de miedo.

NOS QUIERO VIVAS, LIBRES Y SIN MIEDO.

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TROPEZAR CON LA MISMA PIEDRA

Publicado

en

*Por Jorge Macri, intendente de Vicente López

 

En medio de una crisis sanitaria, social y económica inédita el gobierno acaba de establecer el cierre de la exportación de carne. La medida, que ya fracasó en el pasado, es un parche ante la falta de un plan integral que nos permita crecer y salir de un ciclo inflacionario que arrastramos hace décadas.

La actividad ganadera en la provincia de Buenos Aires, junto al agro y la industria láctea, viene muy golpeada por diversos vaivenes. A las imprevisibles condiciones climáticas o el constante aumento de los costos se suman políticas equivocadas que desalientan el trabajo de este sector productivo y favorecen la desinversión a largo plazo. Es un daño que repercute directamente en los pueblos, localidades y ciudades del interior bonaerense que viven su día a día participando activamente en la cadena de valor que genera la producción cárnica.

La receta ya fracasó y tuvo consecuencias que llevó años revertir. No solo se perdieron mercados en el exterior –que luego costó mucho recuperar– sino que además dañó profundamente el tejido social al generar desempleo, cierre de frigoríficosy una reducción en el consumo histórico per cápita. Y, encima, la pretendida baja del precio en las carnicerías fue, en el mejor de los casos, poco más quepasajera y terminó causando,por falta de stock, el efecto contrario: el precio de la carne subió.

En la provincia que más aporta en términos reales al PBI del país, cuidary promover el trabajo de los productores ganaderos debería ser fundamental. No hemos escuchado aún la voz del gobierno provincial defendiendo la realidad de ese sector, tal vez porque la conocen poco o nada,sincomprender ademásel entramado productivo del interior rural que no recibe ni planes ni subsidios. Se lo nota más preocupado por apoyar con su silencio al gobierno nacional que por estar del lado de uno de los sectores que más crecimiento e identidad dan a esta querida provincia.

Estoy convencido de que el camino que tenemos que recorrer para solucionar los problemas de fondo no tiene que ver ni con retenciones ni con restricciones a la producción. Abrir nuevos mercados requiere crear puentes de confianza y previsibilidad, dos requisitos que ningún gobierno, con perspectiva de futuro, puede despreciar. Ser un país confiable y previsiblerequieredecisiones que den señales claras hacia dónde queremos ir en vez de poner palos en la rueda.

Si el gobiernosigue impidiendo que los sectores productivos puedan generar más empleo de calidad, desarrollarse y crecer, lo único que lograremos es tropezar una y otra vez con la misma piedra. Solo en función de una mayor actividad productiva podremos dejar de distribuir pobreza. La solución no es atacar la causa sino el efecto. Restringir y controlar una actividad para bajar la inflación ya sabemos que no funciona.

Estamos cerca de celebrar un nuevo aniversario de la Gesta de Mayo. Sigue siendo inspirador mirarnos en ese espejo cuando lo que tenemos por delante es el enorme desafío de torcer un destino de frustración y fracaso, frente al cual no podemos sentirnos ni condenados ni acostumbrados. Confiar, acompañar y ayudar a los que trabajan e invierten es la clave para salir adelante juntos. Es con ellos, no contra ellos.

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La Justicia bonaerense fuera de la agenda de prioridades

Publicado

en

*Por Nidia Moirano. Senadora Provincial y referente de Juntos por el Cambio.

Axel Kicillof está camino a lograr su propio récord: ser el primer gobernador, desde la recuperación de la democracia, en no designar ni un solo funcionario en el Poder Judicial en la primera mitad de su mandato.

