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Política Nacional

Fernández endureció su discurso sobre las prepagas

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Tras haber negado una estatización del sistema, el Presidente dijo que el Estado debe intervenir en la medicina prepaga porque “nadie controla nada y sólo quieren aumentos”. La CGT analizará este lunes la situación.

A las empresas de medicina del sector privado, la tranquilidad les duró apenas unas horas. Este martes se fueron a dormir con las declaraciones tranquilizadoras de Claudio Belocopitt, quien había estado con Alberto Fernández y le aseguró que no existía ningún plan de estatización del sistema de salud y admitió la posibilidad de analizar alternativas para compensar el “no aumento” del 7% para las prepagas que el Gobierno anunció y dejó sin efecto el último día de 2019. En la mañana del miércoles, sin embargo, el Presidente hizo declaraciones radiales que parecieron relativizar sus propios dichos sobre el tema.

“Yo era superintendente de Seguros y, desde entonces, estoy tratando de ver de qué manera la medicina prepaga tiene algún tipo de control del Estado porque captan ahorro público y nadie controla nada, y lo único que piden son aumentos. Lo único que ves es un sistema de intermediación pura. Se lleva tu cuota, acumula el sistema de dinero, la hace rendir financieramente”, dijo. Belocopitt se mantuvo en silencio. Tampoco se reunió con el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, para avanzar con el análisis de las compensaciones para el sector que, quedó en claro, no podrá aumentar las cuotas.

Es cierto que Fernández habló de “control” y no de una estatización directa, pero en las empresas de salud se interpreta que el desmentido avance del Estado sobre el sistema sanitario es mucho más que un fantasma que agita el kirchnerismo en soledad. No ayudó a disipar esa sensación el documento “Ejes centrales para un Programa de Salud 2020/2024”, elaborado en agosto de 2019 por la Fundación Soberanía Sanitaria, que dirige Nicolás Kreplak, actual viceministro de Salud bonaerense, que fue difundido en las últimas horas por algunos medios.

Allí se afirma que, “tras décadas de fragmentación y segmentación crecientes del sistema de salud, se debe poner en marcha un proceso que conduzca a una solución estructural: la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud Argentino (SNISA)”, al que definen como “un sistema mixto con centralidad en el subsector público, de carácter federal, pero fortalecido y articulado en una red nacional, con municipios crecientemente involucrados en la construcción de un primer nivel con capacidad resolutiva”.

En un documento de la Comisión de Salud del Instituto Patria, que coordina el ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, se sostenía lo siguiente en 2019: “Cuando regrese al gobierno nacional y popular (…), la profundización necesaria en el ámbito de la salud deberá comprender una cantidad cuando menos crítica de cambios que generen bases sólidas para la reconstrucción/reconversión del sistema. El fortalecimiento del rol del Estado como rector y ejecutor de las políticas de salud deberá ser contundente. Es imprescindible que el Estado pueda realmente ejercer una verdadera gobernanza del sistema en su conjunto, para lo cual debe tener capacidad prestacional propia y herramientas de poder que le permita alinear a los demás sectores y subsectores a la política sanitaria global. Sólo así el sistema podrá ordenarse e integrarse”.

El propio Kreplak, en un artículo publicado en junio pasado en la revista digital de su fundación, también dio algunas pistas sobre el eje de lo que estaría planificando un sector del oficialismo: “La ineficiencia e ineficacia que demuestra el mercado al hacerse cargo de la salud es la demostración dramática de la importancia que tiene contar con un sistema gobernable, conducido por el Estado, que disponga de la infraestructura asistencial básica distribuida según las necesidades y, especialmente, un enorme y capaz equipo de salud que pueda trabajar dinámicamente en diversas funciones”.

Para Gollán, según declaró en una entrevista de la fundación dirigida por Kreplak, “hoy tenemos un montón de actores en el sistema de salud que el Estado no controla, que son casi independientes, pero que son formadores de opinión y de sentido común”, por lo que concluyó: “El Estado es el único que puede resguardar la salud en su dimensión de derecho”.