La actual gestión de la Provincia de Buenos Aires está marcada por un sórdido silencio en lo que refiere a la Justicia. Un claro ejemplo de esto fue el discurso de apertura de sesiones legislativas, del 1 de marzo. Ni una sola vez en su extenso discurso el Gobernador se refirió a la Justicia; a la desastrosa situación en la que se encuentra, a las más de 500 vacantes existentes, a la desidia en ocasión de ocupar dichos cargos, a la pasividad en continuar con los procesos de nombramiento pendientes, a la necesidad de formular mejoras salariales en el Poder Judicial. Nada. Y este silencio hoy, a más de dos meses de aquel momento, sigue siendo la característica distintiva del Gobierno bonaerense cuando del Sistema Judicial se trata. Pero, ¿qué oculta ese silencio?

Nos encontramos ante una gravísima situación sin precedentes. La cuarentena ha causado estragos y ha servido de telón para tapar problemas de suma gravedad como es la crisis institucional a la que están arrastrando a la justicia. Falta cubrir cargos en prácticamente todos los departamentos judiciales bonaerenses. Faltan jueces, fiscales, defensores oficiales, camaristas, a lo largo y ancho de nuestra provincia en una situación que, la propia Suprema Corte de Justicia bonaerense, definió como la cifra de vacantes “más alta históricamente registrada”.

Durante el año 2020 y en el transcurso de lo que va de este año, negligentemente el Poder Ejecutivo no remitió un solo pliego al Senado. Tampoco firmó los decretos de los 41 cargos que fueron aprobados por el Senado en septiembre del año pasado, incumpliendo con la manda constitucional.

La actitud del Gobernador de mantener frenado de forma arbitraria e ilegítima el nombramiento de 41 cargos que cumplieron todos los requisitos legales y políticos, y que esperan únicamente de su firma por el simple hecho de que habían ingresado en la gestión anterior demuestra el manejo deleznable, subjetivo y totalitario que pretende hacer de la justicia. Lejos del principio de continuidad de los actos del Estado, pretende introducir un subjetivismo y arbitrariedad nunca antes visto. Una actitud carente de todo fundamento y de racionalidad, que está provocando la virtual paralización de la Justicia, el colapso de los tribunales y lo que es peor, el entorpecimiento de uno de los Poderes del Estado, el encargado de la administración de justicia.

Mientras la Justicia colapsa, esos pliegos duermen en el escritorio del Gobernador desde hace meses. Los mismos fueron aprobados en el mes de septiembre de 2020 por el Senado bonaerense, siguiendo el camino constitucional para el nombramiento de jueces y magistrados. Fueron remitidos al Gobernador para la firma de los correspondientes decretos que los ponga en funciones, o eventualmente que los rechace por las limitadas y excepcionales causales que la Suprema Corte Bonaerenses ha admitido (fallo “Decastelli”) hecho que hasta la fecha no ocurrió, demostrando un claro capricho y empecinamiento absurdo que lo único que ha hecho es menoscabar el normal funcionamiento de la Justicia poniéndola al borde del colapso.

Tanto estos 41 cargos, que solo dependen de la firma del Gobernador, como las más de 200 ternas que están listas y solo esperan que el Gobernador eleve uno de los nombres al Senado; son fundamentales para paliar las vacantes existentes más aún en medio de la pandemia que atravesamos. Por este motivo, muchos juzgados y tribunales están desintegrados y no cuentan con la presencia física de sus titulares, retrasando irremediablemente el trámite de los procesos y sobrecargando tareas en otros jueces o magistrados lo cual se verifica de manera más problemática en el fuero penal.

Esta situación absolutamente preocupante, indudablemente no está en la agenda de prioridades del señor Gobernador. La pregunta es: ¿Por qué? ¿Una vez más nos enfrentamos a la vieja costumbre kirchnerista de intentar manipular al Poder Judicial restándole independencia?

La realidad actual contrasta con lo ocurrido en la gestión de la gobernadora María Eugenia Vidal donde la Justicia fue una preocupación constante, un tema esencial. Ello se refleja, no sólo en la cobertura de más de 500 cargos judiciales entre los años 2016 al 2019, sino también en la reforma de las leyes del Consejo de la Magistratura estableciendo el orden de mérito de las ternas, la Escuela Judicial Obligatoria, la incorporación de un examen oral video filmado y las modificaciones a la ley de Enjuiciamiento de Magistrados, órganos encargados respectivamente de la selección y remoción de magistrados judiciales, previendo en definitiva su despolitización y su mayor eficiencia, objetividad y transparencia.