El viceministro de Salud de la Provincia destacó que “muchos sectores privados de la salud se van quedando con las áreas más rentables, las que dan más dinero y nos van dejando a los Estados las áreas más costosas: las terapias intensivas, las guardias permanentes, las emergencias”. Y ejemplificó: “En la Provincia de Buenos Aires la mitad de los municipios no tiene clínicas y sanatorios privados ya que se fueron porque no son rentables. ¿Quién se hace cargo? El municipio o la provincia”.

En la misma revista, el gobernador Axel Kicillof brindó definiciones que están en sintonía con el pensamiento de sus funcionarios: “La salud es algo tan importante que no se puede dejar en manos del mercado”, advirtió, por lo cual dijo que “el Estado tiene que intervenir en la regulación de los precios, de las cantidades y del acceso a los bienes y servicios de la salud”.

Para los dirigentes de la CGT, el contenido del documento de la Fundación Soberanía Sanitaria “es un catálogo de lugares comunes”, por lo que están tratando de conseguir la reforma del sistema de salud que fue elaborada en el Instituto Patria y cuya base, en la misma línea de Kicillof, Gollán y Kreplak, fue transparentada por Cristina Kirchner en un acto en La Plata: “Tenemos que ir a un sistema nacional integrado de salud entre lo público, lo privado y las obras sociales que optimice recursos”.

Desconfiados, los sindicalistas temen que el kirchnerismo logre avanzar sobre las obras sociales para ejercer un mayor control en el sistema, aunque se supone que el proyecto K incluiría dos cuestiones que los expertos de la CGT vienen proponiéndole al Gobierno: la fusión de las obras sociales chicas con las más grandes para reducir el gasto estatal en el sector y la limitación del llamado “descreme”, que es la triangulación de aportes que obras sociales pequeñas negocian con la medicina prepaga y que le permite al sector privado quedarse con una parte de los fondos derivados de la población joven, sana y con mayores recursos.

Sin mucha información y con demasiadas preocupaciones, la mesa chica de la CGT decidió reunirse el lunes 11 en la sede de UPCN para analizar la situación y decidir algún curso de acción. Su interlocutor más directo en estos temas es el superintendente de Servicios de Salud, Eugenio Zanarini, recluido en su casa para reponerse de un infarto que sufrió a fin de año.

Entre los empresarios también hay movimientos vinculados con el temor a la reforma del sistema sanitario: directivos de unas 5500 empresas prestadoras de servicios de salud mantendrán el jueves 14 de este mes un Zoom para evaluar el panorama crítico del sector y presentar en sociedad una nueva entidad que los agrupa, la Federación Argentina de Prestadores de Salud (FAPS).

Creada en diciembre, la FAPS nuclea a sanatorios, clínicas, centros de diagnósticos, laboratorios, servicios de emergencia médica, hospitales de comunidad, institutos de salud mental y geriátricos, y en su primera presentación destacó que atienden a 7 de cada 10 pacientes de prepagas, obras sociales y particulares en todo el país, aunque aclaró: “Somos prestadores directos de servicios, no fijamos el precio, ni los aranceles, ni las cuotas de los asociados a las prepagas, pero, como último eslabón de la cadena de atención, asumimos todos los costos necesarios para garantizar la prestación de servicios en tiempo y forma”.

Se trata de un sector que advirtió que desarrolla su actividad en “un escenario económico, financiero y sanitario crítico, que pone en riesgo inmediato la supervivencia de muchos prestadores de salud”, y por eso reclamaron auxilio a las autoridades nacionales: están sufriendo el recorte de la ayuda económica estatal desde el 31 de diciembre y, además, afrontan costos que aumentaron más del 60% a lo largo del año pasado mientras los financiadores del sistema de salud (obras sociales nacionales, provinciales, PAMI y empresas de medicina prepaga) mantuvieron “casi sin aumento” los aranceles.

En el Instituto Patria, mientras tanto, hay mucho hermetismo sobre la reforma del sistema de salud. Uno de sus integrantes dijo que el tema “es un secreto de Estado”, aunque admitió que “el plan existe y se comenzó a escribir en septiembre”

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El Gobierno reactivó la calculadora electoral: el factor Villarruel, los resabios de Adorni y otra vez el Milei conciliador

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En la historia de sus oscilaciones frente a la “casta” según el momento político, Javier Milei está nuevamente en una etapa conciliatoria. En menos de 24 horas, desde el miércoles al jueves se mostró predispuesto al diálogo con los gobernadores a quienes alguna vez amenazó con “dejar sin un peso”, amigable con la Iglesia, simpático con el otrora odiado Jorge Macri y en pos de la unidad interna libertaria.

A partir de ahora, un pragmático Milei se mostrará, como después de la derrota bonaerense del año pasado, en modo de buena predisposición y sin tendencia alguna a la confrontación. Por caso, ayer saludó cariñosamente a Jorge Macri y a su esposa, Belén Ludueña, que habían llevado a su bebé, Vito, a la Catedral Metropolitana, en un contraste evidente con la homilía del año anterior. En ese momento, Milei había desairado al jefe de gobierno (al igual que a Villarruel). Esta vez, el jefe de Estado no sólo se dirigió a la pareja porteña de PRO con una sonrisa, sino que le dedicó un típico chascarrillo al primo de Mauricio Macri sobre su hijo: “Te salió demasiado lindo”, le dijo.

La impostada postura del Presidente parte de los cálculos de un gobierno que volvió a consultar la calculadora electoral a un año del cierre de listas y de cara al cercano debate en el Congreso sobre la reforma político, con eje en la eliminación de la PASO que Karina Milei, a diferencia de los aliados de PRO, considera indispensable para asegurarse la reelección.

Después de meses de parálisis por el caso Adorni, los números de las encuestas obligaron al Gobierno a exagerar los gestos de unidad puertas adentro y de buena predisposición política hacia afuera. Y ahora, enfocado en el 2027, el Presidente está urgido por transmitir una imagen de continuidad que le permita bajar el “riesgo kuka” y, sobre todo, que su continuidad no parezca condicionada.

El objetivo no declarado de las amigables actitudes del jefe de Estado es remontar la curva de imagen positiva en las encuestas, que, según describen, bajó a los 32 puntos con el sostenido caso de presunta corrupción de Adorni y que el Gobierno, hasta ahora, no logró revertir. Son los resabios de la crisis que le generó el ahora ex jefe de Gabinete al mileismo, de los cuales ahora le cuesta horrores desprenderse.

El Gobierno se siente relativamente tranquilo mientras el peronismo se encuentra fragmentado. Pero vislumbra un problema ante una oposición unida bajo el mando de Axel Kicillof, que mide aproximadamente 27 puntos y dejaría la diferencia proyectada con el oficialismo, analizan, en apenas tres a cinco puntos.

En un contexto tan ajustado, en la cúpula nacional admiten temer a “los enanos de derecha”, como denominan a los dirigentes con perfil ideológico similar al de Milei que, si bien no logran el mismo nivel de adhesión, pueden dividir el voto libertario y favorecer directamente a la oposición.

“Perder unos 5 o 6 puntos en las próximas elecciones puede ser peligroso”, dijo un armador con acceso a la cúpula nacional.

Un posible “enano” es la vicepresidenta de la Nación, que anteayer, en Tucumán, envalentonada porque esta vez sí tuvo acceso a la Casa Histórica —el año pasado Karina Milei se lo habían vedado—, se despachó largamente ante los cronistas que cubrían el acto oficial con una serie de declaraciones que le confirmaron al oficialismo que sus planes de ser candidata el año que viene siguen firmes.

“No nos sorprendió para nada”, dijeron en Balcarce 50. Por un lado, se mostraron confiados en que una candidatura de la ex compañera de fórmula de Milei, por sí sola, no puede perjudicar al Gobierno. Por otro, reconocieron que “cinco o seis” candidatos de su estilo podrían poner en jaque al oficialismo. Aunque descartaron que ese escenario de riesgo pueda generarse por la presencia de una coalición de líderes con perfil similar al del Presidente. “En política, dos más dos nunca es cuatro”, razonó un colaborador de Milei y asiduo lector de encuestas.