Los bonaerenses necesitamos una justicia ágil, eficaz y eficiente y un Gobernador que entienda y respete la independencia de poderes, brindándole al Poder Judicial las herramientas que necesita para funcionar como es debido.

El Gobernador no lo entiende así. Y su empecinamiento, deniega la justicia a los bonaerenses. Si su comportamiento persiste lamentablemente no será justicia.

(Infobae)

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Las aulas no contagian

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*Por Jorge Macri, intendente  de Vicente Lopez y referente de Juntos por el Cambio

Las últimas medidas dispuestas por el gobierno nacional y provincial vuelven a poner en discusión el carácter esencial de la educación en el contexto de la pandemia. Parece que no aprendimos lo suficiente de la experiencia del año pasado y seguimos sin entender que la presencialidad no aumenta riesgos ni multiplica contagios.

Frente al acelerado aumento de casos, la obligación dequienes tenemos que tomar decisiones es hacerlo con la mayor serenidad posible, a partir de datos científicos sólidos y buscando minimizar el impacto negativo que esas decisiones puedan tener. En este sentido, el cierre de las escuelas debería ser –como de hecho sucedió en otros países– de las últimas medidas que debieran tomarse.

La gestión de la pandemia debería sostenerse sobre tres pilares fundamentales: testeos, aislamiento y vacunación. Se requiere un plan integral, algo que no vemos funcionando de manera coordinada. A esa falta de integralidad se suma el fracaso de una campaña de vacunación sin vacunas que, encima de escasas, terminan en brazos equivocados en vez de llegar lo más rápido posible a quienes realmente las necesitan.

Del análisis de los casos detectados surge un descenso en la edad de los contagiados. Sin embargo, el impacto en los chicos en edad escolar es bajísimo. ¿Por qué, entonces, cerrar las aulas si no es ahí donde se contagian?

Sabemos que la falta de conectividad es un gran obstáculo para el proceso de aprendizaje. Pero también lo es laenorme desigualdad social de millones de niños y adolescentes, de los cuales 6 de cada 10 son pobres,viviendo en hogares sin agua potable ni cloacas. Eso hace que las escuelas sean lugares más seguros si hablamos de prevenir contagios. Y ni qué decir si pensamos en la salud emocional y el rol de contención socioafectiva que brindala escuela, el contacto con otros compañeritos y los maestros que, recordemos de paso, han tenido prioridad en el plan de vacunación.

El desconocimiento de la realidad o la falta de ideas puede convertirse en un obstáculo aún mayor a los que yamencionamos. No podemos darnos el lujo de repetir errores. Las escuelas cerradas no solucionan ningún problema, sino que, por el contrario, los agravan. Necesitamos recuperar los ámbitos de diálogo y, en el respeto de la autonomía y las responsabilidades compartidas, encontrar soluciones flexibles y creativas.

Suspender la presencialidad es una medida equivocada. Eso no nos exime de respetar las normas, de extremar los cuidados ni de proponer, por las vías que correspondan,alternativas mejores para frenar las consecuencias de unamala decisión, resultado más bien de una pulseada delgobierno que fracasó en la gestión de la pandemia y vuelve a ceder inexplicablemente frente a las presiones de un sector gremial minoritario.

Desde el rol que me toca, voy a hacer todo lo posible por sostener la presencialidad en las aulas. Estoy convencido de que es el lugar donde los chicos tienen que estar. Tenemos que escuchar más que nunca la voz de los padres y madres, la de los expertos en pediatría, pedagogía y psicología infantil, la de los propios chicos y chicas que no andan pasándose el barbijo entre ellos, sino que quieren que nosotros, los adultos, no les robemos el futuro y los dejemos crecer en libertad y responsabilidad.

 

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