Los otros gestos de Milei estuvieron dirigidos a los gobernadores, en el Tedeum de Tucumán, donde el Presidente les habló del “futuro”, de las “bases” y retomó los conceptos del nunca concretado (más allá de los papeles) Pacto de Mayo. Días antes, en la jura de Diego Santilli como sucesor de Adorni, Karina Milei se había ocupado de darle un beso a cada uno de los mandatarios provinciales presentes al ingresar, como anfitriona, al Salón Blanco de la Casa Rosada.

Para completar el cuadro de gestos, además de las conferencias de prensa, Milei buscó representarse como gestor. De ahí la reunión de gabinete que definió hacer para analizar los ejes de la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central con apenas unas horas de antelación, después del Tedeum por el 9 de Julio. En el mismo sentido planteó la puesta en escena del balcón, poco antes de Gabinete, frente a la Plaza de Mayo, con todos los ministros. Y el abrazo con Santiago Caputo del cual Karina Milei, ante las cámaras que filmaban, no pareció querer participar.

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La Cámpora endurece cada vez más su postura para el 2027: CFK candidata y Kicillof comparado con Vandor

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El sector más extremo del cristinismo endurece cada vez más su postura respecto al escenario electoral del año que viene y el proceso de reorganización del peronismo. Para La Cámpora y los dirigentes que orbitan a su alrededor no hay otro candidato a presidente posible que no sea Cristina Kirchner. Aunque esté condenada y detenida. Las expresiones se repiten en las voces más potentes del espacio. Cada día. Cada semana.

Para ese esquema político Axel Kicillof no solo no es el candidato a presidente del peronismo, sino que, además, es un traidor. El miércoles se encargó de marcarlo con una parábola histórica el diputado provincial Facundo Tignanelli, cuando comparó al gobernador bonaerense con el sindicalista Augusto Vandor.

El entonces secretario general de la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) fue asesinado por la izquierda peronista en 1969, acusado de traidor. Tal es así que la misión para matarlo fue denominada “Operativo Judas”, en referencia al apóstol que traicionó a Jesús. Fue uno de los impulsores de lo que se denominó un “peronismo sin Perón”. Hace poco desde La Cámpora aseguraron que Kicillof está construyendo un “kirchnerismo sin Cristina”.

“Tenemos historia de revertir las realidades que nos explican desde el posibilismo que no se puede. Soy de una familia peronista de La Matanza. Mis abuelos militaron la Resistencia Peronista creyendo y trabajando para que Perón vuelva, no para ver cómo encontraban una alternativa con Vandor”, fue la explicación que dio Tignanelli durante una entrevista con Futurock.

El diputado camporista, que forma parte de la mesa chica de Máximo Kirchner, apuntó contra quienes ven como “una utopía pensar que Cristina pueda ser candidata” y buscan “una alternativa”, como en su momento hizo Vandor, siguiendo el paralelismo histórico, que entendía que Perón había cumplido su ciclo.

La molestia de Tignanelli se manifestó también en una afirmación que relacionó la decisión de Kicillof, de no visitar a la ex presidenta, con la situación económica y social de la Argentina. “Desde que Axel tomó distancia de Cristina, cada vez le fue peor al pueblo argentinoNo sé en qué momento vio Axel que tenía que tomar distancia de Cristina y eso no fue bueno para el país”, señaló. La interna rompe límites todo el tiempo y deja en el aire definiciones que multiplican la polémica.

La diputada nacional y secretaria general de La Cámpora, Lucía Cámpora, también le apuntó al gobernador bonaerense sin nombrarlo. “No creo que alcance con decir Estado presente o defendamos esto. Hay que discutir las medidas que hay que tomar. Hay que enfrentarse a sectores muy poderosos y no veo tan claro que todos se animen. Es una discusión de ideas”, sostuvo durante una entrevista con el canal de streaming LACA.

“La que crece en las encuestas es Cristina, a pesar de que la han perseguido y violentado. Son cada vez más los argentinos que la quieren votar. Lo vemos en la calle y en las encuestas. Sigue siendo la que representa una esperanza. No estamos dispuestos a aceptar que ella no esté en la cancha”, afirmó la legisladora.

En el cristinismo sostienen la idea de que el gobierno que viene, en el caso de ser opositor, no tendrá legitimidad si la ex presidenta no es liberada. Tiempo atrás lo puso en palabras el ex secretario general de la presidencia Oscar Parrilli, en la previa de una reunión del PJ Nacional: “Va a ser un candidato trucho el que esté el año que viene, porque ella está proscripta. Es una democracia inconclusa si ella está presa”.

El cristinismo plantea que no hay otro candidato posible que no sea Cristina Kirchner y que si ella está presa, la democracia es trucha y el candidato que represente al peronismo no será del todo legítimo. En ese lugar se van atrincherando, discursivamente, cada vez más. Entonces, la amenaza de una ruptura con otros sectores del peronismo empieza a tener más consistencia.

Si Kicillof no es el candidato posible y tampoco lo es alguien del PJ Federal, a los que acusan de no tener fuerza para enfrentar a los poderes y de ser acomodaticios frente al círculo rojo, las posibilidades de un candidato aceptado se reducen en un gran porcentaje. O es CFK o es Máximo Kirchner, que ayer volvió a hablar en público y sumó su cuarto acto como orador principal en lo que va del año.

Algunos dirigentes cristinistas creen que lo mejor es un candidato puro. Mayra Mendoza fue tal vez la que mejor lo expresó en sus redes sociales: “Hay una receta para cumplir con nuestras obligaciones como país, primero con la gente y luego el resto: CRISTINA LIBRE y KIRCHNER para la Argentina”. Esa es la receta del cristinismo en este tiempo.

La tesis del camporismo es que Cristina Kirchner es la que más mide en las encuestas, la que conduce a la mayor parte del peronismo, la que tiene mayor experiencia y la que tiene mayor influencia en el electorado de la provincia de Buenos Aires, donde se concentra el 40% del padrón. En el resto del peronismo discuten casi todas esas afirmaciones. No hay unidad y, sobre todo, hay un hartazgo creciente en la convivencia política puertas adentro del justicialismo.

“Si alguien va camino a pelear la presidencia de la Nación, no puede negar o prescindir de Cristina”, explicó, hace un tiempo, Teresa García. El mensaje fue para Kicillof, al que le reprochan no ir a ver a la ex mandataria desde octubre del año pasado, y argumenta la postura que atraviesa a todo el cristinismo respecto a ese vínculo tan complejo y al proyecto electoral que tienen en mente. Por eso para todo ese espacio el gobernador bonaerense es, en definitiva, “un candidato por default”, tal como dijo Máximo Kirchner.

Para el camporismo no hay candidato que no sea Cristina Kirchner. Ahí está anclada su postura, su militancia política y su capacidad de negociación hacia adelante. Le reclaman a todas las vertientes del peronismo que levanten la bandera de la libertad y la inocencia de la ex presidenta. Pero esa postura, en los hechos, y teniendo en cuenta la amplitud del peronismo a nivel nacional, la tiene un sector minoritario del movimiento político.

Los representantes de otras líneas internas piden por la libertad de la ex jefa de Estado cuando se los preguntan en algún medio de comunicación o sostienen que la causa judicial esta amañada. Pero no lo mantienen en el vértice de la agenda política, tal como lo pide el cristinismo. Entonces, las exigencias aumentan pero las respuestas no cambian. Esa dinámica provoca cada vez más tensión y rispideces, y empuja a los representantes ultra K a pelear por la instalación de su causa política.

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El próximo paso clave del plan de Milei y los dilemas para mostrar la recuperación económica antes de un 2027 electoral

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Acaba de terminar una semana que a todo el Gobierno le hubiera encantado tener en medio del escándalo de Manuel Adorni. Una semana corta, en donde la agenda política fue prácticamente nula y donde la desbordante emoción por la Selección Argentina tapó cualquier tipo de noticias sobre la interna, así como disminuyó el consumo político. Mientras tanto, la administración nacional a cargo de Javier Milei continúa con una gestión, en apariencias, renovada.

No solo por el esquema político que se consolidó puertas adentro del Gobierno, sino porque la salida de Adorni permitió que en la agenda pública pudieran mostrarse mejor algunas de las cifras positivas que tiene la Casa Rosada en términos económicos. Hay dos que se esperan con especial ansiedad en los próximos días en el entorno presidencial: la inflación mensual de junio, la cual creen que será menor a 2 %; y la llegada del riesgo país a niveles menores de 400 puntos básicos (este jueves quedó al borde de perforar esa marca luego del pago a bonistas).

En ese sentido, no fue menor que el equipo económico haya realizado una conferencia de prensa este lunes para anunciar los lineamientos del programa financiero. Ese mismo día, el Presidente se sacó una foto con el ministro de Economía, Luis Caputo; el presidente del Banco CentralSantiago Bausilli; y el ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, para hacer los últimos avances de las reformas financieras que planean para los próximos meses.

En el Gobierno hay dos grandes esferas deliberativas. Está la conocida mesa política, la cual busca coordinar la agenda legislativa de las reformas; y está todo lo vinculado al ámbito de la programación económica. A Milei le hastía la gestión de la rosca política y de la ejecución al interior del Gobierno -por eso se la delegó a su hermana-, pero le pasa lo opuesto con la economía.

La reforma política -y la eliminación o suspensión de las PASO- es la más importante que tiene para sacar el Gobierno para aspirar a cumplir sus objetivos electorales del año próximo. Pero se habla menos de la prioridad que le quiere dar el Presidente a sus reformas de corte económicas-financieras. Quienes conocen a Milei dicen que está particularmente entusiasmado por esos últimos proyectos. Tan así es que ayer reunió al Gabinete en la Casa Rosada bajo el pretexto principal de que todos los funcionarios conocieran los primeros puntos del anteproyecto de ley de reforma del Banco Central (BCRA) que está trabajando el Ejecutivo. En un importante despacho gubernamental afirman que el principal impulsor de la misma es Bausilli.

Son asuntos mirados con mucho optimismo por parte de bonistas, de analistas bursátiles y por parte del propio Fondo Monetario Internacional. Consultada ayer por la periodista Patricia Valli de El Cronista, la vocera del FMI, Julie Kozack, marcó su apoyo a la intención de reforma de la Carta Orgánica del BCRA al considerar que esos cambios fortalecerán la independencia de la entidad y contribuirán a consolidar el proceso de desinflación. Asimismo, marcó que esto reducirá las vulnerabilidades a la “dominancia fiscal” y que el Banco Central emita para avalar un eventual mayor gasto.

Son asuntos que hacen a los pilares del programa económico que el Presidente cree necesario establecer primero por sobre otros. Ante todo, Milei es una persona que concibe sus políticas mediante etapas o marcos progresivos. Cabe recordar lo que establecía en la campaña electoral de 2023, cuando indicaba que su eventual gestión presidencial iba a estar dividida en tres generaciones. En el Gobierno afirman que actualmente se están elaborando y proponiendo las de “segunda generación”, entre las que también se encuentran una nueva Ley de Mercado de Capitales y las bases del “Shutdown” del Estado que replica al mecanismo utilizado en Estados Unidos.

Hay un dilema que se le presenta al Gobierno. Y es que estas políticas son más difíciles de explicar hacia la sociedad. El oficialismo está confiado en que tiene margen para que la recuperación económica llegue a sectores postergados, pero consideran importante la instalación del rumbo del programa en la sociedad. Se trata de una nueva necesidad para el oficialismo luego de meses de desenfoque mediático por el caso Adorni. No extraña, por eso, la designación de Adrián Ravier como vocero presidencial. En sus dos primeras conferencias ha pasado más de 20 minutos dando un panorama de los logros de gestión, mayormente de los económicos.

“Nuestro desafío es pedirles un poco más de tiempo a quienes no les alcanza. Todos tenían en claro bien por dónde iba el camino de nuestra gestión al comienzo del Gobierno. Ajustar para estabilizar y crecer. Ahora es explicarles que el camino puede ser más tortuoso pero que los frutos se van a poder más adelante. Si la recuperación sigue, creemos que lo vamos a poder hacer ver y que esa noción llegue antes de la campaña del 2027”, afirma una importante voz comunicacional.

Con lo realizado en las últimas semanas, el oficialismo cree que ha podido instalar entre los analistas y players de mercado la percepción de que los fundamentals de la macroeconomía van a ser sólidos para los próximos meses y que hay una decisión política de sostener las políticas que ya se venían aplicando. Aun así, hay quienes ven que para los próximos meses los desafíos pueden ramificarse.

Un informe reciente de la consultora GMA Capital marcó que el saldo del primer semestre fue positivo, pero que “el esquema [actual] no está exento de desafíos”. “Con los vencimientos financieros despejados, la dimensión política y social empieza a ganar más peso de cara a un 2027 donde las elecciones presidenciales probablemente marquen la tónica del año“, marca un informe de la consultora GMA Capital.

La primera mitad de la administración libertaria estuvo signada por el déficit cero y la necesidad de ajustar como un sacrificio que traería una posterior recompensa. La estabilidad del tipo de cambio, la baja de la inflación y los números del riesgo país pueden ser indicadores que marquen una correlación. Pero es cada vez más frecuente la mención de que hay números que no son deseables. Uno de ellos es la dinámica del crédito vinculada al consumo, que en junio terminó con números negativos en todas sus líneas, registrando una contracción de 0,8 % frente a mayo en términos reales. Además, la mora de las familias lleva 19 meses de suba, llegando a un récord de los últimos 20 años de 12,7 %, según cifras de la consultora 1816.

En el Gobierno no lo subestiman, pero buscan matizarlo. Una importante fuente de la logística económica del Gobierno afirmó ante Infobae: “La realidad es que lo de los créditos no es un problema macro, es un problema de los bancos y ya lo están resolviendo”. Esa es la lectura puertas adentro. Es cierto que hay signos de apertura de liquidez por parte de los bancos, pero el filtro de riesgo sigue siendo marcado.

En los días recientes el jefe de Gabinete, Diego Santilli, ante Infobae, reconoció —palabras más, palabras menos— que la percepción de alivio no es generalizada. En la Casa Rosada afirman que para las próximas semanas están estudiando medidas de contención.

Para entender qué piensa el equipo económico al respecto del crédito vale la pena escuchar lo que dijo el viceministro de Economía, José Luis Daza este miércoles en un reportaje en la TV Pública, sobre la política crediticia, la cual es considerada por el Gobierno como la principal fuente de estímulo para la economía. “Para prestar dinero alguien lo tiene que ahorrar. Como consecuencia de las políticas de los últimos años, la gente no ahorra en pesos. Es entendible, entonces lo que tenemos que hacer es restaurar la confianza en la moneda y hacer los deberes y restaurar la confianza paso a paso. No podemos saltarnos pasos y va a ser un proceso lento”, marcó.

Una fuente gubernamental convalidó que, para la perspectiva presidencial, hay cuestiones más estructurales que darán alivio a largo plazo y que, primero, deben impulsarse mayores flexibilizaciones en el plano de la seguridad jurídica, como lo será el retoque de la Ley de Inocencia Fiscal, la cual no entró al Congreso todavía pero que lo hará por la Cámara de Diputados por disposición constitucional. En el oficialismo de la cámara baja ya están atentos a cuándo vaya a llegar ese texto.

Daza indicó que el Gobierno podría impulsar en el corto plazo alternativas para crédito en dólares y en pesos, vinculadas mayormente a redinamizar sectores como el de la construcción. Pero fue contundente en afirmar que no van a “tomar atajos” y que se priorizará el esquema de medidas progresivas que impulsa Milei.

“Creo que lo que nos sucede ahora es que tenemos el camino allanado en términos políticos y que depende todo de nosotros. En el plano político, cada uno de los sectores del Gobierno ya entendieron cuáles son los roles que les dieron tanto Javier como Karina. Si cada uno se mantiene en su patio, esto se va a mantener bien”, afirmó una importante fuente del Gobierno en relación a las internas y a la política.

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